Por la mañana se despertó Sabrina, miró el móvil, a las seis y media de la mañana tenía un mensaje de Carly.
—Con Daniel estamos mejor que nunca, hemos vuelto.— Lo acompañaba con varios emoticonos de fiesta y fuegos artificiales. Carly alucinaba, la llamó.
—¿Como que habéis vuelto? Quieres decir, vuelto, vuelto.
—Sí.— Gritaba Carly feliz.— Volvemos a estar juntos, es mi novio otra vez, estoy tan contenta Sabrina, tenemos que celebrarlo.
—Calma, calma, estamos con exámenes finales…
—Por eso tía, solo tenemos que ir a la universidad a hacer los exámenes, podemos estudiar todo el día y salir una noche, los cuatro claro.
—Bueno, ya hablaremos.— Se despedía Sabrina.
Sabrina se fue a desayunar, sonó el teléfono, era Carlos.
—Hola.— Contestó Sabrina.
—Buenos días, estaba pensando que podríamos ir a la biblioteca de la universidad a estudiar.
—¿Eso pensabas? ¿Por qué?
—Por estar juntos, para vernos, por eso.
—Que pereza ¿No?— Le decía Sabrina.
—Si quieres te paso a buscar con el coche, así no tienes que ir en autobús.
—No, no, mejor que no.
—Pues voy a tu casa y estudiamos juntos.
—Carlos, estás pesadito hoy ¡Eh!
—Vale, vale, perdona, no quería molestarte, nos quedamos en casa estudiando, de acuerdo.
Sabrina le notó en la voz que lo había desilusionado.
—Si quieres esta tarde podemos tomarnos una cervecita.
—Vale ¿A qué hora?
—No sé, nos llamamos.
—Claro, claro, hasta luego.
Sabrina colgó y sonrió, había que ver como estaba Carlos de atento, quería estar con ella a todas horas, eso le gustaba. También le gustó la voz de ilusión de Carlos cuando le ofreció ir a tomar algo.
Carly desayunó con su madre, le informó que con Daniel lo habían arreglado, que todo seguía como siempre, o mejor.
Sabrina, Carly y Carlos, se veían cuando tenían un examen, después, aprovechaban para tomar algo juntos y hablar un rato. Aquel día al acabar el examen, antes de salir del aula, el profesor llamó a Sabrina.
—Hola señor ¿Es por algo de los exámenes?— Preguntaba Sabrina con inocencia.
—No, no, los exámenes los vas a aprobar sin problemas, estoy seguro, eres una buena estudiante. Te quería hablar de tú último proyecto…
—¿Está mal?— Se precipitaba Sabrina preguntando.
—¿Mal? ¿Qué si está mal preguntas? Sabrina, es lo mejor que he visto, es un proyecto increíble, alucinante, precioso. Tienes un don para la arquitectura, solo hace muchos años, hubo un alumno parecido a ti, tenía esa calidad de ideas, esa precisión en los cálculos, ese gusto por las formas. En fin, no quiero hacerte perder más el tiempo. Solo quería felicitarte y decirte que cuando acabes el máster el año que viene, te ayudaré, si así lo deseas, a trabajar en los mejores estudios de arquitectura.
Sabrina le agradeció al profesor sus palabras y su ofrecimiento para ayudarla. Luego se lo explicó a Carly y Carlos.
—¿Pero qué proyecto hiciste?— Preguntaba curioso Carlos.
—Una biblioteca, algo normal.
—¡Joder! Pues al profesor no le ha parecido tan ‘normal’— Reaccionaba Carlos.
—A ti te podría ayudar tu padre, que de esto sabe un rato.— Le decía Carly a Carlos.
—Ya lo hace, nos da algunos consejos e ideas, pero es que no tiene mucho tiempo. La verdad es que prefiero hacerlo yo mismo, quiero saber si soy bueno o no en esto, Mercedes sí que le insiste más.
—A nosotras nos ayudan nuestros padres, llevan toda la vida en la obra, mi padre es jefe de obras, y el suyo no lo es porque no quiere.— Aclaraba Carly.
—El mío prefiere construir las paredes rectas, como si tirara una línea con una regla ¡Que hombre por Dios!
Los tres reían. Se tomaron algo y luego cada uno a su casa, a seguir estudiando, los exámenes se sucedían y no podían perder el tiempo.
Carly se seguía viendo con Daniel cada día, prefería estar con él y sacrificar alguna buena nota en los exámenes. Sabrina y Carlos, se veían lo justo, como mucho quedaban un rato por la tarde, se despedían saboreándose los labios y se mataban a pajas por la noche.
Victor no podía estar más orgulloso de su hija, otro excelente en el último proyecto, y por lo que le decía Sabrina, los exámenes le iban de muerte. El siguiente año haría el máster y podría presumir de tener una hija arquitecta.
Acabó la época de exámenes, había pasado un mes entre una cosa y la otra, los tres estudiarían el máster el siguiente curso. A Carlos su padre le ofreció ir a hacerlo en el extranjero, o en la universidad que él quisiera, lo rechazó por Sabrina, por estar cerca de ella, aunque nunca le dijo nada a Sabrina.
Sabrina se despertó ese día libre de estudiar, de ir a la facultad, de todo, estaba de vacaciones. Se des esperezaba en la cama estirándose, pensaba que iba a hacer ese día. Una llamada le hizo girar la cabeza mirando el móvil, era Carly.
—Nos vamos a la piscina.— Confirmaba Carly directamente.
—Buenos días primero ¿No? O es que ya has perdido la buena educación.
—Yo la educación hace tiempo que la perdí Sabrina, va, vamos a la piscina, tenemos que empezar a coger colorcito, a ponernos morenas para nuestros novios.
—¡Eh eh! Aquí, la única que tiene novio eres tú.— Le rectificaba Sabrina.
—¡No me jodas tía! ¿Aun no habéis follado?— Se sorprendía Carly.
Sabrina intentaba disimular, realmente era muy rara la relación que tenía con Carlos, estaba deseando follárselo, y él de follársela a ella, pero ninguno de los dos daba el paso.
—Bueno Carly, entre el proyecto, los exámenes… No sé.
—Pero qué coño tiene que ver los estudios con el folleteo, desde luego Sabrina estás perdiendo facultades, ya te lo digo yo. Venga, espabila, ponte el bikini que te espero en la entrada de la piscina.
—Vale, de acuerdo.— Le decía Sabrina con cierta pereza.
—Si quieres, puedes invitar a Carlos, seguro que a él le hace ilusión y a mí no me importa.
—Creo que mejor que no…—Sabrina pensó un momento ¿Por qué no? seguro que a él le encantaría.— Sí, buena idea, ahora le llamo.
Por supuesto Carlos aceptó, por estar con Sabrina hacía lo que hiciera falta. Sabrina salió de su casa con una camiseta divertida, unos pantaloncitos muy cortos y las chancletas, se paró en la esquina, miró la hora, mentalmente empezó una cuenta atrás, cinco, cuatro, tres, dos, uno… Ahora, en ese momento giró la esquina el coche de Carlos, que previsible es este niño, pensó riéndose Sabrina. Solo verla, a Carlos ya se le levantaron las cejas, que buena estaba Sabrina vestida así, pensaba para él. Se encontraron con Carly en la entrada de la piscina, pagaron la entrada, colocaron tres hamacas juntas. Carlos se quitó la camiseta y el pantalón corto, fue el primero en tumbarse, con sus gafas de sol puestas miraba a las chicas, bueno, a quien miraba realmente era a Sabrina, ella hablaba con Carly, mientras se quitaba la camiseta, a Carlos se le volvieron a levantar las cejas cuando le vio las tetas, tapadas por un bikini que le cubrían lo justo, pero que par de tetas tiene Sabrina por Dios, volvía a pensar Carlos. Cuando se quitó el pantaloncito, y la vio entera en bikini, la cara de bobo que se le quedó, le recordó a Sabrina el día que lo llevaron al bar sus amigos. Sabrina se estiró en la hamaca a su lado.
—¿Qué te pasa Carlos?— Se cachondeaba Sabrina. Él sin decir nada le iba mirando todo el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies.
—Mira Sabrina, eres la mujer más guapa y con el mejor cuerpo que he conocido en mi puta vida.— Sabrina lo miraba extrañada ¿Como se ha atrevido a decirme algo así? Si nunca lo ha hecho, pensaba Sabrina.
—¡Carlos! ¿Qué es eso de ‘puta vida’? No te había oído hablar así nunca.
—¡Hostia Sabrina! ¿De verdad es con lo que te has quedado de todo lo que te he dicho?
Sabrina se ruborizaba, se giró mirando a Carly.
—¿Nos ponemos crema Carly? El sol aprieta y nos vamos a quemar.
—Yo ya me la he puesto, tú como te distraes con tu…
—¡Carly controla!
—Con tu lo que sea, no te has dado cuenta.
Sabrina se fue poniendo crema, por todo el cuerpo, cuando se la puso por alrededor de las tetas y por la entrepierna, Carlos, que no se había perdido detalle de cómo se sobaba Sabrina por todo el cuerpo, se levantó de golpe, caminó hasta el borde de la piscina y se tiró de cabeza. Cuando sacó la cabeza del agua, Sabrina le estaba haciendo una señal, prestó atención.
—En esta piscina, tienes que ducharte antes de meterte.— Le decía Sabrina, Carlos levantaba las cejas volviendo a hundirse en el agua.
—Desde luego nena, que poca sensibilidad tienes con él.— Le criticaba Carly.
—¿Qué dices? ¿A qué te refieres?