—No jodas —me siento a su lado y miro la pantalla que tiene delante. Veo una cuenta privada con un usuario llamado Sergio, la cual tiene una foto de perfil donde se ve perfectamente su hermosa cara—. Sí, es él. —Vaya bombón, tía. —Lo sé. —Vamos a mandarle un mensaje. —¡No Nat, ni se te ocurra! —alzo la mano para coger mi móvil e impedir que haga eso, pero ella es más rápida y le aparta de mi alcance— Que me muero de la vergüenza, no quiero. —Pero si es lo más normal, conoces a alguien nuevo y le agregas en i********:. Así empiezan la mayoría de las relaciones en el siglo XXI. —¡Que no! —Claro que sí —se levanta y corre lejos de mí— ¡Hay que llamar su atención! —¡Natalia, ven aquí! —la sigo todo lo rápido que me permiten esta mierda de medias que tengo por las rodillas. —¡No, no! ¡

