Última Gota

1509 Words
A ella le salía una carcajada riendo, él la ayudaba a levantarse, salieron de la bañera, se secaron, él todavía con la polla tiesa. Le agarró la mano y la llevó hasta la cama, la sentó en el borde, le presionó un hombro para que se estirara, se arrodilló fuera de la cama, le levantó las piernas abriéndoselas, y se tiró literalmente a comerle el coño. Ella pegó un grito agarrándose al pelo de Victor, estuvo un buen rato lamiéndoselo y chupándoselo, con cuidado, sabía que lo tenía sensible después de correrse. Cuando se cansó, la ayudó a desplazarse por la cama, hasta colocar su cabeza encima de un cojín. Le abrió las piernas todo lo que le daban de si, ella le miraba con una sonrisilla, le gustaba verlo tan excitado, él se colocaba en medio, aguantándose con una mano en la cama, con la otra se agarraba la polla a punto de reventar de tan tiesa que la tenía. La apuntó en el agujero del coño, que lo había dejado totalmente mojado a lametazos, y de un golpe seco de cintura se la metió hasta el fondo, empotrándola contra la cama. Ella pegó un grito, que la debieron de oír hasta las vacas que estaban pastando en el prado, un tremendo latigazo de placer le recorrió el cuerpo, se agarró con fuerza, con una mano en la espalda de Victor, con la otra en el culo. Él se fue moviendo a buen ritmo, penetrándola profundamente, sacándole un grito de gusto cada vez que se la metía. A ella los ojos se le ponían en blanco, la cara desencajada por el placer, por la boca dejaba salir el aire en forma de gemido, grito y jadeo, una mezcla de todo. Victor notaba que ella estaba a punto de correrse de nuevo, el interior de su coño se estaba haciendo agua, se la follaba escuchando los chasquidos de la polla al penetrarla. Ella se volvió a tensar, el cuerpo le daba latigazos, con las manos le apretaba tanto la espalda y el culo que le hacía daño, él seguía follando a un ritmo loco, ya había perdido todo tipo de control. En cuanto ella dio el primer grito de orgasmo, él dejó ir el primer lechazo, ella lo sintió en su coño, gritando más, después llegó el segundo y todos los demás. A dúo, los dos, se fueron corriendo, vaciándose, sintiéndose llena, acariciándole la carita, apretándole el culo, acompañándose en los gemidos, mirándose tiernamente a los ojos en la parte final. Victor se salió de encima, ella se tapó el coño con la mano y se levantó corriendo metiéndose en el cuarto de baño. Al oír la ducha, él también entró y se metió con ella. —No podía dejarlo salir todo en la cama, la abría dejado echa una mierda. Estabas cargadito ¡Eh! Sinvergüenza. —Tú, me pones como el pico de una plancha de caliente, después pasa lo que pasa. Los dos reían dejando caer el agua en sus cabezas. … A altas horas de la madrugada, salieron de la discoteca Carly, Sabrina, Daniel y Carlos, se pararon en la acera. —Daniel y yo nos vamos, a ti ya te acompañará Carlos ¿A que sí guapo?— Dijo Carly. Agarró del brazo a Daniel y se fueron caminando, antes que Sabrina pudiera quejarse. —Si no quieres que te acompañe, puedo pagarte un taxi.— Le decía con voz de buen niño Carlos a Sabrina. —Si quisiera un taxi, me lo podría pagar yo. —Así, puedo acompañarte a tu casa. —Sí que puedes. Rieron y caminaron a buscar el coche de Carlos. Carly y Daniel ya iban de camino. —Si quieres puedes llevarme a otro sitio, donde tú quieras.— Le decía Carly con una voz picarona. —Sé donde quieres ir, pero no te voy a llevar, ya he visto como me has estado provocando toda la noche… —Y tú no has desaprovechado la ocasión, me he dado cuenta como me mirabas las braguitas. —Porque tú eres una cabrona, sabes cuál es la faldita que me gusta, en cada ocasión que has tenido has abierto las piernas, para que viera que llevabas puesto el tanga ese medio transparente que tanto me gusta y me pone. Pero no, no vamos a ir a follar. —Así, me dejarás en mi casa. —Sí, y si puede ser cuando llegues te pones el cinturón de castidad. —No me hace falta, no pienso ir a ningún sitio si no es contigo. —Puedes hacer lo que quieras, eres una mujer libre. —Vale ya Daniel.— Acababa con la conversación Carly molesta. El resto del camino no se dijeron nada, hasta que Daniel paró el coche delante del portal donde vivía Carly. —Esta noche prefieres hacerte una paja, pues muy bien.— Le decía Carly. —Haré lo que quiera Carly, no lo que tú me… Daniel se calló de golpe, al ver que Carly se metía las manos por dentro de la mini falda y se bajaba el tanga, hizo una pelota con él agarrándolo con una mano. —Toma, si te vas a hacer una paja, háztela bien hecha. Le dijo Carly metiéndole el tanga en uno de los bolsillos del pantalón. —¿Pero qué coño…?— Intentaba quejarse Daniel. —Mañana te llamaré, atiéndeme el teléfono por favor, no me hagas ir a buscarte a tú casa. Carly salió del coche dejándolo con la palabra en la boca, abrió la puerta del edificio y se giró, le sonrió y le guiñó un ojo antes de cerrar. Menuda cabrona está hecha, pensó Daniel mientras ponía el coche en marcha. Sabrina iba en el asiento del acompañante, Carlos conducía el último modelo del Volkswagen golf, el típico coche de un niño pijo, pensaba Sabrina. —Hoy vas a entrar en los bajos fondos, espero que no te traumatices.— Se cachondeaba Sabrina. —Sabrina, tengo amigos de todo tipo, te aseguro que he estado en la casa de alguno que será peor que la tuya, a mí eso de las clases sociales me la suda. Mira, tú estás trabajando, estoy seguro que tienes más dinero que yo… —¡Venga ya hombre! ¿Pero tú te estás escuchando? Con este coche y la casa donde vives. —Este coche es de la empresa de mi padre, la casa también es de él, yo no tengo nada. —Tú no tendrás nada, pero la ropa que llevas puesta y el reloj, no la podría pagar yo en meses trabajando. —En eso tienes razón, pudo disfrutar de todo lo que quiera. —Así tampoco me importaría vivir a mí. —Chica lista, estás en todo. Los dos reían, Sabrina pensaba, desde luego es un buen tío, es humilde, aunque sea un pijo de cojones, es dulce y cariñoso, aunque yo no le deje serlo demasiado, tiene humor y me hace reír. —Puedes parar aquí, es esa calle, es muy estrecha y por el otro lado no tiene muy buena salida, mejor sigue por aquí recto cuando te vayas. —Sabrina ¿Puedo ir a verte al bar mañana? Me gustaría volver a salir contigo, hablar, bailar, lo que tú quieras. Sabrina pensaba mirándole a los ojos, se acordó de la conversación con Mercedes, apretó los labios y le dijo que si con la cabeza. —Gracias, estoy contento de que aceptes. —No me des las gracias por esto. Carlos la miraba, con cariño, con cara de buen niño. Ella acercó su cabeza y le dio dos besos, uno en cada mejilla. —Hasta mañana.— Se despidió ella mientras abría la puerta del coche. —Hasta mañana.— Contestaba él con una sonrisa de oreja a oreja por los besos de Sabrina. Carlos se fue más alegre que unas pascuas, por fin parecía que Sabrina le daba algo de bola. Daniel llegó a su casa, entró en su habitación y cerró con el pestillo por dentro, se tiró encima de la cama boca arriba, se frotaba la frente pensando en Carly, sabía que estaba haciendo con él lo que quería, que la acabaría perdonando. La cabrona lo conocía demasiado, sabía cómo provocarlo, esa noche le enseñó las bragas las veces que quiso, ese tanga semi transparente de color clarito. Sin pensarlo se había desabrochado el pantalón, tenía agarrada su polla gorda y dura, la meneaba lentamente. Metió dos dedos dentro del bolsillo sacando el tanga, se lo puso en la nariz, ese olor, Dios mío, ese olor que tan bien conocía, el olor del coño de Carly, el coño que tanto le gustaba comerse, mientras ella se deshacía de gusto perdiendo los papeles, ese coño al que le metía la lengua en el agujero, del que lo saboreaba todo. No le dio tiempo a pensar en nada más, Daniel se empezó a correr, veía como el semen salía disparado en vertical pasando por delante de su vista, jadeó hasta que se sacó la última gota.
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