Buenas Ideas

1456 Words
Sabrina no dejó de llamarla, conocía a Carly de toda la vida, todavía no se podía creer que se fuera de la universidad sin decirle nada. Tenía que intentar hablar con ella para saber cómo estaba, si le pasaba algo, se estaba comportando de forma muy extraña. Y mientras Sabrina se preocupaba por su amiga, aquella misma tarde, acumulando las llamadas perdidas en el móvil. Carly estaba en otra situación, bebía champán estirada en una cama totalmente desnuda, al lado de un chico también desnudo, que no le quitaba el ojo de encima, la miraba de los pies a la cabeza. —¿Es qué nunca has visto a una chica desnuda?— Le preguntaba Carly, viendo a la observación minuciosa que era sometida. —Claro que he visto a chicas desnudas, pero pocas como tú, que cuerpazo tienes, y estás aquí, desnuda en mí cama, pareces la maja desnuda, estás guapísima.— Contestaba Santiago. A la vez que hablaba, le acariciaba el cuerpo, le pasaba la mano suavemente por las tetas, el abdomen y los muslos. Con la yema de un dedo le recorría la rajita del coño. Carly dejó la copa en la mesita de noche, le agarró el dedito que le estaba pasando por el chichi, abrió las piernas y sujetando el dedo de Santiago, se lo fue pasando entre los labios vaginales. —Así, tienes que ir haciéndolo así. Le decía Carly, mientras se acariciaba con su dedo el chichi, cerró los ojos, en señal que le estaba dando gustirrinín. Santiago, dejaba que ella dirigiera su dedo, sin perderle de vista la carita de gusto. A Carly, se le mojaba el coño por momentos, se estaba haciendo una paja con el dedo de Santiago, sabía perfectamente por donde y cuando tenía que tocarse. Presionó más en algunas zonas, se lo metió en el agujerito un poco, sacándolo mojado, volviendo a frotarse los labios y el clítoris. De su boca salían pequeños gemidos que estaban poniendo a Santiago caliente como una estufa. De repente, empezó a frotarse con más fuerza, se le aceleró la respiración y se corrió. Abrió los ojos mirando a Santiago con una sonrisa. —Ves, así es como me gusta que me toques.— Santiago le besó los labios. —Carly, eres una reina.— Ella le miraba orgullosa, estaba contenta de impresionar así a un hombre. Le miró la polla, la tenía a punto de explotar, ver como Carly se masturbaba con su dedo se la había puesto como una piedra. Ella se la agarró, la fue pajeando suavemente, él se recostó mirando como la mano de Carly le subía y bajaba la piel. Ella le agarró y amasó con cuidado los huevos, los músculos de la polla le dieron varios espasmos, levantándola y bajándola. Carly sonrió, de ver lo caliente que lo tenía y de pensar lo bien que se lo iba a hacer pasar. Se metió la punta de la polla en la boca, fue dejando resbalar sus labios, hasta llegar a la mitad más o menos, de repente, le pegó una succionada arrastrando sus labios de nuevo a la punta. A Santiago se le escapó un grito de gusto, a Carly una sonrisilla de verlo así. Volvió a bajar sus labios alrededor de la polla, esta vez casi se la traga entera, Santiago jadeaba de la excitación al verlo, ella se la succionó unas cuantas veces seguidas, él pegó varios gritos agarrándose a las sabanas, Carly notaba la punta casi en su garganta, muy despacio, succionó de nuevo subiendo los labios otra vez a la punta. Santiago se movía dando señales que estaba a punto de correrse. Con el objetivo de acabar lo que había empezado, Carly volvió a repetir la operación, metiéndose la polla entera en la boca, esta vez sí que la notaba claramente en su garganta. Chupó y succionó varias veces, los gritos de Santiago eran exagerados, de golpe, un lechazo le entró en la garganta, ella se lo tragó, al tragarlo succionó, otro lechazo, volvió a tragar como pudo, se fueron sucediendo las eyaculaciones, parecía que Santiago tenía leche de sobras guardada, a Carly no le daba tiempo a tragársela toda, saliendo entre sus labios y la polla bastante semen que resbalaba entre sus mano y el cipote. A Santiago se le salían los ojos viendo aquello, muy pocas chicas le habían hecho algo así, tan bien hecho y tan excitante. Carly le miró, tragó el semen que le quedaba en la boca, se la limpió con la sabana, agarró de nuevo la copa y le dio un buen trago al champán. Los dos sonreían. Sabrina volvía a insistir llamando a Carly, justo antes de sentarse a cenar con su padre. —¿A quién llamas a estas horas?— Le preguntaba Victor. —A Carly, lleva toda la tarde sin contestarme. Victor se sentó pensando, Carly también mirando el teléfono. —A lo mejor, es que no quiere contestarte. Eso hizo que Sabrina levantara la cabeza mirando a su padre, que fácil fue entender lo evidente, si no le había contestado ya, estaba claro que a Carly no le interesaba hablar con ella y eso era una mala noticia, porque sabía que su amiga se estaba complicando la vida. —Me tienes que explicar como os ha ido la presentación del proyecto esta mañana. Victor sacó a Sabrina de sus pensamientos con Carly, le sonrió y se lo explicó todo. Que la presentación fue un éxito, que Mercedes había estado fantástica, que seguro que sacaba otro diez, y para finalizar las palabras que le dijo el profesor. —¿Cómo se llama ese profesor?— Preguntó curioso Victor. —Cobos, Emilio Cobos ¿Para qué quieres saberlo? —Chica, a un profesor que habla también de mi hija, lo mínimo que puedo hacer es enviarle un jamón por navidad.— Los dos se partían de risa. Acabaron de cenar, Carly volvió a mirar el móvil. —Sabrina cariño, sino te ha devuelto ya la llamada, no lo va a hacer. Igualmente mañana os veréis en la facultad ¿No? Sabrina miraba atentamente a su padre, sabía que tenía razón, confirmó con la cabeza lo que le había dicho, pensó que al día siguiente tendría que hablar seriamente con Carly. Cuando llegó a la facultad, en la entrada como cada día estaban las amigas, todas menos Carly, preguntó por ella, nadie sabía nada, eso la preocupó. Sentada en la clase, seguía mirando la puerta de entrada, de un momento a otro tendrá que entrar, pensaba Sabrina. Fue a última hora cuando lo hizo, acompañada de Santiago y varios de sus amigos, ni le dirigió la mirada, como si no la conociera, se sentó en la otra punta del aula, hablaba y reía con Santiago. Sabrina se puso roja de rabia, estaba a punto de levantarse para ir a decirle cuatro cosas, la amiga que tenía sentada al lado la sujetó. —Escúchame Sabrina, si Carly quisiera algo de nosotras ¿No crees que estaría aquí sentada? O habría venido hasta aquí para saludarnos y decirnos que se iba a sentar allí, si no lo ha hecho será por algo. Sabrina pensó que seguramente tenía razón, ella había hecho todo lo posible por hablar con Carly, ya era mayorcita para saber lo que hacía. La miraba, no podía evitarlo, la veía tonteando con Santiago, se acordaba de las palabras de Mercedes, Santiago no es bueno, la volvía a mirar, entonces pensaba en Daniel, que putada le estaba haciendo, porque viéndola así con Santiago, era seguro que se lo había vuelto a follar. En los descansos, Carly desaparecía con sus nuevos ‘amigos’, volvía justo cuando empezaban las clases o ya empezadas. No le dio la más mínima oportunidad para hablar con ella, Sabrina tuvo la sensación de que había perdido a su mejor amiga. Carly folló y bebió champán con Santiago tres días seguidos, lunes, martes y miércoles. Sabrina se refugiaba en su casa, pensando en el último proyecto que tendría que presentar en el tercer trimestre. El jueves, Victor, que había visto a su hija preocupada toda la semana por Carly, la convenció para ir al bar de Mariah y cenar algo los dos juntos. Se sentaron en una mesa, le pidieron a Mariah algunas cosas para picar y un par de cervezas. —¿Has pensado en el nuevo proyecto?— Preguntaba Victor, intentado que su hija pensara en otra cosa, viendo que Sabrina estaba muy distraída. —Sí, le estoy dando vueltas, la verdad es que no lo tengo claro, hay tantas cosas para poder hacer, no sé qué haré. —Me permites una sugerencia.— Decía solemnemente su padre, Sabrina sonrió. —Claro, siempre has tenido buenas ideas.
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