Carly y su novio Daniel, esa misma mañana habían llegado al hotel que habían escogido en un bonito pueblo de montaña. Pegaron un buen polvo y estaban descansando los dos desnudos encima de la cama.
—Dime una cosa cariño, es que tengo curiosidad en saberlo.— Carly miraba a su novio mientras se lo decía.
—¿Qué quieres saber Carly?
—Te lo voy a preguntar sin rodeos ¿No has pensado nunca en hacer un trió?
—¡Joder Carly! Que pregunta.
—Si no quieres no me respondas, ya entiendo que es una tontería.
—No, no, puedo responderte, no pasa nada, tenemos confianza ¿No?
—Siempre la hemos tenido cariño.— Respondía segura Carly.
—A ver, si te digo, que no me gustaría follarte a ti y a otra tía a la vez, no me vas a creer…
—Claro que no te creería, ya sé que tonto no eres.
—Ya, sí que he pensado cariño ¿Pero sabes qué pasa? Que pensar en que otro tío te este follando me mata de celos ¿Tú como lo ves?
—Bueno, la verdad es que he fantaseado en cómo debía ser montárselo con otra chica…
—¡Joder! Daría un ojo de la cara por verte en la cama con otra tía.
—¡Ah! Eso si te gustaría cabroncete.
—Me pondría muy cachondo la verdad.
—Ya me lo imagino. Si fuera un tío no te gustaría tanto.
—Me moriría de celos Carly. Y mira que alguna vez lo he pensado y me pone, pero verte en directo con otro me haría daño, una cosa es fantasear y otra muy distinta vivirlo en directo.
Carly sonreía y le acariciaba la polla.
—Pues parece que te excita, la vuelves a tener dura.
—¿Te gustaría fantasear? ¿Qué harías? Si aquí, al otro lado, tuvieras a otro tío en pelotas y bien dotado.
En ese momento, Carly le estaba haciendo una paja mirándole a los ojos.
—¿Quieres que te lo diga? Que te vaya explicando lo que haría con dos pollas para mí.
—Me estás poniendo muy caliente nena…
—Ya lo veo, se te está poniendo la polla como una piedra de dura.
Carly le hacía una paja muy lenta, pasándole la mano desde la punta hasta la base, apretándole los huevos con la otra mano.
—Cuéntame qué harías si hubiera otro tío a ese otro lado.
Carly se mordió el labio, se estaba poniendo cachonda solo de pensarlo.
—¿Ves la paja que te estoy haciendo?— Daniel se lo confirmaba con la cabeza, levantándola y bajándola lentamente.— Pues le agarraría la polla al otro tío, y le haría lo mismo que a ti. Estiró el brazo, puso la otra mano como si le estuviera haciendo una paja a otro, la movía arriba y abajo.
Daniel abría los ojos como platos, se imaginaba una buena polla en medio de la mano de su novia, como le subía y bajaba el pellejo, igual que le hacía a él.
—Ahora, te la voy a chupar mientras no dejo de pajearlo.— Dijo Carly metiéndose su polla en la boca.
Mientras se la chupaba con ganas a su novio, la otra mano seguía moviéndose arriba y abajo, pajeando otra polla. Luego cambió las posiciones, pajeó la de Daniel y simuló estar chupando otra.
—Ven, ponte de pie delante de mí, apóyate en el cabecero.— Mientras Daniel se colocaba, ella se subía encima de un cojín.
—Ahora vas a ver cómo me meto la polla de ese tío.— Metió una mano debajo de su cuerpo, como si le agarrara la polla a otro tío que tenía debajo, movió el cuerpo como si se la hubiera metido y empezó a cabalgar la almohada.
Daniel miraba al techo de la excitación, Carly le agarraba la polla y se la chupaba pensando que se estaba follando a otro que tenía debajo. Le chorreaba tanto el coño que estaba manchando la almohada.
—Ya está bien, no aguanto más.— Levantó la voz Carly excitadísima.
Estiró a Daniel en la cama boca arriba, le agarró la polla, se subió encima y se empaló hasta el fondo dando un grito. Colocó una mano a cada lado de la cabeza de su novio y lo cabalgó al galope, Carly cerró los ojos, cabalgaba salvajemente a su novio y se imaginaba que otro tío se la follaba por el culo. Nunca se la habían metido en el culo, Daniel tenía la polla muy gorda y le daba respeto. Pero en ese momento se lo imaginaba, Daniel resoplaba, eso quería decir que pronto se correría. Se mojó un dedo con saliva, lo llevó hacia atrás y poco a poco se lo metió en el culo a Carly. De la impresión empezó a correrse como una loca, su novio no aguantó más llenándole el coño de leche.
Fantasearon y se lo pasaron bien, se excitaron mucho y se corrieron como campeones. Después dormían uno al lado del otro descansando. Lo que no sabía Carly, era que en ese momento, sus padres también habían follado como leones. Coincidencias de la vida.
Dos semanas más tarde, entró Sabrina en su casa. Victor escuchó cómo se abría la puerta y se cerraba, después, un corretear de pasos, apareció su hija en el salón.
—¿Tienes prisa?— Preguntaba Victor, riéndose de la cara risueña que tenía su hija.
Sabrina, sin decir nada, estiró el brazo dándole un papel doblado.
—¿Y esto? ¿Es la nota del trabajo?
Sabrina seguía callada, sin decir nada, solo sonriendo. Él abrió el papel, miró la nota, dobló de nuevo el papel y se lo devolvió a su hija.
—Lo sabía, tienes un don cariño.
—Un diez papá, un diez, es la primera vez que saco uno.
—Sacarás más, seguro, cada proyecto que hagas será de diez, tienes un don ya te lo he dicho.
—Muy seguro estás tú.
—¿Qué hacemos? ¿Lo celebramos o algo? Vamos al Bar Mariah y comemos algo allí para cenar ¿Qué te parece?
Su hija seguía mirándole con una sonrisilla.
—Claro que sí papá, como tú quieras.
Entraron los dos en el Bar de Mariah.
—Hola parejita, cuánto tiempo sin verte Sabrina, cariño, podías haberte pasado por aquí de vez en cuando.— Les saludaba una alegre Mariah.
—Sí Mariah, tienes razón, es que he estado liada últimamente.
—Venimos a celebrar el primer diez de Sabrina en la universidad.— Cambiaba la conversación Victor.
—No me digas ¿Qué bien no? Sabrina estás hecha una fiera nena. Va, donde queréis sentaros.
Se sentaron en una mesa al final del local, pidieron unos bocadillos, Sabrina un refresco y Victor una cerveza. Mariah se lo sirvió todo y se sentó con ellos.
—Dime Sabrina ¿Cómo te van las cosas?— Le preguntaba Mariah.
—Bien, muy bien, ya ves, saco un diez y todo en los estudios.
—Ya sabía yo que con ese novio que ibas no te convenía.
—Eso ya es cosa del pasado, un error de juventud.— Se cachondeaba Sabrina.
—Victor, esta niña es muy lista.— Reía Mariah.
—Que me vas a decir a mí Mariah…— Contestaba Victor.
—¡Ey! Si he sacado un diez ha sido gracias a él.
—No es verdad, todo lo ha hecho ella, yo solo le di unos consejillos.
—Me gusta veros tan contentos.— Finalizaba Mariah la conversación levantándose.
En esos momentos entraban al bar Carly y Daniel. Sabrina levantó la mano para hacerse ver, Carly la vio y Victor les invitó a sentarse con ellos. Cuando estaban los cuatro sentados llegó de nuevo Mariah.
—Hola parejita ¿Qué queréis tomar?
Les pidieron dos bocadillos más, otro refresco y otra cerveza para Daniel.
—¿Y a ti Carly? ¿Cómo te ha ido el proyecto?— Preguntaba interesado Victor.
—Muy bien, ha sacado un ocho…— Se adelantaba Daniel.