Mala Temporada

1872 Words
—Yo te quería decir algo Sabrina.— Llamaba su atención Carlos. Ella giró la cabeza, encontrándose con Carlos mirándole a los ojos. —Como sabes, solo nos queda un día para seguir reuniéndonos… —Así es.— Confirmaba ella. —¡Ay Sabrina! Que difícil me lo pones. —¿Qué quieres Carlos? Habla claro de una vez.— Le apretaba ella. —Solo… solo que me gustaría seguir hablando contigo. —¿Solo eso? —Sí, nada más, ya veo que no te intereso mucho, pero es que me gusta conversar contigo. —Nos seguiremos viendo en clase, podremos seguir hablando. —Ya sé que nos veremos en clase, pero no nos pondremos a hablar en la clase ¿O sí? Sabrina giraba la cabeza, mirando de nuevo a Carly, ella seguía tonteando con Santiago. Mientras pensaba que contestarle a Carlos. —Puede… puede que algún día podamos tomarnos un café después de clase y hablar un rato. —Eso me encantaría— Le decía animado Carlos. —Algún día ¡Eh! Tengo cosas que hacer después de clase. —Sí, sí, cuando tú quieras. Se volvieron a mirar en modo de despedida, después cada uno volvió con su grupo. Cuando las dejaron en el centro de la ciudad, Sabrina le propuso tomar algo en una terraza a Carly. Se sentaron en una mesa y pidieron unos cafés. —Mira Carly, iré al grano ¿Qué estás haciendo con Santiago?— Carly le miró la cara sorprendida, pensaba que Sabrina estaba ocupada con Carlos y no se fijaba en lo que hacía ella. —Nada, hablamos, lo mismo que tú con Carlos. —No sé, me ha parecido que tonteabas con él. —Que no Sabrina, yo ya tengo a Daniel, ya lo sabes… —¿Y de qué habláis?— Insistía Sabrina. —De cosas, sabes que es amigo de Carlos, y vecino, vive muy cerca, desde allí se ve el techo de su casa, es enorme. Cuánto dinero tiene esa gente tía, no me extraña que sean tan distintos a nosotras. —Carly, yo solo te aviso, me han dicho que Santiago no es buena compañía, solo eso. —Es un buen chico, y simpático, me rio mucho con él, nada más, de verdad. Carly intentaba convencer a Sabrina, pero no lo conseguía, Sabrina se preocupaba pensando que su amiga podría hacer una tontería. Llegaron al último día de reuniones, cuando salieron a la terraza. Habían juntado las dos mesas, rodeada de sillas, encima tenían preparada una merienda que no faltaba de nada. En medio de la terraza estaban Carlos y Mercedes. —Hola chicos, mi hermana y yo, hemos pensado que como es el último día y los trabajos están acabados, pues, preparar algo especial para despedirnos, aunque nos seguiremos viendo por la facultad.— Les decía Carlos a todos, mirando fijamente a Sabrina cuando acabó la frase, quería que recordara que le había dicho que podrían hablar en algún momento. Carlos se acercó a una silla y la separó de la mesa. Llamó a Sabrina, ella le miró, lo vio separando la silla, evidentemente la estaba invitando a sentarse. No voy a ser una maleducada, pensaba Sabrina mientras se acercaba donde estaba Carlos. Él separó más la silla, esperó que ella se sentara y la ayudó a acomodarse en la mesa. Después él se sentó a su lado. —¿Lo has hecho para sentarte a mi lado?— Preguntaba Sabrina sabiendo perfectamente la respuesta. —No sabía cómo hacerlo para que no te sentaras en cualquier parte. —Ya, este es el mejor sitio ¿No? —Por supuesto, no vas a estar mejor en ningún otro sitio.— Los dos rieron. Fueron comiendo, bebiendo y hablando, ellos y todos. Sabrina observó, vio a su amiga Carly en la otra punta de la mesa, junto a Santiago, como no. Hizo una mueca de desaprobación, por suerte es el último día que venimos aquí, pensó. Después tomaron café y más tarde sacaron bebidas para hacerse unas copas. El grupo se fue disgregando por la terraza. Sabrina y Carlos sin darse cuenta acabaron sentados donde lo hacían siempre, ella si se dio cuenta, como también se dio cuenta que Carlos estaba muy animado. —Mira Carlos, no sé si tú te estás haciendo ilusiones de algo, pero ya te digo ahora mismo, que tú y yo no tenemos nada en común. —Bueno, somos humanos los dos ¿No? —Que gracioso, sabes perfectamente de que te hablo. —Oye Sabrina, me dijiste que podríamos tomar café y hablar, supongo que no te has olvidado. —Te dije, que alguna vez podríamos hacerlo, no te creas que va a ser cada día, también te dije que tenía cosas que hacer después de clase. La conversación fue progresando, en algunos momentos, Carlos intentaba sacarle alguna cosa sobre cómo se verían, ella se escapaba sin contestar o contestaba algo diferente. —He oído, que los fines de semana trabajas en un bar ¿En cuál? —No te lo pienso decir. —¿Por qué? No pasa nada por trabajar en un bar. —No es el tipo de bar al que vas con tus amigos. Mientras Carlos le decía algo que no escuchaba, Sabrina miraba por la terraza y el jardín, buscaba a Carly y no la encontró. Algo debió de verle Carlos. —Perdona si te ha molestado algo.— Decía él. —¿Qué?— Preguntaba despistada Sabrina pensando en su amiga. —Que no es mi intención provocarte, ni nada de eso… —¡Ah! No te preocupes. Siguieron hablando, Sabrina le escuchaba pero su vista se iba buscando a Carly. Hasta que la vio salir de la casa, sola, eso la tranquilizó, al poco rato salió Santiago, Sabrina miró otra vez a Carly y puso mala cara. Cuando la gente se empezó a ir de la fiesta, Sabrina fue a hablar con los chicos que las llevaban en el coche de vuelta, los convenció para irse ya, fue a buscar a Carly, que estaba con Santiago claro. La agarró del brazo y la sacó de aquella casa, sin darle ninguna explicación. —¿Qué haces?— Le preguntaba Carly cuando ya estaban en la calle. —Sube al coche, ya hablaremos luego.— Contestaba una molesta Sabrina. Las dejaron donde las dejaban siempre, se despidieron de los chicos dándoles las gracias, por llevarlas y traerlas cada día que había reunión del grupo. Sabrina cogió del brazo a Carly, se paró en la terraza en la que tomaban café algunos días y buscó un lugar discreto para hablar con ella. Cuando salió el camarero, antes de que llegará donde estaban ellas le pidió dos cafés, cuando se los puso encima de la mesa y se fue, miró directamente a los ojos a Carly. —¿Qué has hecho Carly? —¿Por qué lo preguntas?— Intentaba disimular, sin demasiado éxito la verdad. —Mira Carly, te conozco mejor que la madre que te parió, se que significa esa cara que pones, la pones cuando te arrepientes de algo, o algo te corroe la cabeza, además… —¿Además qué?— Levantó la voz Carly con los ojos vidriosos. —Además… tienes la minifalda muy arrugada, como cuando está demasiado tiempo enrollada en la cintura. Carly cerró los ojos, dos lagrimones, uno por cada ojo, le resbalaron por las mejillas. —¡No me jodas Carly!— Levantó la voz Sabrina.— No me digas que te has dejado bajar las bragas por el tío ese.— Siguió diciendo en voz más baja. —Uso tanga.— Contestaba muy afectada Carly. —Qué más da el tipo de bragas, tanga, culotte… o lo que sea ¿Cómo…? ¿Cómo has podido? —Técnicamente no me las bajó.— Se volvía a excusar Carly. Y decía la verdad. En la fiesta, Carly fue al baño, cuando estaba a punto de cerrar la puerta por dentro se coló Santiago, ella se sorprendió, y más cuando él le pasó un brazo por la espalda y la besó, seguramente lo más lógico hubiera sido apartarse y largarse de allí, pero ella reaccionó metiéndole la lengua en la boca, le devolvió el beso, pero más caliente, con más pasión. Santiago le metió la mano por debajo de la minifalda, con un dedo le fue acariciando el coño de abajo arriba, por encima del tanga, ella se dio cuenta que se mojaba por momentos, le agarró el paquete apretándole la polla. Santiago se bajó los pantalones y la ropa interior, se puso un condón y se sentó en la taza del váter, Carly se acercó a él, se subió la falda a la cintura, se apartó el tanga del coño y se sentó encima de él, metiéndose la polla hasta el fondo. Lo cabalgó a buen ritmo, hasta que se corrió ahogando los gemidos para que nadie los escuchara, luego él se levantó, le apoyó las manos a Carly en el lavabo y le sacó un poco el culo, ella se volvió a apartar el tanga y ayudó a Santiago a meterle la polla en el coño desde atrás, se la folló acelerando los empujones todo lo que pudo. Se corrió llenando el condón de leche, poniéndose una mano en la boca para no gritar. Carly se incorporó, se puso bien el tanga, se bajó la falda y salió del baño sin mirarle a la cara a Santiago. Él se quitó el condón, lo lanzó al váter y estiró de la cadena, después se lavó la polla, mientras lo hacía se miró en el espejo sonriendo, había perdido muchos momentos hablando con Carly, con la sola intención de que pasara lo que pasó en aquel baño, y realmente había valido la pena, Carly follaba muy bien. Se secó la polla con la toalla de las manos, cuando salía del baño volvía a sonreír, pensando que la siguiente persona que se secara las manos, lo haría con la misma toalla que se había secado él la polla. —Te lo follaste.— Le decía segura Sabrina. —Me aparté el tanga. —Te lo follaste. —Sí, me lo follé, fue un desliz, un calentón muy mal gestionado… —¡Y tan mal gestionado guapa! ¿Y Daniel qué? Te quiere mucho, te adora, está enamoradísimo de ti ¿Cómo le has podido hacer esto? No lo entiendo Carly. —Yo no quiero hacerle daño a Daniel, yo también le quiero mucho. —Pues hija, no se nota la verdad. —Ya vale… no sé qué hacer.—Volvía a llorar Carly. Sabrina esperó, a que Carly se secara con un pañuelo de papel las lágrimas que resbalaban por su cara. —Mira, tú eres mi mejor amiga, somos algo más que amigas, pero Daniel, siempre ha estado cuando lo he necesitado, es un buen amigo. Yo solo tengo clara una cosa, tienes que hablar con él, no puedes seguir con Daniel sin explicarle lo que ha pasado, él tiene que saberlo, no puedes seguir una relación con engaños. Se miraban las dos amigas, Carly sabía que Sabrina tenía razón. Y Sabrina sabía que sus amigos, iban a pasar una mala temporada.
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