Marcela Unas semanas después. Hemos llegado a noviembre. Estoy en clases de yoga para facilitar el parto —una forma de estafar a embarazadas sin oficio— y en eso me había convertido. Una escritora que no fumaba como chimenea, en una esposa que no tenía sexo, en una hija que escuchaba a su madre dar consejos sobre la maternidad y en una hermana que ayudaba demasiado con su sobrina. Mi vida había cambiado a tal punto que me dejaba llevar como un maldito perro fino, eso quiere decir; que tengo un chofer que me lleva a todos los lugares a los que se me ocurre. También tengo un amable guarda espaldas que me acompaña a casi cualquier lugar (le he pedido que no entre al baño), eso porque sería incómodo para todos, él, yo y sobre todo Ellis. Mi rutina consiste en levantarme, bañarme y l

