Polvazo de su Vida

1543 Words
—Psss— Se le escapaba a Mercedes. —Me parece genial.— Dijo levantándose uno de los chicos.— Estas ideas, este proyecto, todo esto es… fantástico.— Remató el mismo chico, los demás lo miraban con una sonrisa dándole la razón, menos Mercedes que parecía enfadada con el mundo. Se fueron repartiendo las diferentes plantas, los accesos, en fin, todo. Sabrina e Carly, se quedaron con la planta baja y los quirófanos, excepto el restaurante, nadie se atrevió a pedirlo y se lo quedaron ellas, además, Sabrina se ofreció para hacer la fachada del edificio y la cubierta. A la hora y media, la mitad del tiempo que habían estipulado para la reunión, aparecieron dos camareras, una con una bandeja grande, donde llevaba algunos zumos y vasos, otra con cosas para picar. Las dejaron encima de una mesa auxiliar. —Mi hermano y yo, hemos pensado que, o sea, como íbamos a estar mucho tiempo aquí, valía la pena hacer un pequeño ‘coffee break’.— Anunciaba haciéndose la interesante Mercedes. —¡Uy nena! Un ‘coffee break’ y todo.— Le decía en voz baja Carly a Sabrina, levantando la manita como Mercedes. Los chicos se fueron levantando, acercándose a la mesa auxiliar. Sabrina vio que también lo hacía Carlos, así que ella se quedó alejada, apoyada en una columna mirando el bonito jardín. De reojo, vio como se le acercaba Carlos, con un vaso de zumo en cada mano, cruzó los brazos, se estaba poniendo nerviosa. —No sabía que zumo te gusta, he traído de naranja y melocotón ¿Cuál quieres?— Le preguntó Carlos con amabilidad. Sabrina no sabía qué hacer, seguía mirando el jardín, se sonrojaba, pensando en las veces que se había masturbado y corrido pensando en ese chico. —¿Te gusta el jardín?— Preguntó de nuevo Carlos, intentando que le hiciera caso. Sabrina pensó, que al final parecería una retrasada y una mal educada si no se giraba, así que lo hizo. —Sí, es muy bonito.— Contestó lo primero que le vino a la cabeza. —¿Naranja o melocotón?— Volvió a preguntar él. —¿Qué? —Que si prefieres naranja o melocotón.— Le dijo Carlos con paciencia, levantando los vasos alternativamente enseñándoselos para que escogiera uno. Sabrina creyó que Carlos pensaría que era tonta si seguía así. —Este mismo, muchas gracias.— Contestó Sabrina agarrando uno de los vasos. —Lo diseñó mi padre. —¿El qué?— Preguntaba Sabrina, otra vez despistada. —El jardín Sabrina ¿Estás bien?— Se le veía preocupado al chaval. —Sí, sí, perdona, estoy bien. Es que ha sido una reunión intensa, creo que todavía me estoy recuperando.— Encontró una excusa decente Sabrina. Se quedaron los dos mirando, sin decir nada, Sabrina se estaba incomodando. —Tiene muy buen gusto.— Decía Sabrina para salir del paso. —¿Quién?— Respondía Carlos, ahora el despistado era él embelesado en los ojos de Sabrina. —Tu padre, por lo del jardín ¿Estás bien? Carlos se partía el pecho de risa. —Me la has devuelto, chica lista, me encanta. Sí, toda esta casa, el jardín, la piscina, todo lo proyectó mi padre, poco después de casarse con mi madre, cuando estaba embarazada de nosotros, supongo que pensó que necesitarían una casa más grande. —Pues le ha quedado muy bonito… Fueron hablando con más naturalidad, de las cosas de la casa, sin entrar en asuntos personales. Sabrina vio como Carly, que hablaba con otros compañeros, la miraba con una sonrisilla. Sabía que cuando se fueran de allí, le haría alguna broma de las suyas. Una hora más tarde daban por acabada la primera reunión, Sabrina recogió las láminas rápidamente, le metió prisas a su amiga para irse y se despidieron levantando la mano del otro grupo, donde estaba Carlos, que también levantó la mano mirándole a los ojos a Sabrina. —¿Por qué estás tan nerviosa Sabrina?— Le preguntaba Carly al salir de la casa. —No estoy nerviosa, solo es qué…— Intentaba excusarse Sabrina. —Solo es… que se te caen las bragas por Carlos, que te conozco nena. —Venga, venga, que exagerada eres tía. —¿Qué chicas? ¿Nos vamos? Preguntaba el chico del coche junto con su amigo, saliendo detrás de ellas. —Sí, sí, tenemos que quedar para mañana.— Contestaba Carly, preocupada de conseguir un transporte mejor que el autobús. Sabrina respiró, no le estaba gustando por donde iba la conversación con su amiga, también se dio cuenta, que al día siguiente, jueves, habían vuelto a quedar, volvería a ver a Carlos y no podría evitar tener otra conversación con él. En ese momento no sabía si eso la tensaba o le gustaba. Carlos y Sabrina entraban juntos en la casa de Sabrina, con prisas se metían en su habitación, cerraban la puerta, se miraban mientras Sabrina le rodeaba el cuello con sus brazos, se besaban con pasión. Ella se agachó, le bajó la cremallera del pantalón y le sacó la polla, se la metió en la boca chupándosela con excitación, se la apretaba con la mano, se la succionaba con la boca, Carlos gemía de gusto mirando el techo, a la vez que le sujetaba con delicadeza la cabeza a Sabrina para poder follarle la boca a su ritmo, con la profundidad que más le excitaba, ella se atragantaba cuando le llegaba la punta de la polla a la garganta, pero seguía succionando, lo que hiciera falta para darle placer a Carlos. Él la levantó estirándola en la cama boca arriba, le metió las manos debajo de la falda y de un tirón le rompió el tanga quitándoselo. Buscó con su boca los muslos de Sabrina, los lamió suavemente mientras subía buscándole el coño. Sabrina respiraba precipitadamente, esperando el momento, le abrió el chichi con dos dedos y le pasó la lengua unas cuantas veces de arriba abajo, ella gimió, le rodeó el clítoris con la boca, con la lengua le daba vueltas. Sabrina movía las caderas del gusto, jadeaba, gemía y se le escapaba algún gritito. Le agarró del pelo, estirando suavemente, para que él pusiera la cabeza a la altura de la suya. —Fóllame, fóllame duro, quiero sentirte…— Le pedía Sabrina excitada. Se desnudaron, o se acabaron de quitar la ropa que les quedaba puesta. Sabrina abrió las piernas todo lo que pudo, ofreciéndole el coño abierto y mojado. Carlos se dejaba caer encima de ella, se agarraba la polla, apuntándola en la entrada de la v****a, de un golpe, certero y duro, la empotró contra la cama. Sabrina gritó rodeando la espalda de Carlos con sus brazos, él le sacaba la polla volviendo a penetrarla con dureza, ella volvía a gritar agarrándose a su espalda. Él se la metía a buen ritmo, sin descanso, mirándole la carita, como le cambiaba, como se excitaba, como los ojitos se le torcían del gusto y como le llegaba el primer orgasmo. Sabrina se retorcía de gusto, se corría agarrándose a la espalda y el culo de Carlos, este sin compasión seguía empotrándola. Justo acabó del primer orgasmo, Carlos agarrándola por las caderas, la giró, la puso a cuatro patas, ella apoyó la cabeza encima de la sabana, él se acercó por detrás, sin miramientos le pegó un pollazo en el coño enorme, hizo que Sabrina levantara la cabeza gritando. Carlos siguió con un buen ritmo, a ella se le juntaba el recuerdo de la primera corrida con el placer que le volvía a subir por el cuerpo. Carlos jugaba lubricándole el agujerito del culo, se lo mojaba con saliva, le metía la puntita de un dedo, Sabrina gritaba más fuerte al notarlo, levantaba la cabeza y le pedía más a su amante. Él metió una mano por debajo de Sabrina, agarrándole una teta, se la estrujaba con cuidado, sin dejar de penetrarla, ella volvía a levantar la cabeza del placer. Esa mano bajó, le sacó la polla del coño y le metió con destreza dos dedos, siguiendo con la follada. Sabrina abrió los ojos, al notar cómo le estaba apuntando la polla en el agujerito del culo, poco a poco, pero sin parar, se la fue introduciendo hasta el final. Ella gritó, el cuerpo le dio un espasmo, Carlos le estaba follando el coño con dos dedos y el culo con la polla. El gusto que le subía era insoportable, se volvió a correr, con el primer grito, notó el primer lechazo en su culo, ella se fue moviendo, dándose placer y dándoselo a Carlos que se estaba corriendo llenándole el culo de leche, sin dejar de follarla con los dedos. Cayeron los dos rendidos encima de la cama. Entonces, se despertó Sabrina.— ¡Dios mío! Ha sido una pesadilla, bueno, pesadilla, pesadilla, tampoco, ha sido un polvazo.— Pensaba ella mientras comprobaba, con sorpresa, como tenía mojado el coño y dilatado el culo. Se había metido sus dedos por todos los agujeros posibles, seguramente a la vez, como en el sueño. Y que bien follaba Carlos en sus sueños, pensaba, mientras se giraba apoyando la cabeza en la almohada con una sonrisilla. Se quedó dormida como una bendita.
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