—¡Por favor, no me metan en la cárcel! ¡No quiero acabar meando contra la pared y dejando de ducharme por miedo a que me viole una rumana de 100kg! ¡Necesito irme a mi casa, soy inocente! ¡Jamás robaría nada, ese collar ni siquiera era mi estilo! ¡Yo soy más de plata falsa que se pone verde con el tiempo que de oro macizo! —Chiquilla, tienes una voz tan aguda que me está dando dolor de cabeza —el guardia que hay trabajando cerca de mí pone cara de fastidio mientras yo grito y vocifero sentada en una silla esperando a que me digan lo que van a hacer conmigo en esta comisaría que hay en el centro comercial— Y me parece que has visto muchas películas. —Oye chiquillo, puedo quejarme lo que me dé la gana porque soy inocente y no quiero acabar metida en la cárcel por algo que ni siquiera he he

