Ojos Atentos

1484 Words
Al día siguiente, volvieron a ir a la casa de Mercedes… y de Carlos claro. En el descanso, Sabrina volvió a apoyarse en la misma columna mirando el jardín, volvió a ver como se le acercaba Carlos con los dos vasos, esa vez se giró sin dudarlo. —No hace falta que me traigas cada día la bebida, tengo piernas para ir a buscarla si quiero.— Le decía Sabrina. —No me importa hacerlo, así hablamos un rato, que me gusta mucho. —¿El qué te gusta?— Preguntaba Sabrina. —Hablar contigo, me gusta hablar contigo. —¡Ah sí claro! —Toma, tú melocotón. —¿Cómo? —El melocotón, el zumo de melocotón, fue el que ayer escogiste, he pensado que es el que te gusta, por eso te lo he traído.— Le decía amablemente Carlos. —¡Ah sí! Gracias. Contestó ella, en realidad, el día anterior escogió el primer vaso que se le ocurrió, se le escapó una risilla de pensarlo, a la vez, le gustó que él se acordara y le trajera la misma bebida. Mientras hablaba con un amigo de Carlos, Carly los observaba, se le escapaba una sonrisa, pensaba que esta vez Sabrina no podía salir corriendo, seguro que si por ella fuera saldría de allí escondiéndose en alguna de las ‘alas’ de aquella casa, a Carly se le escapó una carcajada pensándolo. Sabrina y Carlos, Carlos y Sabrina, fueron entablando conversaciones cada día que se veían en la casa. Sabrina se fue soltando… y inevitablemente, se fue enamorando. Carlos era tan educado, ella veía un chico dulce y cariñoso, pero… ¡Ay! Los peros… no se fiaba de él, conocía al grupo de amigos con los que iba, se tiraban a todas las tías que podían y luego las dejaban colgadas, no conocía a ninguno de ellos que estuviera saliendo con una chica de su clase social. Sí, es triste, pero todavía tenemos que hablar de clases sociales, siempre han existido y siempre existirán, pensaba Sabrina. Carlos no iba a ser diferente, con ella era cariñoso y amable, pero, seguro que si se la follaba se olvidaría de ella. Para él debía ser un reto, igual era una apuesta que tenían entre los amigos, a ver quién de ellos se follaba a más tías del grupo de las ‘chonis’ claro. Nunca vio a ninguno de los tíos ‘pijos’ tontear con una ‘pija’, seguramente porque follaban fatal, o eso decían las malas lenguas, claro que viendo a Mercedes y Celestina, ‘Celes’ para los amigos, no le extrañaba, no encontraba la forma de imaginarse a esas dos follando ¿Cómo lo harían? Como decía Carly con la la manita levantada, como cuando sujetaban el bolso, o con el dedo meñique levantado, como cuando bebían alguna cosa. Nada, no había manera de imaginárselas con las piernas abiertas y un tío en medio dándoles matraca. En fin, que cada uno haga de su vida lo que quiera, pensaba Sabrina. Victor, le preguntaba continuamente a su hija como iba el proyecto, ella le contestaba sin demasiadas palabras. Le decía que se reunían en la casa de una de las compañeras, que el proyecto iba cogiendo forma y que se lo enseñaría cuando lo acabasen. No le interesaba contarle más cosas que no fuera pedirle consejo sobre algún detalle del proyecto, no quería que sospechara que se estaba enamorando de un chico. Así, que tanto con Carlos como con su padre disimulaba todo lo que podía, se lo guardaba para ella, tampoco le interesaba a nadie sus intimidades, pensaba Sabrina. Quedaba una semana para exponer el proyecto, ya lo tenían prácticamente acabado, cada uno había cumplido con su parte. Sabrina había ayudado a quien se lo pidió, dio ideas generales para armonizar el trabajo, se había convertido sin ninguna duda en la líder de aquel proyecto, todos lo sabían y la respetaban, menos Mercedes, tenía una espina clavada, ella quería ser la líder, intentó serlo pero no pudo, las ideas de Sabrina siempre fueron mejores que las suyas, la motivación del grupo siempre la consiguió Sabrina, el respeto de los demás también se lo llevó ella. —Muy bien chicos, solo nos queda una cosa importante del proyecto.— Comentaba uno de los chicos. Los demás lo miraron, no sabían de qué estaba hablando. Él les devolvía la mirada con una sonrisilla, sabía que los había sorprendido. —¿Quién expondrá el proyecto? Sabéis que hay que exponerlo delante de toda la clase, lo harás tú ¿No? Sabrina. Daba por hecho el chico que lo haría Sabrina, los demás afirmaban con la cabeza que tenía que ser ella, Mercedes ponía mala cara una vez más, sabía que no tenía nada que hacer, Sabrina se iba a llevar todos los méritos. —Bueno chicos, os agradezco de verdad la confianza que tenéis en mí, pero, sinceramente, creo que la que está más preparada para hacerlo es… Mercedes. Mercedes, que estaba mirando para otro lado intentando disimular su disgusto, pegó un salto de la silla al oírlo. —¿Qué?— Se le escapó a Mercedes. —Que creo que eres la más preparada para exponer el proyecto, sabes todos los detalles y estoy segura que te prepararás una magnífica exposición ¿Tú qué crees?— A Mercedes le temblaba la boca antes de contestar, no se lo esperaba. —Chicos… yo… si confiáis en mí, no os defraudaré, os lo prometo.— Decía Mercedes emocionada. Sabrina la miraba con una sonrisa, los demás lo dieron por bueno, si Sabrina la había escogido era por algo. —¿Estás segura?— Le susurraba Carly a Sabrina al oído. —Segurísima.— Le contestaba su amiga. —Pues si lo dice la jefa bien está.— Añadía Carly. —Yo no soy la jefa de nadie. —Tú eres la puta jefa aquí, todos lo sabemos.— Aseguraba Carly, Sabrina reía. En el descanso, Sabrina se levantó de la mesa, su intención era ir a buscar alguna bebida y volver a hablar con Carlos, Mercedes la sujetó del brazo. —Sabrina yo… te estoy muy agradecida, pensaba que querrías ser tú quien presentase el proyecto. —Mercedes, tú lo harás mucho mejor, estoy segura, somos un equipo y tenemos que escoger a los mejores para cada cosa. Si te lo preparas un poco será la mejor presentación. —Me lo voy a preparar mucho, muchísimo, quiero que todos estéis orgullosos de mi trabajo. —Seguro que lo estaremos. Sabrina se giró para ir a buscar su bebida. —Sabrina.— Llamó su atención Mercedes de nuevo. —Dime Mercedes. —Eres la mejor líder del proyecto… y no solo del nuestro, de cualquier proyecto. Tengo que ser justa contigo.— Sabrina le sonrió. —Es bueno que alguien como tú, reconozca que las ‘chonis’ podemos hacer cosas bien hechas. —Te prometo que nunca más os volveré a llamar ‘chonis’, es muy injusto por nuestra parte. —Perfecto, me alegro que lo veas de esa manera. Sabrina volvía a girarse. —Otra cosa.— Volvía a llamarla Mercedes. —¿Qué quieres ahora Mercedes?— Le decía Sabrina un poco cansada. —Mira… igual no es cosa mía, pero si Carly fuera amiga mía la avisaría, no es bueno que esté tan cerca de Santiago, ese chico… en fin, no creo que sea bueno para ella. —¿Santiago? ¿Quién es Santiago?— Preguntaba sorprendida Sabrina. —Un amigo de mi hermano, está en su grupo de trabajo. Es que los he visto cada día hablando y me da la sensación que se están acercando demasiado. —No te preocupes, Carly tiene novio y está muy bien con él. —Vale, vale, yo solo te lo comento. Sabrina se juntó con Carlos, escogieron algo para tomar y se sentaron a hablar, como hacían cada día que se veían. Esta vez Sabrina mientras Carlos le hablaba, buscaba con la vista a su amiga Carly, y la encontró. Tal como le dijo Mercedes, estaba con un chico, se les veía reír, incluso a él tocarle una mano o un hombro, inocentemente, pero la tocaba, y a ella no parecía molestarle. —¿El chico que está con Carly es Santiago?— Le preguntó a Carlos. Él miró en la dirección que lo hacía Sabrina. —Sí, es Santiago. —¿Cómo es? —Bueno, supongo que tu amiga no querrá nada con él. —Ya ¿Pero cómo es Santiago?— Insistía Sabrina. —Digamos que no es un chico muy fiable, quiero decir en las relaciones. La relación más larga con una chica creo que fueron dos semanas.— Reía Carlos. —Vale, vale. Decía Sabrina sin quitarle el ojo de encima a su amiga, lo que estaba viendo no le gustaba, a Carly la veía demasiado alegre, tonteando claramente con aquel chico.
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