Sin Tonterías

1551 Words
El mismo día por la tarde, que Sabrina dio el paseo tan agradable con Carlos, su amiga Carly, por la que estaba tan preocupada, miraba al cielo dejando la melena despeinarse con el viento, sonreía y relajaba el cuello moviéndolo de lado a lado, viajaba de acompañante en el flamante deportivo descapotable de Santiago, o mejor dicho, el flamante deportivo de su padre. Él le propuso parar a tomarse un chupito, ella aceptó, después del primero vino el segundo y el tercero. Siguieron el camino ‘tocados’ por los chupitos hasta llegar a la casa de Santiago. Entraron y se dirigieron al gran salón con vistas al jardín, se oía música, Santiago abrió la doble puerta corredera, en el salón abrían unos siete u ocho tíos, según pudo contar Carly de un golpe de vista. —¿Y esto? ¿Has montado una fiesta?— Santiago la miraba con una sonrisilla. —La fiesta te la he montado a ti, quiero que te los folles a todos. —Pero que dices ‘retrasao’— Le contestó rápidamente Carly. —Mira, haz lo que te digo y te irá muy bien, te regalarán cosas, mejorarás tu nivel de vida… —¿De verdad crees que tengo que mejorar mi nivel de vida? —Va tía ¿De verdad te creías que beber champán y vivir de puta madre te saldría gratis? —No, pensaba que estaba iniciando una relación con alguien normal. —¿Una relación? No me jodas Carly, tú no eres tan inocente. —Pues aunque no te lo creas, sí que lo soy.— Respondía Carly, mirando aquel grupo de pijos repeinados. —Sino lo haces no vas a vivir tranquila nunca más… —¿Ahora me amenazas? Que cojonazos tienes tío. Mira, tengo una idea, pon tú el culo y que te follen todos, uno detrás de otro, verás cómo te gusta hijo de puta.— Dijo Carly levantando la voz, para que todos la escucharan. Se dio media vuelta y salió de aquella casa, fue hasta la parada del autobús, no tardó mucho en pasar uno al que se subió. Sentada mirando por la ventanilla se relajó, se le estabilizó la adrenalina y dos lagrimones le bajaron por las mejillas, seguidos de muchos más, lloraba mucho. Y no lloraba por lo que le había pasado a ella, lloraba por ser una gilipollas, por intentar olvidarse de la gente que más la quería, por ser tan ilusa, por creer que podría tener una gran vida con alguien como Santiago, por pensar que un coche o una casa impresionante puede dar la felicidad. Carly llegó a su casa en un momento que no había nadie, pensó que había tenido suerte, no tenía ningunas ganas de dar explicaciones. Se encerró en su habitación, se tiró literalmente encima de la cama a llorar, el mundo se le caía encima. Sus padres llegaron a la casa, estuvieron un rato moviéndose arriba y abajo, cenaron y miraron un rato la televisión. Fue, cuando se fueron a dormir, que su madre vio la puerta de la habitación de Carly cerrada, eso le extrañó, cuando ella no estaba siempre la dejaba abierta. Se acercó y escuchó pegando la oreja a la puerta, pudo oír a su hija llorar, Higinia hizo una mueca, lo de Daniel está durando demasiado pensó. Dio suavemente unos golpecitos en la puerta. —Carly ¿Estás bien? ¿Te hace falta algo?— Preguntó casi susurrando su madre. —Estoy bien, mañana hablamos, necesito estar sola. Contestó Carly sin dejar de llorar, no engañó a su madre, Higinia vio claramente que Carly estaba muy mal. Hizo otra mueca de preocupación y se fue a su habitación, cuando se metió en la cama Josh la vio preocupada. —¿Pasa algo?— Preguntaba Josh al ver la cara de su mujer. —La niña, está encerrada en su habitación y nosotros ni enterarnos. —¿Y eso? —Está llorando Josh, se le nota que ha llorado mucho, ni ha cenado, está muy preocupada por algo, mañana intentaré hablar con ella. —Este enfado con el novio le está afectando demasiado, a lo mejor mañana hablo con Daniel.— Decía Josh serio. —No hables con nadie, puede que sea algo más que una simple discusión de novios como nos pensábamos. El matrimonio se miró preocupado, se dio el beso de buenas noches y se tumbaron, se tumbaron, porque ninguno de los dos pudo dormir bien esa noche. Como cada día Higinia y Josh se levantaron pronto, para desayunar juntos antes de que él se fuera a trabajar. Higinia se acercó con cuidado a la puerta de la habitación de Carly, escuchó, no se oía nada, seguramente este durmiendo, pensó. Josh se fue a trabajar, su mujer fue pasando toda la mañana escuchando la puerta de la habitación, un par de veces intentó abrirla sin hacer ruido, no pudo, estaba cerrada por dentro. Cuando escuchó ruido dentro llamó. —Carly cariño, sal a desayunar y hablamos. —No tengo hambre mamá. Le contestaba Carly desde dentro, su madre entendió que ni tenía hambre ni ganas de hablar, antes de separarse de la puerta, pudo oír como Carly volvía a llorar a moco tendido. La dejó tranquila, en algún momento saldrá, pensó Higinia. Carly no salió, llegó su padre de trabajar, la primera noticia es que seguía encerrada sin querer salir llorando sin parar. —Tiene que salir ya.— Le decía Josh a su mujer. —No quiere, no sé cómo convencerla. —Llama a su puerta, sino sale, tienes que hablar con ella por lo menos. Esta vez se acercaron los dos a la puerta de la habitación, Higinia volvió a llamar suavemente. —Déjame tranquila, mamá por favor… —Abre la puta puerta de una vez o la tiro abajo de una patada, tú misma.— Gritó Josh, dándole un susto de muerte a su mujer que la tenía al lado. Higinia le dio un codazo. —¡Que bruto eres por Dios! Y que susto me has pegado coño.— Le susurraba a su marido. —Está bien, ya abro.— Dijo desde dentro Carly con un hilillo de voz. —Lo ves, ya abre, entra y habla con ella, o prefieres que lo haga yo. —Tú ya has hecho suficiente, ves a tomarte una cerveza y deja que hable yo con ella, que tú delicado no lo eres mucho precisamente. —Sí, eso es verdad, siempre he sido un poco bruto. Decía Josh, mientras caminaba en dirección a la cocina para ‘pillar’ una cerveza. Higinia escuchó como Carly quitaba el pestillo de la puerta abriéndola, entró despacio, su hija se había vuelto a tirar encima de la cama llorando. —Estás vestida ¿Ni te has cambiado desde ayer?— Preguntó sin respuesta, entendió que así era.— ¿Qué pasa Carly? Nosotros pensábamos que te habías discutido con Daniel, pero me parece que hay algo más. Carly le miró a los ojos, se sentó en la cama y se secó las lágrimas con un pañuelo de papel, Higinia se sentó a su lado, le pasó el brazo por la espalda acercándole la cabeza a su hombro. Carly, al sentir el hombro de su madre, el apoyo de alguien que la quería, rompió a llorar de nuevo. Higinia le sujetaba la cabeza, consolaba a su hija totalmente deshecha, sin saber el motivo que la había llevado a eso. —Mamá. —Sí mi vida. —Me he portado fatal con Daniel y con Sabrina, las dos personas que más quería aparte de vosotros, dos personas muy importantes en mi vida, la he cagado mamá, tomé una decisión muy equivocada, me aparté de ellos por… por… porque soy idiota, porque soy una puta egoísta, cuando ellos siempre me cuidaron… No pudo seguir hablando, rompió a llorar, su madre la abrazó. —Mira nena, no sé qué ha pasado, ni me importa. Pero tienes que verlos y aclarar las cosas con ellos. —Me van a enviar a la mierda ¿Cómo me voy a presentar delante de ellos? Higinia la agarró por los hombros, la puso delante de ella y le miró directamente a los ojos. —Te vas a presentar con los mismos cojones que has tenido para cagarla, con los mismos cojones que tienes para aceptar que te has equivocado, si la culpa es tuya, apechuga y acepta las consecuencias. En esta casa nunca nos hemos rendido Carly, hemos luchado siempre, nosotros para darte una vida mejor, y tú, para estudiar, tener una carrera y ser alguien en la vida. No me jodas, no me digas que te vas a rendir, si de verdad los quieres hablarás con ellos, y si ellos te rechazan te jodes y lo aceptas, pero deja de lamentarte coño. Carly miraba a su madre, con los ojos abiertos como platos, sabía que tenía carácter, pero hablarle de aquella manera, decirle las cosas tan claras y con tanta razón, la dejó sin habla, sin respuesta. —Ahora, dúchate que vamos a cenar, ya está bien de tonterías. Higinia salió de la habitación, Carly se empezó a desnudar. Cuando llegó al salón, Josh la miraba sin dejar de beber cerveza, se sentó a su lado, él dejó la cerveza en la mesita.
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