CRISTOBAL Ya entrando en la cabaña la idea de agarrar todas mis cosas y largarme a la mierda me parece más que perfecta y en vez de parecer un niño malcriado, me mantengo en control subiendo a la habitación, y no han pasado ni dos minutos cuando la puerta de abajo suena estruendosa al ser cerrada de nuevo. Dejo salir el aire y me preparo para lo que más se asemeja a una batalla campal, el reclamo de Cindy. ―¿Se puede saber por qué carajos me dejaste sola en medio de la piscina? ―grita mientras sigue acercándose a mí. La ignoro y me encamino hacia el closet, buscando algo más práctico y seco para ponerme y alejarme un buen rato de ella y de todo el cabreo que traigo, porque sé que diré algo que nos va a doler mucho o escucharla me llevara a nivel insoportable de molestia, obligándo

