- Odio los imperdibles – protesto cuando noto otro pinchazo en mi dedo, no sé cuántos llevo ya, pero si fuese algo más grave seguro que ya parecería una fuente de sangre tipo peli sangrienta - ¡Ahh! - Ten cuidado – me dice Sergio a mi lado. Él no se ha pinchado en ningún momento, al final tendré que pensar que estas alfileres me odian. - ¿Cómo lo haces? ¿Por qué tú no te pinchas? - Porque los abro por el lugar correcto, mira – coge uno y me indica el lugar donde hay que abrirlas. Okay, lo he estado haciendo mal. - Entonces, ¿las etiquetas que he puesto yo no sirven? - Sí, lo único es que tienes más agujeros en el dedo que un adicto a los piercings – ríe mirando mi dedo rojo y con restos de sangre. - Oh, no te rías – pongo pucheros y me levanto para coger la siguiente y última tanda d

