Fueron pasando los días, entre piscina, playas de agua cristalina, sol, mucho sol, ya se les notaba en la piel el color de las vacaciones. Carly colgaba el teléfono, acababa de hablar con su madre después de cenar, de las cosas típicas, estamos bien… Nos lo estamos pasando en grande con Sabrina y Carlos… Esto es muy bonito, en fin, esas cosas. Cuando acabó la conversación, se acercó a la hamaca y se estiró junto a los otros tres, en el orden que siempre lo hacían, Carlos, Sabrina, Carly y Daniel, los chicos sabían que ellas necesitaban estar juntas, y lo respetaban, siempre dejaban los sitios centrales para ellas.
—¿Qué te pasa Carly?— Se preocupaba Sabrina.
—¿Qué me va a pasar? Que se están acabando los días, se está tan bien aquí.
—Bueno mujer, todavía os quedan dos, mañana y pasado.— Le decía Carlos intentando animarla.
—Ya lo sé, pero es que pasa el tiempo tan rápido aquí, me gustaría parar el reloj un tiempecito.— Daniel reía.
—A mí también me gustaría pararlo, no tengo ningunas ganas de volver y meterme de nuevo en el taller.— Confesaba Daniel.
—Venga va, ya está bien de lamentaciones, voy a buscar algo para tomar, esta noche nos emborrachamos, mañana también y pasado mañana. Así, cuando volváis en el barco, ni os vais a enterar de lo alcoholizados que estaréis.— Les animaba Carlos, todos reían.
Carlos se levantaba y Daniel le seguía, volvieron con copas llenas de cubitos de hielo y un trozo de limón dentro, una botella de gin y varias tónicas. –Que empiece la fiesta.— Gritaba Sabrina, junto a los aplausos de Carly.
Bebieron lo que les dio la gana, cuando ya tenían el puntito bien agarrado, es decir, estaban borrachos de la hostia. Sabrina se levantó y caminó hasta el borde de la piscina. Se quitó la camiseta de playa quedándose en braguitas.
—¿Nadie me va a acompañar?— Decía mientras se quitaba las bragas y se tiraba a la piscina.
Carly saltó de su hamaca, se acercó al agua quitándose la ropa y se tiró desnuda dentro. Los chicos se habían quitado la camiseta estirados en la hamaca, se pusieron de pie para desnudarse totalmente y en carrerilla se tiraron al agua.
Carlos se acercó a Sabrina, le pasó los brazos por la parte baja de la espalda y se la llevó hasta una punta de la piscina, Daniel agarró a Carly colocándola en la otra punta. Las dos chicas con la espalda contra la pared, ellos delante, se besaban, se entregaban las lenguas, se comían las bocas con pasión. Por debajo del agua, las manos no se estaban quietas, ellas se agarraban a las pollas masturbándolas, ellos les pasaban los dedos entre los labios del coño, acariciándolos, excitándolos, con la otra mano les sobaban las tetas, sin dejar de besarse, de comerse la boca uno al otro.
Carlos le levantó las piernas a Sabrina, para que las enroscara alrededor de su cintura, Daniel le levantó una a Carly. Los dos se colocaron en medio de las piernas, agarrándose la polla, la apuntaron, Carlos se la metió en el coño a Sabrina a la primera, como siempre, Daniel necesitó un par de intentos para penetrar a Carly, claro que su polla era más gorda, no entraba tan fácilmente.
Empezaron una potente follada, las estaban empotrando a las dos contra la pared de la piscina, ellas se agarraban abrazándoles el cuello, así ellos escondían las cabezas en sus cuellos, lamiéndoselos, chupándoselos. Y ellas se miraban, se miraban como se las estaban follando, otra novedad, nunca antes se habían visto follar. Gemían, gritaban de gusto, sin perder de vista la cara de su amiga, mirando como disfrutaba la otra, observando los gestos, como entornaban los ojos de gusto, como se les abría la boca al gritar, como se les ponía cara de placer inmenso. Y para acabar, como se corrían, notando los disparos de leche de sus parejas dentro de sus v*****s, ellos gemían y gruñían entre los brazos de ellas. Carly y Sabrina, mientras los chicos aflojaban lentamente al penetrarlas, notando como las pollas perdían su dureza, seguían mirándose, se guiñaron un ojo y sonrieron.
* * *
Aquella tarde, Víctor estaba sentado en el sofá de la casa de la amiga, desnudo, ella lo cabalgaba, también desnuda. La amiga aceleraba, Víctor le agarraba las tetas, ella le miraba fijamente a los ojos, mientras la cara se le ponía más cachonda por momentos, Víctor se dio cuenta que la chica se iba a correr muy pronto, y así ocurrió, se agarró apretándole el pecho, dándole unos buenos culazos encima de la polla se corrió a gritos. Él la giró, la dejó a cuatro patas encima del sofá, se puso por detrás de ella, le apuntó la polla y se la metió en el mojadísimo coño de un pollazo, ella volvió a gritar, el aceleró sin compasión, se la follaba a todo trapo, a ella se le salía el alma por la boca de tanto gemir y gritar. Y se volvió a correr, moviendo el culo para que Víctor la penetrase con más fuerza, para sentirse inundada de placer, de gusto, de la polla de Víctor que no cesaba de entrar y salir de su coño inundado de flujos. Quedó exhausta, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá, él le sacó la polla del coño, se mojó una mano con saliva y se la restregó por el culo, a ella a esas alturas le daba igual lo que él le hiciera. Le apuntó de nuevo la punta de la polla, esta vez por el otro agujerito, apretó y le metió el c*****o dentro, ella gimió, un gemido cansado, de estar ya cansada de los dos orgasmos, él se la fue introduciendo en el culo hasta el final, se empezó a mover, primero suavemente, para no hacerle daño, a medida que notaba que el culo se le lubricaba, él aceleraba, acabó dándole unos buenos golpes con su cuerpo chocando contra sus nalgas, ella seguía gimiendo levemente, sabía que Víctor estaba disfrutando como un cabrón. Hasta que se corrió, le dejó el culo lleno de semen a lechazos, gritando descontrolado, mirando como su polla sodomizaba a aquella mujer tan importante para él.
Ella se levantó para ir al baño, él la siguió. Se ducharon y se pusieron algo de ropa, volvieron al sofá estirándose los dos.
—Te veo triste.— Dijo Víctor.
—Es verdad, ya estoy pensando que el domingo volverá Sabrina, eso quiere decir que no estarás todas las horas conmigo.
—A ver, creo que no te puedes quejar, estando ella aquí he venido cada día a verte, incluso he pasado noches contigo sin ningún problema, y lo sabes. Además, en pocos días nos iremos nosotros de vacaciones, me dijiste que me llevarías a la casa de tus padres del pueblo, que desde allí podríamos estar en la playa en veinte minutos ¿O es qué te has arrepentido?
—Tienes razón, y claro que te voy a llevar a la casa de mis padres, ellos ya saben que estoy con un hombre, lo que no saben es que eres tan sinvergüenza.
Ella se partía de risa mirándole la cara a Víctor.
—¿Yo sinvergüenza?— Preguntaba inocente Víctor.
—Sí, tú, no tienes ninguna vergüenza, no has visto como me has follado hoy, por delante, por detrás, dándome un placer que me vuelve loca.— Le decía ella riendo, a la vez le besaba en los labios.
—Te quiero mucho cariño.— Contestaba Víctor devolviéndole el beso.
—Eso me ha gustado, ya no puedo decir que no me dices cosas bonitas.
—Podríamos ir a tomar algo por ahí, si quieres aquí mismo, al Bar Mariah.— Le decía Víctor.
—No, al Bar Mariah no, demasiadas chafarderas, mejor en el centro.— Contestaba ella.
—Mejor, y así si queremos podemos cenar por allí.— Confirmaba Víctor riendo.