Al día siguiente, viernes, Sabrina estaba trabajando, el bar estaba casi lleno, no paraba de llevar bandejas de bebidas sirviéndolas por las mesas, volvía a la barra, le llenaban la bandeja otra vez y ella volvía a servirlas lo más rápidamente que podía. Iba para la barra, cuando vio entrar a Carly y Daniel agarrados de la mano, se pararon junto a ella, Sabrina miró a los ojos a Carly, se dio cuenta que todavía no le había dicho nada a Daniel.
—Al final queda alguna mesa libre ¿Tomaréis lo de siempre?
Le dijeron que sí, pidió las bebidas en la barra, le llenaron de nuevo la bandeja, las fue repartiendo y llegó con los dos últimos gin tonics a la mesa de sus amigos.
—¿Te podrás sentar un rato con nosotros en el descanso?— Le preguntó Daniel.
—No creo chicos, ya veis como está esto hoy.— Se excusó Sabrina.
Siguió trabajando, aunque de vez en cuando, iba mirando la mesa donde estaban sentados Carly y Daniel, desde luego no parecían muy contentos, estaban serios. Estaba esperando en la barra que le pusieran en la bandeja varias comandas, cuando se le acercó Daniel.
—Carly ha ido al baño, está muy rara ¿Tú sabes algo Sabrina?— Preguntaba preocupado Daniel.
—Daniel, si Carly está rara, pregúntale que le pasa…
—Eso es lo que llevo haciendo toda la puta tarde ¿Qué te crees? Que no lo he hecho ya, pero no me dice nada, es… como si no me quisiera contar algo, no sé, está rara, lo que te he dicho antes.
Sabrina no sabía que decirle, por suerte apareció Carly del baño y agarrando a Daniel del brazo, se lo llevó de nuevo a la mesa. Sabrina acabó muy cansada aquella noche, sus amigos se habían ido hacía un rato, no estaba la cosa como para salir de copas con ellos, así que se fue directamente a su casa a dormir.
Cuando se despertó el sábado, era el medio día, llamó a Carly.
—¿Cómo estás?— Le preguntó tal como le descolgó el teléfono.
—Bien, bueno de esa manera, te lo puedes imaginar.
—¿Se lo has dicho ya?
Se hizo un silencio.
—Todavía no, es que no sé cómo decirle algo así.
—Pues con sinceridad ¿Cómo se lo quieres decir?
—No sé, es que no quiero hacerle daño.
—Mira Carly, más tarde o más temprano tendrás que hacerlo, cuanto más tardes peor será, tú misma.
—Ya lo sé Sabrina ¿Te crees que para mí es fácil? Oye tengo que dejarte, ya seguiremos hablando.
Antes que Sabrina pudiera decir algo ya le había colgado, la dejó con la palabra en la boca. Por la noche no aparecieron por el bar, eso le extrañó a Sabrina, a lo mejor es que ya se lo ha dicho y no están para fiestas, pensó.
Al día siguiente al despertarse, volvió a llamar a su amiga Carly. No le cogió el teléfono, lo intentó varias veces durante una hora, ni caso, eso sí que le pareció raro.
No pudo hablar con ella durante todo el domingo, el lunes se encontraron justo antes de entrar en la facultad.
—Oye, no me cogiste el teléfono ayer en todo el día ¿Te pasa algo?
—Ahora no es el mejor momento para hablar vale, ya lo haremos luego.
—Chicos, he visto la lista, o sea, nosotros seremos los últimos en hacer la presentación del proyecto.— Les informaba Mercedes, con su manita levantada sujetando el bolso.
Entraron en el aula, ese día los grupos de trabajo se sentaron juntos. Fueron exponiendo uno a uno todos los demás proyectos, hasta que les tocó a ellos, el profesor nombró al grupo, Mercedes, abrió su bolso, sacó su portátil y se dirigió a la mesa del profesor, conectó el cable del proyector al ordenador y lo abrió, a los pocos segundos apareció la primera imagen, un murmullo se escuchó por todo el aula, una imagen a vista de pájaro del hospital los había impresionado.
Mercedes, tosió levemente, poniéndose educadamente y finamente la mano delante de la boca, empezó a hablar, las imágenes se iban sucediendo, Mercedes se venía arriba, acabó haciendo una presentación impresionante, sublime. Cuando acabó, toda el aula empezó a aplaudir, sus compañeros de proyecto, en pie, la aplaudían y jaleaban gritando de alegría. Mercedes dio unos pasos para delante, se paró y con una sonrisilla fue girando la cabeza, mirando toda la clase, como la aplaudían, algunos de pie. Pensó que ese era su gran momento, el momento que había estado esperando toda la carrera, el reconocimiento de todos a su trabajo, miró a sus compañeros, Celestina, ‘Celes’ para los amigos, se hacía polvo las manos aplaudiendo, hasta le pareció ver que le caía alguna lagrimilla de la emoción, los demás le gritaban con unas caras de alegría tremenda, hasta Sabrina, con la que se intercambió una mirada de agradecimiento, gracias a ella podía tener ese momento tan mágico. Cuando la gente paró de aplaudir, tranquilamente, desconectó el portátil del proyector, se lo puso debajo del brazo y se juntó con sus compañeros, volvieron a gritar y saltar todos juntos abrazados, como un grupo bien avenido, todos a una.
Finalmente, el profesor dio por acabada la mañana. Los alumnos fueron desalojando el aula, el grupo seguía festejando su presentación, todos sabían que les pondrían una muy buena nota. Cuando ya no quedaba casi nadie, decidieron salir ellos, al pasar por el lado del profesor se fueron despidiendo de él.
—Sabrina ¿Puedes quedarte un momento por favor?— Le preguntó el profesor.
Ella lo confirmó con la cabeza, no tenía ni idea de que quería decirle. El profesor esperó que todos abandonaran el aula.
—Sabrina, he escuchado atentamente la presentación de Mercedes, ese magnífico proyecto, es tuyo ¿Verdad?
—El proyecto es de todos, señor.
—Ya sé que eres muy prudente, que no te gusta llamar la atención. Sabes, estudié con mucha atención el trabajo que presentaste el primer trimestre, gran trabajo por cierto, pues este, tiene tu huella, se nota a kilómetros de distancia. Excelente trabajo Sabrina.
—No sé qué decir señor.— Se ruborizaba Sabrina.
—No hace falta que digas nada, y otra cosa, lo que he visto en vuestro grupo, esa unión, esa manera de apoyarse todo el grupo, hacía muchos años que no lo veía en ningún otro, y eso también es gracias a ti, has sido una gran líder, has sacado lo mejor de cada uno de ellos…
—Yo no he sido la líder de nada señor.
—Ya lo creo que lo eres, solo había que ver cómo te miraban los demás, hasta Mercedes te ha mirado con agradecimiento, y eso que a esa chica le cuesta ser agradecida, te lo digo yo. Has conseguido, que hasta Mercedes hiciera un gran trabajo, que sublime presentación ha hecho la chica, claro que presentar este excelente proyecto no es difícil. Sabrina, vas a ser una gran arquitecta, no lo dudes. Me quedan muy pocos años para jubilarme, te aseguro que gente tan preparada… tan preparada y con tantas buenas ideas como tú, solo lo he visto dos o tres veces como mucho en todos los años que llevo en estas clases. En fin, solo quería felicitarte, perdona a este viejo si se ha puesto un poco pesado.
El profesor hizo que Sabrina riera, le estrechó la mano felicitándola y se marchó. Sabrina salió al pasillo, la esperaban sus compañeros.
—¿Qué te ha dicho?— Preguntó uno de ellos.
—Varias cosas, la conclusión que he sacado es que nos van a poner un diez por este trabajo, felicidades chicos.
Volvieron a juntarse y saltar todos juntos.
—Un momento, Carly ¿Dónde está?— Preguntó sorprendida Sabrina.
—Se ha ido en cuanto hemos salido del aula.— Le contestó Mercedes, señalándole con la cabeza la puerta de salida.
Sabrina se entristeció, se dio cuenta que Carly, su mejor amiga, la evitaba, no quería hablar con ella, ya entendía que se había metido en algo muy gordo, poniéndole los cuernos a su novio, pero de ahí a no querer hablar con ella, lo encontraba muy exagerado.
—Enhorabuena por el trabajo Sabrina.
Escuchó y se giró, allí estaba Carlos con una sonrisa felicitándola.
—¿Qué haces aquí Carlos?
—Bueno, aparte de que esta es mi facultad, mi hermana me ha dicho que ahora ibais a celebrarlo en la cafetería y me he apuntado.
—Mira, de verdad, esto empieza a parecer acoso…
—Lo siento, lo siento, no era mi intención, ni mucho menos.— Se disculpaba Carlos.
El grupo empezó a caminar saliendo del edificio, Carlos se quedó dentro, en medio del pasillo, con las manos en los bolsillos, mirando a Sabrina por detrás, como le gustaba su culo. Sabrina caminaba pensando, tal vez había sido un poco borde con Carlos, después de haber estado en su casa invitada a zumos y una fiesta durante meses, lo mínimo que podía hacer era ser agradecida. Se giró justo antes de salir por la puerta.
—Carlos, perdóname, no debía haberte dicho lo que te he dicho, ven con nosotros por favor.
Carlos sonrió, caminó rápidamente para juntarse con ella, cuando estaba cerca abrió los brazos, para abrazarla en agradecimiento.
—Tampoco te pases.— Le soltó Sabrina traspasando la puerta de la facultad.
—Claro, perdona.
—No tienes que estar pidiendo perdón cada dos por tres, hombre.
—Qué gran proyecto habéis hecho, el mejor de todos sin duda.
—¿Ahora toca hacerme la pelota?
—¡Joder tía! ¿Cómo estás hoy?
—Lo siento, ahora soy yo quien se disculpa, es que no estoy muy fina hoy.
Sabrina intentó ser amable con él, lo celebraron un buen rato todos juntos en la cafetería, pero ella no se podía quitar de la cabeza el comportamiento tan extraño de su amiga Carly.
Carly, a media tarde esperaba en la acera a alguien, un coche deportivo se paró delante de ella, bajó la ventanilla del acompañante.
—Venga sube, vámonos de aquí.— Era Santiago ella le sonrió y se subió en aquel cochazo.