El sábado por la mañana, Victor, aprovechaba para hacer limpieza en la casa, su hija dormía. Cuando cerró el bar donde trabajaba se fue con sus amigos de discoteca, estuvieron hasta las tantas bailando y pasándolo bien, Carly y Daniel la dejaron en la puerta de su casa y se fueron, a follar seguramente, pensó Sabrina. Ella por su parte, al meterse en su cama, se volvió a acordar de su amor platónico ¿Qué habría hecho él aquella noche? Follarse a alguna de sus amigas pijas, pensó. O no, tal vez estaba como ella, a punto de hacerse una buena paja, tal vez se la hiciera pensando en su culo, durante ese curso lo había pillado varias veces mirándoselo, y la de veces que seguro que se lo miró y ella no se dio cuenta. Otra duda asaltó a Sabrina ¿Y si Carly tenía razón? Y si no fuera tan mala idea buscar una conversación con él. No, no era buena idea conociendo a sus amigos, él también las debía de ver como unas chonis, chicas que solo les servían para follar y dejarlas. Cómo iban a pensar los chicos como él, chicos de buena familia, que vivian en las mejores zonas de la ciudad, con unos padres que les daban todos los caprichos que se les antojaban, chicos que ya debían tener alguna chica escogida para pasar la vida con ella, del Club de Campo, o algún otro club elitista de esos. Para ellos, las chicas como ella solo eran un entretenimiento, o una manera de follar, porque decían que las chicas pijas follan poco y mal, por eso sus padres, tenían amantes y la malloría separados de sus madres. Al menos sus padres no estaban separados, o sí, no estaba segura, a su madre nunca la conoció, no sabía cómo se le llamaría a un padre soltero que había criado a una niña solo.
Con todos esos pensamientos, casi no se había enterado que su mano había ido por libre, le había sobado el coño y le había metido dos dedos dentro, estaba a punto de correrse una vez más en en silencio de la noche. Y se corrió, ya lo creo que se corrió. Cuando acabó, se puso de lado, acomodando la cabeza en la almoada y se fue durmiendo con una sonrisilla.
Victor se fue de su casa al medio día, su hija dormía, la había oído llegar muy tarde. Su esperanza era que no estuviera durmiendo con ella el zoquete del novio, no sabía que lo habían dejado la noche anterior. Ese chico no le inspiraba ninguna confianza, lo veía capaz de robar en la casa si tenía la oportunidad, aunque siendo sinceros, nunca desapareció nada en los meses que llevaban de novios, claro, tampoco tenía dinero ni nada de valor, como no se lleve la escobilla del váter, no sé que se va a llevar, pensaba con una sonrisa burlona Victor
Llegó a la casa de su amigo Josh, le abrió la puerta el matrimonio con una sonrisa.
—Hombre, ya tenía ganas de verte, hace mucho que no venías.— Lo saludaba Higinia, la mujer, dándole dos sonoros besos en las mejillas.
—Si no quiere ni tomarse una cerveza conmigo, va a venir a verte a ti.— Añadía Josh, estrechándole la mano. Victor le dio las dos botellas de vino.
—Que más quisiera yo que tomarme contigo todas las cervezas del mundo, pero tengo responsabilidades, ya lo sabes.
—¿Cómo está Sabrina?— Preguntaba la mujer.
—Seguro que lo sabes mejor tú que yo Higinia.
En ese momento apareció en el salón la hija del matrimonio.
—Hola Victor.— Lo saludaba educadamente dándole dos besos.
—Hola Carly, le decía a tu madre que vosotros sabéis mejor como está Sabrina que yo.
—Hace unos días estuvieron las dos aquí toda la tarde.— Decía Higinia.
—Lo ves, a eso me refería, y seguro que habla más con vosotros que conmigo.
—Venga, Josh abre el vino por favor, Victor, siéntate en la mesa, la comida esta a punto, Carly cariño, ayudame a sacar los platos.— Ordenaba como un general de brigada Higinia.
Todos desaparecieron, se quedó solo Victor en medio del salón comedor.
—Sientate ya en la mesa hombre.— Insistía Higinia con dos platos, uno en cada mano, saliendo de la cocina, Carly detrás de ella, con dos platos más, más atrás aparecía Josh con una botella de vino abierta.
Se sentaron, una entretenida conversación amenizaba la comida. Victor no quiso desaprovechar la ocasión.
—Dime Carly, como mejor amiga de Sabrina ¿Cómo la ves?— Carly levantaba la cabeza para mirarle a los ojos.
—Pues… pues yo creo que está muy bien…— Paró de hablar manteniendo la mirada en los ojos de Victor. –Mira Victor, quiero que sepas que yo estoy de tu parte, le he dicho a Sabrina que no puede estar así contigo, que tú como padre la tratas muy bien, que ella debería hacer un esfuerzo y hablar más contigo, explicarte sus cosas, tener más confianza…
—Eso hace mucho tiempo que no lo hace.— Contestaba Victor.
—Ya lo sé, por eso le insisto.
—¿Y? –Preguntaba Victor sin demasiado entusiasmo.
—Pues eso, ya la conoces, cabezona como ella sola. Al menos hemos conseguido que dejara al drogadicto.
A Victor se le congeló el gesto de la cara, mirando fijamente a Carly.
—¿Co… cómo? ¿Qué ha dejado al novio?— Balbuceaba Victor sin poder creérselo.
—Sí, ayer mismo por la noche.— Contestaba segura y contenta Carly, sabiendo que le estaba dando una buena noticia.
Victor abrió los brazos, igual que Moisés abriendo las aguas del Mar Rojo, sin el bastón claro.
—No me lo puedo creer, que ganas tenía de que pasara. Ese chico, ese chico, buff…— Se lamentaba Victor.
—Ese tío no pintaba nada en la vida de Sabrina, todos se lo decíamos, al final le puso un poco de cordura.— Confirmaba Carly.
Viendo la alegría de Victor, no le quiso explicar el incidente del bar. Ya era agua pasada y solo podía producir dolor, mejor olvidarlo, pensó Carly.
Después de los postres, Carly se disculpó y fue a cambiarse, había quedado con Daniel que la pasaría a buscar. Los demás quitaron los últimos platos y copas de la mesa llevándolo a la cocina.
—Chicos, sentaros en el salón, acabo de hacer el café y me junto con vosotros.— Les decía, medio ordenaba Higinia.
—Vamos Victor, sacaré la botella de brandy que he comprado para la ocasión, porque hoy pasamos la tarde aquí, supongo que lo sabes.— Comentaba Josh, mientras apoyaba una mano en el hombro de Victor acompañándolo al salón.
Cuando llegó Higinia con los cafés, los chicos le habían reservado un asiento con una copa delante. Sentados en el sofá y un sillón, disfrutaban de un café con una copa de buen brandy. Apareció de nuevo Carly, les dio dos besos a todos y se despidió.
—El novio ha venido a buscarla.— Confirmaba Higinia.
—¿Tiene novio?— Preguntaba Victor acercándose la taza a la boca.
—Claro, como tu hija no te explica nada, no te enteras.— Decía Josh, Victor levantaba las cejas confirmando lo evidente.
—Es Daniel.— Añadía Higinia.
—¿Daniel? ¿Qué Daniel?— Preguntaba curioso Victor.
—Daniel ¿Qué Daniel va a ser? El sobrino del mecánico que le llevamos los coches.— Le aclaraba Josh.
—¡Ah! Ese Daniel, parece buen chico ¿No?
—Sí que lo es, ha venido a casa un par de veces. Ya ves, nos arregla los coches y ahora arregla también a la niña.— Reía Josh diciéndolo.
—Que bruto eres por Dios ¿No sabes decirlo de otra manera? – Le afeaba Higinia mientras ellos dos se partían de rCarly.
—A ver si te piensas que tu hija es tonta, o te crees que esos dos no han…— Seguía provocándola su marido.
—¡Josh por favor!— Gritó Higinia, antes de que su marido acabara la frase.
—Es guapo, trabajador y cariñoso con Carly ¿Qué más queremos?— Seguía Higinia.
—Y tiene la mejor suegra que podía encontrar.— La adulaba Victor con una risilla.
—A que sí.— Contestaba Higinia riendo los tres.
Brindaron con las copas de brandy, bebieron y se hizo un corto silencio. Higinia miraba a los ojos de Victor. Victor se dio cuenta.
—Josh, tu mujer me está mirando a los ojos.
—Pues preparate, que algo le ronda la cabeza y eso es peligroso.
—A ver Victor, hablemos en serio, tengamos una conversación de adultos ¿No crees que ya es hora de que intentes rehacer tu vida?— Entró directamente Higinia. Victor dio un saltito en el sofá que estaba sentado del susto.
—¡Lo ves! Ya te he avisados que era peligrosa cuando se ponía así.— Reía Josh, a la vez que se moría de ganas de escuchar la respuesta de Victor.
—¿Con… con una mujer?— Preguntaba inocente y nervioso Victor.
—O con un hombre, tú mismo, con lo que quieras, tú sabrás tus gustos.— Respondía Higinia con cierto cachondeo.
Victor tenía la cara roja como un tomate, bebía para retrasar o pensar en la respuesta.
—No… no lo he pensado, creo que Sabrina todavía me necesita…
—Venga Victor, Sabrina es como Carly, solo necesita comer y lavarse la ropa en esta casa, y eso lo podría hacer en cualquier otro lugar. Ya no nos necesitan para nada, esa excusa no es buena. Pero tú, sí que necesitas una mujer en tu vida, alguien con quien compartir, hablar, querer…
—Y follar…— Entraba en la conversación Josh.
—Josh hijo, cómo estás hoy ¡Eh!— Le recriminaba su mujer mientras él se moría de risa.
Victor aprovechaba que el matrimonio se distraía para pensar, Higinia lo había arrinconado y no sabía como salirse.
—Dime algo hombre, contéstame ¿O es que nunca lo has pensado?— Insistía Higinia, Victor giró la cabeza mirándola sin saber que cara poner.
—Pues… es justo eso, ni me lo he llegado a plantear.
En las palabras de Higinia, encontró la solución para salir del atolladero.
—Tú lo que estás es demasiado acomodado.— Le reprochaba ella.
—Déjalo tranquilo mujer, no ves que está bien así, si él no quiere ¿Vamos a forzarlo nosotros? Desde luego como eres.— Le decía Josh a su mujer con cierta ironía.
—Mirar, yo estoy bien, no me inMariah nada que no sea mi hija…
—Tu hija, cualquier día se irá de tu casa y te quedarás solo, que lo sepas.— Amenazaba Higinia sin dejar que acabara la frase.
Victor escuchó y bajó la cabeza pensando, sabía que Higinia tenía razón, Sabrina haría su vida más tarde o más temprano, y entonces él… ¿Qué haría? Pues seguir trabajando y viviendo, y si podía seguir con su relación, o lo que tuviera en ese momento con su amiga íntima. Aunque también tenía claro, que su amiga, cualquier día se cansaría de aquella manera de funcionar, o encontraría a alguien que estaría dispuesto a compartir su vida. Seguramente como decía Higinia, acabaría solo en aquella vieja casa en la que vivía.
Acabaron la tarde con buena conversación y cachondeo entre ellos.
—Quédate a cenar con nosotros, ya ves que estamos solos.— Le invitaba Higinia.
—Estáis muy bien los dos solos, aprovechar y pegar un buen…
—¡Tú también Victor! Que hombres por Dios.— Se quejaba Higinia.
Los hombres rieron, Victor abrazó a Josh y le dio dos besos a Higinia despidiéndose.