- Tía, no te puedes imaginar el pivonazo que vive ahí – río por la cantidad de veces que me ha repetido Nat esto en lo que va de tarde – Imagino que sea hijo del dueño, porque tiene pinta de que el dinero le sale por las orejas. - ¿Y cómo te viste? – pregunto mientras las dos colocamos un poco el salón para que esté presentable antes de que vengan nuestros invitados – Se supone que tú ibas a estar en la cocina. - Porque él entró a la cocina para quejarse de una de las comidas, según él estaba muy salado. Al menos no dijo asqueroso. - Entonces… ¿Te regañó? - No. - ¿No? – niega sonriendo. - No, porque cuando preguntó que quién había hecho eso, le dije que yo y en cuanto sus ojos se pusieron en mí fue… - suspira sonoramente – Wow, amor a primera vista. - Vamos que no fue borde. - Par

