Piscina

1452 Words
—Y así seguimos, juntas, ya tengo ganas de que llegue mañana y abrazarla. Carlos sonreía moviendo la cabeza de lado a lado, desde luego, lo de ellas dos era algo especial. Al día siguiente, antes de que llegara el barco, Sabrina y Carlos esperaban a sus amigos en el puerto de Ciutadella. Cuando salieron del barco, Carly corría pegando unos saltos tremendos para abrazarse a Sabrina, se abrazaban y besaban, los chicos se estrechaban la mano con medio abrazo. —Parece que lleven media vida sin verse.— Le comentaba Daniel a Carlos. Este reía. —¿Qué? ¿Me vas a saludar o solo tienes abrazos para Carly?— Llamaba la atención de Sabrina Daniel. Sabrina dejó un momento a Carly y abrazó y besó a Daniel, momento que aprovechó Carly para hacer lo mismo con Carlos. Se agarraron de la cintura ellas dos caminando delante de ellos. —Verás que casa más bonita, tiene piscina, nos lo vamos a pasar en grande.— Le explicaba ilusionada Sabrina a Carly Carlos y Daniel detrás de ellas, cargados con las bolsas, sonreían. Llegaron a la casa, Sabrina se la enseñó entera ilusionadísima, dejaron las bolsas en su habitación y desayunaron juntos. Después Carly y Daniel descansaron un rato del viaje, Sabrina y Carlos tomaron el sol y se bañaron hasta que salieron sus amigos, se siguieron bañando todos juntos. Cachondeo, risas, besos, abrazos, todo se juntaba dentro de la piscina. —¿Ya la habéis estrenado?— Preguntaba Carly. —Nos bañamos ayer.— Respondía inocente Carlos. —No se refiere a eso, parece que no la conozcas Carlos.— Le aclaraba Sabrina. —¡Ah! Pues sí, la inauguramos oficialmente ayer por la tarde.— Explicaba entre risas Carlos. —¡Uy! A ver si queda algún bichito por aquí y me deja preñada.— Se cachondeaba Carly. Daniel le puso la mano en la cabeza metiéndosela debajo del agua, Sabrina y Carlos se partían de risa. Fueron a picar algo a un chiringuito en una cala, después se quedaron toda la tarde tomando el sol y bañándose en el mar. Haciendo los típicos comentarios, de lo bonito que era todo aquello y esas cosas que se dicen. Los días fueron pasando. Una tarde que paseaban por uno de los pueblos, compraron un par de botellas de Pomada, típica bebida menorquina, dos partes de limonada y una de gin. Al llegar a la casa, la metieron en el congelador y se fueron a cenar. Cuando volvieron, después de cenar y tomarse un par de copas, Carlos sacó la Pomada y unos vasitos de chupito, se sentaron en la terraza. Y allí, chupito va, chupito viene, se les iba subiendo a la cabeza, a las dos y media de la madrugada las lenguas les resbalaban. —Que colocón llevo, por Dios.— Decía Carly levantándose. Se acercaba a la piscina quitándose la ropa, Sabrina salió detrás de ella, por el camino fueron dejando las blusas, los sujetadores, los pantaloncitos y las bragas, para acabar tirándose al agua. Los chicos seguían sentados, callados, mirándolas, por instinto Carlos le miró el culo a Carly y Daniel a Sabrina. —¿Se está bien?— Preguntó Carlos, por decir algo. —Se está de maravilla.— Contestaba Carly pasándole un brazo por el cuello a Sabrina. Esta le pasaba los dos por la espalda a Carly, estaban abrazadas dentro del agua, pero bien abrazadas. —Cuidado chicas que estáis muy juntitas.— Les advertía riendo Daniel, dando a entender otra cosa. Carly y Sabrina se miraron, se sonrieron, y se empezaron a besar los labios. Daniel y Carlos, salieron corriendo quitándose la ropa a trompicones, se tiraron al agua de golpe moviendo toda la piscina. Se juntaron los cuatro, Daniel besó a Carly, Carlos a Sabrina, Carly a Sabrina otra vez, ante la atenta mirada de los chicos, Sabrina a Daniel, Carly a Carlos. Los cuatro se fueron acercando a un rincón, todos muy borrachos, en las caras se les notaba, todos muy juntos, tan juntos que las chicas podían notar el contacto de las pollas en sus muslos. Se fueron colocando, Carly delante de Daniel, Sabrina de Carlos. Ellos notaron que les agarraban las pollas, subieron los codos al borde de la piscina y se relajaron, dejándose pajear. Lo que no sabían era que ellas, por debajo del agua, habían cruzado los brazos, así que Carly le hacía la paja a Carlos y Sabrina a Daniel. De noche sin luces, todos los gatos parecen pardos, y si estás borracho más. Ellas se besaban, así los chicos se ponían a cien, mientras seguían con sus pajas. Carly notaba en la mano la polla de Carlos, pensó que ese tamaño le debía de encantar a Sabrina. A Sabrina no le daba la mano para pajear a Daniel, esa polla tan gorda sabía que a Carly le debía de dar mucho placer. Con ellos concentrados en lo suyo, las chicas aprovecharon la mano que les quedaba libre, para meterse los dedos en la rajita, cada mano al chirri de la otra. Novedad para ellas, estar haciendo una paja a una polla con una mano y a la vez con la otra a un chichi. Seguían besándose, calentándose ellas y calentando a los maromos. Se corrieron los cuatro, salieron de la piscina casi sin mirarse, caminaron por el jardín, se metieron en la casa y cada pareja se fue a dormir a su habitación. Por la mañana, cuando se despertaron los chicos, cada uno en su cama, con dolor de cabeza y un resacón del quince, pensaban en lo ocurrido la madrugada anterior. Los dos sintieron que les hicieron una paja extraña, notaron raro el tacto y el ritmo, no era lo habitual, no era lo que estaban acostumbrados. Luego, intentado buscar una explicación, la encontraron, tan borrachos como estaban los cuatro, era muy posible que no se pudiera seguir el ritmo, las chicas debían hacer lo que podían, además, entre ellas se besaban, eso los puso muy salidos y con lo borrachos que estaban ellos ¿Cómo iban a sentir el tacto de las manos? Seguramente había sido el mismo de siempre, pero ellos lo vivieron de otra manera, cosas del efecto del exceso de alcohol. Daniel y Carlos se encontraron en el pasillo, los dos habían salido de sus habitaciones, se miraron sin decir nada, con un careto que era para vérselos. A las chicas se les oía reír en la planta baja. —¿Estás bien?— Preguntó Carlos. —Hecho una mierda.— Contestó casi sin voz Daniel. —Pues esas dos parecen frescas como una rosa.— Informaba Carlos a Daniel. —No sé como lo hacen ¿Por qué ayer estábamos los cuatro muy borrachos verdad?— Preguntaba Daniel. —¡Joder si lo estábamos!— Le confirmaba Carlos mientras bajaban las escaleras. Las chicas hacía un rato que estaban en la cocina, primero se levantó Sabrina, Carly al oírla salir de su habitación también se levantó. Cuando llegó a la cocina, Sabrina se estaba haciendo un café. —¿Quieres uno?— Le preguntó a Carly al verla entrar. —Sí, por favor.— Contestó la amiga. Sabrina sacó de su bolso un par de pastillas, se sentó en la mesa al lado de Carly y le dio una. —Tómate esto con el café, se nos quitará el dolor de cabeza y la resaca, ya verás.— Le decía a Carly mientras le ponía la pastilla en la mesa. Se tomaron la pastilla y le dieron unos cuantos sorbos al café, se miraban sonriendo. —¿Tú crees que se dieron cuenta?— Le preguntaba en voz baja Carly a Sabrina. —Que va, no viste la carita de borrachos que hacían, les podía haber hecho la paja una marmota y ni se hubieran dado cuenta.— Contestaba Sabrina riendo. —¿Una marmota? ¿Pero qué dices Sabrina?— Se partía de risa Carly. —Yo que sé ya, estoy resacosa nena. Reían las dos cuando entraron los chicos, les miraron a la cara y rieron más fuerte. Las dos se dieron cuenta que Sabrina tenía razón, con aquellos caretos de hechos polvo ¿Cómo coño se iban a acordar de algo? —Venir chicos, sentaros.— Les dijo Carly. Mientras ellos se sentaban, ellas preparaban el desayuno, Sabrina le ponía delante un café a cada uno y sacaba dos pastillitas más de su bolso. A desayunar salieron a la mesa de la terraza, desde allí podían ver toda la ropa que se quitaron la madrugada anterior, camisetas, blusas, pantalones cortos, calzoncillos, bragas. Todo tirado por encima del césped, haciendo un camino desde la terraza hasta la piscina.
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