Probando Camas

1615 Words
Se fueron los cuatro a una discoteca, pidieron unas copas que se tomaban de pie en una barra. Hablaban de cosas intrascendentes, hasta Daniel se había animado y hablaba bastante con Carlos. —Venga Sabrina, vamos a bailar esta canción.— Le animaba su amiga. Las chicas se fueron a la pista, ellos se quedaron en la barra. —Es muy maja Carly.— Decía Carlos. —No hace falta que te explique lo que me ha hecho, ya lo sabes todo, me lo dijo ella. —Daniel, no fue culpa suya, Santiago es un hijo de puta, un cabrón que sabe engatusar a las chicas… —No la defiendas, si ella me hubiera querido de verdad, nunca se lo habría follado, nunca. —Ha cometido un error Daniel, un error, ella te quiere, te lo aseguro… —Me dijo que tienes una casa muy grande.— Le cortó Daniel cambiando de conversación. —Yo no tengo nada, todo es de mi padre, no te negaré que vivo bien, no me hace falta nada y si necesito algo lo tengo, es cierto. —Y que Santiago es vecino tuyo. —Bueno, vecino, vecino, no, vive a seis casas de la de mi padre, a un kilometro casi. —Perdona Carlos ¿Seis casas ocupan casi un kilometro de distancia? —Digamos que son casas con un terreno… amplio. Daniel bebía, pensando en el lugar donde debía vivir aquel tío. —Mira Carlos, Sabrina es una buena amiga, espero que tengas buenas intenciones con ella, lo mío con Carly no tengo más cojones que tragármelo, pero si a ella le haces daño… —Para, para, estoy enamorado de ella hasta las trancas, no sé si nos irá bien o no, no puedo saberlo, pero te aseguro que jamás le haré daño premeditadamente. Se miraban a los ojos, Daniel pensó que era un buen chico, desde luego no se parecía en nada a lo que le había contado Carly de Santiago. —¿Y tú con Carly? ¿Cómo lo ves?— Preguntaba Carlos, interesado en ayudarla a ella. Daniel miraba como bailaba Carly, se le humedecían los ojos, bebía del cubata y seguía mirando. Claro que estaba muy enfadado con ella, hasta llegó a pensar en no verla nunca más, pero cuando ella insistió tanto, el interés que le ponía, si hasta se presentó por sorpresa con Carlos para estar con él, volver a verla, tan guapa, tan interesada por él. Sabía que tarde o temprano, tendría que perdonarla, era el amor de su vida, aunque le hiciera la putada que le hizo, eso no borraba lo que sentía por ella. Carlos lo miraba, sabía más o menos lo que debía estar pensando, le tocó un brazo en señal de apoyo. Las chicas seguían bailando, Carly se acercaba al oído de Sabrina para hablarle. —Y tú con Carlos ¿Qué? —Igual que siempre, bien. —Va ¿No me dirás que no te ha gustado verle esta noche? Se te nota nena. —Es un tío agradable, no te digo que no. —¡Ya está bien Sabrina! Te lo vas a follar de una vez o no. —Que no coño… y déjame tranquila con eso. —No hay quien te entienda tía, te follaste al zoquete drogata aquel, a algún otro tío que te gustó saliendo de fiesta, solo porque te picaba el chichi, seguro que ahora te debe picar, con el tiempo que hace que no te comes nada tía. —Es diferente, esos tíos no me importaban una mierda… —¡Claaaro! Ahora lo entiendo, Carlos te preocupa demasiado, estás enamorada como una perra de él. —¿Cómo una perra? Hablando así, no me extraña que te digan que eres una choni tía. Las dos reían, se acercaron Daniel y Carlos. —¿Qué tal chicas? Parece que tenéis ganas de bailar.— Les decía Carlos. Carly se enganchó al cuello de Daniel, empezaron a bailar un tipo de lambada, aunque la música no tenía nada que ver. Sabrina le puso las manos encima de los hombros a Carlos, este se las colocó en la cintura, se movían siguiendo el ritmo de la música, a una distancia prudente, eso sí. Esa tarde, Victor conducía el coche de su amiga, era mucho mejor que el suyo, el coche quiero decir. Iban por una carretera de montaña muy estrecha y curvas cerradas. —Desde luego, no sé donde encontraste este hotel, esto está en el fin del mundo coño.— Se quejaba Victor. —Es un hotelito muy mono, y muy discreto… —Sí, discreto seguro que lo es, hasta aquí no llega ni Dios.— Reían los dos. —Te gustará, tiene habitaciones muy espaciosas y un jacuzzi muy grande en el baño. —¡Coño! Pues habrá valido la pena llegar hasta aquí al final. —Ya te digo yo que sí, podremos pasear, comer bien, descansar. —Si las habitaciones son tan espaciosas como dices, prepárate, te voy a empotrar contra todo lo que pueda. —Que fogoso que viene mi niño por Dios. Victor prestó atención a un par de curvas muy cerradas. —Me tienes que contar mejor como fue la conversación con tu hija. —¿Con mi hija? Bien, como siempre. —¿Bien? Si estabas acojonado de decírselo, en el momento de proponértelo no querías venir, te tuve que decir que ya había hecho la reserva para convencerte. —La verdad es que se cachondeó un poco, un poco bastante, me trató como a un crio, que le pedía permiso me dijo, y si fuera poco hasta me aconsejó que trajera condones, para no darle una sorpresa en unos meses me dijo. Qué carácter tiene la nena. Ella se moría de risa. Poco a poco, el camino fue llaneando, hasta llegar a la entrada del hotel. Hicieron los trámites de entrada y subieron a la habitación, ella la abrió, él entró detrás con las maletas, se pararon los dos en medio, mirando el ventanal con vistas a un prado verde, Victor dejó las maletas en el suelo. —¡Oye! Pues sí que es grande la habitación sí.— Comentaba ella. —Ya lo creo, tenemos espacio para todo. —¿Para todo? —Sí, sí, para todo, para todo.— Volvían a reír. Entraron al cuarto de baño. —También es muy grande.— Decía Victor. —Y tiene una ducha muy espaciosa.— Decía ella. Victor la miraba con una sonrisilla malévola, ella reía de nuevo. Los dos se quedaron mirando la bañera, redonda, muy grande, con las toallas en el borde bien dobladas con un lazo encima, llena de agua y pétalos de rosas flotando. —¿Y esto?— Se sorprendía ella. —Pues ya ves, una bañera jacuzzi, y grande, muy grande…— Le contestaba Victor mientras se quitaba la ropa. Ella le miró, se rió a carcajadas y empezó a quitarse la ropa también. Se metieron los dos en pelota picada, ella se estiró, le salía solo la cabeza del agua, Victor se colocó a su lado de costado, le apoyó una mano en la rodilla, que rápidamente fue subiendo entre los muslos, ella abrió las piernas flexionando las rodillas. La mano de Victor se apoyó totalmente en su coño, lo frotaba como si se lo estuviera limpiando, ella tiraba la cabeza hacia atrás cerrando los ojos, ya le había empezado el gustirrinín. Victor con el dedo corazón, le daba vueltas al agujerito, ella le miró a los ojos, se besaron, un beso tranquilo, profundo, entregándose las lenguas. Ella sacó una mano del agua para acariciarle la cara a Victor, él con el dedo insistía en la entrada de la v****a, poco a poco, cuando lo vio posible, le fue metiendo el dedo en el coño. Ella gimió agarrándole el pescuezo, para apoyar su cabeza en su pecho, él fue jugando con el dedo, metiéndolo, sacándolo, dando vueltas dentro, a la vez que con la palma de la mano le frotaba los labios y el clítoris. —Como me estás poniendo cabroncete.— Susurraba ella jadeando. Con la otra mano, le agarró la polla, se la apretó y pajeó un momento, después le agarró los huevos amasándolos. Él seguía jugando con el dedo dentro del coño, ya lo tenía mojado por dentro, por el dedo de Victor, y por fuera, por el agua de la bañera. —Te voy a follar, aquí y ahora. Le dijo ella en tono de amenaza, se giró y se subió encima de él a horcajadas, se dirigió la punta de la polla a la entrada de su coño, movió un poco las caderas, para que le entrara la puntita dentro, y se dejó caer empalándose hasta el fondo. Los dos suspiraron de gusto, él le agarró el culo, ayudándola a subir y bajar, metiéndose y sacándose su polla del coño, a los dos le iba cambiando la cara del placer. Victor aprovechaba, que ella le había dejado las tetas delante, para comérselas, chuparle y succionarle con delicadeza el pezón, ella levantaba la cabeza mirando al techo, gimiendo, moviéndose encima de él, se tensaba, se agarraba apretándole los hombros, le dio cuatro o cinco culazos a la polla y se corrió. Se relajó con un tremendo suspiro, dejándose caer encima de él, que le pasaba los brazos por la espalda abrazándola. Le dio un par de besos en el pecho y le miró a los ojos. —No ha estado mal, pero prefiero la cama.— Opinaba ella. —Ha sido una experiencia nueva, pero esto esta duro, y con tanta agua, no sé, yo también prefiero la cama, vamos a probarla.
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