Pensamientos Dispersos

1323 Words
Le abrió la puerta una mujer, llevaba puesta una camiseta que le llegaba un poco más arriba de medio muslo, le caía un poco por uno de los brazos dejándole ver el canalillo de las tetas. Sujetaba la puerta con una mano y lo miraba desde abajo hasta arriba, como si le tuviera que dar el visto bueno por la ropa que llevaba puesta. Victor le sonreía y ella se mordía el labio. —¡Vaya! Un viernes por la noche más que te presentas en mi casa. Y oliendo muy bien por cierto. —Es un perfume que me regaló una amiga. Estaba pensando si te apetecería.— Contestaba Victor, mientras sacaba de la bolsa la botella de vino enseñándosela. —¿Si me apetecería qué? Preguntó ella, a la vez que le agarraba la chaqueta atrayéndolo dentro de la vivienda. Le rodeó el cuello con sus brazos, él dejó la botella de vino encima de un mueble y le agarró el culo, se miraron a los ojos, se sonrieron y se engancharon los labios con pasión. Victor la fue dirigiendo, entrando en el salón comedor, la apoyó contra una pared, se arrodilló, le metió las manos por debajo de la camiseta y de un tirón le arrancó las bragas. Ella le puso la mano en la cabeza acariciándosela, a la vez que Victor la metía entre sus muslos buscándole el coño. Se lo comió con ganas, con hambre, ella jadeaba y gemía mirando el techo, el cuerpo se le retorcía del gusto, como le gustaba que aquel hombre le comiera el coño, que bien la conocía y sabía donde darle placer. Le estaba subiendo un orgasmo, cuando Victor dejó de chupar y lamer, metió sus piernas en medio de las de ella, la mujer levantó una para facilitarle la maniobra, sintió como con buena puntería él le colocaba la punta de la polla en la entrada de la v****a, de un empujón duro y seco la penetró hasta el fondo. Ella, que el orgasmo ya lo tenía apunto, al notarlo, grito de gusto y se corrió después de unas pocas embestidas de su amante. Victor se quitó la chaqueta y la ropa, desnudo la agarró de la mano y entraron los dos en la habitación, al lado de la cama estiró de la camiseta de la chica quitándosela por la cabeza. Se volvieron a mirar con cariño y una sonrisa, se besaron lentamente entregándose las lenguas, se dejaron caer en la cama, ella le agarró la polla pajeándosela, comprobando que seguía erguida y dura, él se iba colocando en medio de sus piernas mientras la chica las abría para recibirlo. Ella misma se dirigió el sexo de su amante entre sus piernas, dejándolo en la entrada de su v****a mojada. Esta vez la penetración fue lenta y profunda, los besos se sucedían, ella le acariciaba la espalda y el culo, le gustaba agarrarle el culo mientras él lo movía follándosela. Él, suavemente le pasaba la mano por el lado de una teta, después le pellizcaba suavemente el pezón, como la ponía aquello, era el primer hombre que conseguía ponerle los pezones de aquella manera, tan duros y salidos que parecía que le iban a explotar. Ese balanceo de la cintura de Victor, entrando y saliendo de su interior más íntimo, sintiendo su sexo totalmente empapado, el cuerpo se le retorcía, la cara se le desencajaba, los ojos parecía que se daban la vuelta dentro de las cuencas, una de sus manos le apretaba el culo a Victor, indicándole que la corrida estaba a punto de caer. Abrió la boca y se corrió de forma espectacular, la chica solo podía gritar, sentir y gozar de un orgasmo antológico. Tres golpecitos en el culo de Victor y los jadeos de la amante, recuperándose de semejante corrida, le indicaron a él que ya podía parar de moverse, lentamente le fue sacando la polla del coño. Ella abrió los ojos, buscó con la mirada los de Victor, este le sonreía, se besaron cálidamente los labios. —Has estado genial ¿Te ha pasado algo para motivarte?— Preguntaba ella. —Tú y tu cuerpo precioso me motiva.— Le respondía Victor sacándole un sonrisilla de satifacción a la chica. —Levantate guapo, que te vas a enterar. Victor se levantó de la cama, mirándola fijamente intuía lo que le iba a hacer, la conocía y sabía que cuando acababa satisfecha le devolvía todo el placer recibido. Se arrodilló delante de él mirándole a los ojos, Victor separó las piernas, ella con una mano le agarró los huevos apretándolos suavemente, con la otra lo pajeaba a la vez que con la boca le succionaba la polla. Él intentaba sujetarse a algo buscándolo con las manos, las piernas le empezaban a temblar, ella sonreía de verlo. Aceleró la paja, aumentó la presión de los labios y apretó un poco más los huevos, Victor gritó de gusto, ella separó la boca de la polla y volvió a mirale a los ojos, sin dejar de pajearlo a buen ritmo. —Venga va ¿A qué esperas? Tengo ganas de sentirlo en mi cara. Esas palabras, ver la carita de su compañera s****l, con la boquita abierta esperando que se le corriera encima, volvieron loco a Victor, lanzó un primer lechazo que le dio a ella en plena cara, el segundo en la nariz, el tercero le entró en la boca, al cerrarla para tragarlo, otro en medio de los labios. Se metió la polla en la boca y succionó hasta dejar a Victor seco, seco y temblándole las piernas, sin poder dejar de gemir y gritar de gusto. Se dejó caer en la cama medio muerto. —Como sabes volverme loco cabrita.— Dijo sin casi salirle las palabras de la boca. Ella sonreía sin atreverse a decirle nada, le caía la leche por las mejillas, mientras caminaba metiéndose en el cuarto de baño. Cuando salió se estiró al lado de Victor, este le pasó un brazo por la espalda, ella le apoyó su cabeza en el pecho. —¿Cómo está Sabrina? —Bien… supongo.— Contestaba triste Victor. —¿Sigue igual? —Sí, sigue igual, igual que la semana pasada, y que la anterior, y que la anterior de la anterior… —Vale, de acuerdo, lo pillo. —Lo siento, no quería hablarte así. —Sé que te preocupas por ella, es lo normal. Va ¿Nos vestimos y nos tomamos esa botella de vino que has traído? —Claro que sí. A eso venía yo, pero tú me has provocado y así hemos acabado. —No, si ahora será culpa mía… Victor no le dejó acabar la frase, le besó los labios y ella le respondió abrazándolo. Se bebieron la botella de vino sin prisas, con una buena conversación, disfrutando de la compañía uno del otro. De madrugada, él volvió a su casa, ella se acostó sola una noche más, se moría de ganas de dormir con él, con el hombre de quien estaba perdidamente enamorada, pero, sabía que para él había otra mujer delante de ella, Sabrina. Una tarde y una noche más sin poder hablar con su hija de cosas cotidianas, de cómo le iba en la universidad, o él, poderle explicar cosas de su trabajo. Demasiado tiempo duraba aquello. La oiría llegar muy tarde, porque después del trabajo en el bar se iba a tomar alguna copa con sus amigos, es normal, es joven y tiene ganas de pasárselo bien, pensaba Victor. Al día siguiente, Sabrina, escogería algo de la cocina para desayunar y volvería a desaparecer, antes de que él pudiera abrir la boca para hablar, el fin de semana era para su trabajo y sus amigos. Y si tenía exámenes la semana siguiente, tampoco le veía el pelo, porque se encerraba en su habitación a estudiar y no quería que nadie la molestara. En fin, paciencia, paciencia, seguía pensando Victor.
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