CAPÍTULO 1: FIESTA.

3042 Words
La vida de un adolescente no es nada sencilla debido a los cambios de hormonas que uno experimenta o esa era la excusa que Pete le daba a sus padres cuando cometía cosas indebidas. Él era el menor de la familia Kim, asistía a la universidad y tenía una vida común como cualquier chico de veinte años, no había nada interesante que se pudiera decir. Si bien, no solía ser el más hablador de entre sus cinco amigos pero tampoco era un aguafiestas. Le gustaba ser alegre con personas que conocía pero fuera de ello podría parecer alguien muy cohibido. Para Pete el amor no era algo que estuviera de su parte, era algo que quería alejar de su vida, inclusive comenzaba a auto llamarse una persona no romántica pero claramente eso no era así debido a que había muchas personas que llamaban su atención pero las múltiples decepciones amorosas lo hicieron limitarse a eso, a solo observar.   Su primer novia había sido una chica de su curso de tercer grado, había aceptado ser su novio debido a que ella lo defendió de unos bravucones, era una niña con un poco de peso de más, siendo así la chica gordita del salón. A Pete poco le importaba eso porque era una buena chica, sin embargo no le gustaba de la manera romántica y aquello le torturaba, a final terminó con ella haciéndola llorar y ganando que le lanzara café caliente en los pantalones; Desde ahí prometió no volver a salir con una chica, simplemente no se sentía cómodo gustado de chicas en general.   Fue así que descubrió sus verdaderos gustos, cuando tuvo su primer crush en un niño australiano que conoció en un viaje por parte del trabajo de su padre cuando tenía apenas nueve años de edad. Según el castaño era simplemente arte en toda su expresión, había viajado hasta Australia para pasar las vacaciones de verano y todo había sido genial a excepción que el menor no conocía el idioma en absoluto, solo se comunicaba con aquel chico en señas y alguna que otra pequeña palabra. Cuando tuvo que decir adiós le pidió su número telefónico para seguir en contacto pero antes de ello decidió confesar lo que sentía. Había estado practicando aquellas palabras, las dijo a la perfección y se sintió bien hasta que el contrario le dijo «No soy gay ».             Ese era Kim Pete, aquel rubio que ya no quería esperar nada de nadie, no creía en el destino o en el verdadero amor y nadie iba a hacerlo cambiar de opinión. La cafetería los días martes era de las más concurridas porque claro estaba que ese día las promociones al dos por uno eran las que más se veían anunciadas por lo alto de los espectaculares escolares. La Universidad Knowledge era una de las más prestigiosas en Seattle y los que asistían ahí eran el As de la ciudad.   Un chico de cabellos rubios caminó con endeblez hacia la mesa donde uno de sus amigos se encontraba sentado; Pete era su nombre, un estudiante de medicina que siempre iba a todos lados demasiado desinteresado, Pete era considerado un estrella de la facultad debido a su aspecto, él era alto, sobrepasando el metro ochenta, su espalda era ancha, sus labios formaban un lindo corazón y su cabello rubio resaltaba su rostro.  Las clases habían sido demasiado pesadas, lo único que su mente pensaba era en querer comer hasta reventar uno de los botones de sus jeans. Cuando llegó a aquella mesa dejó caer su cuerpo con estruendo llamando así la atención de August, uno de sus mejores amigos; August se distinguía entre la comunidad universitaria por ser aquel chico con aires de superioridad y egocentrismo, era bastante atractivo, poseía una piel pálida y cabello n***o que contrastaba a la perfección pero para Pete, August solamente era su amigo y no sentía ninguna mínima atracción por él. — ¿Qué pasa pequeño Pete? —el chico de tez pálida le miraba divertido. — Clase de histopatología —suspiró. Mientras el castaño acomodaba sus pertenencias sobre la mesa metálica su amigo le ayudaba a ordenar su almuerzo del día. Con lasitud tomó dinero de su monedero y lo colocó frente a él para que al pagar le fuera más fácil.  — Kim, ¿Vas a ir a la fiesta de Josh? —August cuestionó desinteresadamente mientras tenía su móvil en mano.  — ¿Debería ir? —musitó y perdió su mirada en una pequeña patata con kétchup que había tomado del almuerzo de su amigo. — Vamos a ir todos, creo que deberías de ir. — No lo sé, puede que vaya —el rubio metió aquella patata en su boca y su amigo lo miró por un momento, sabía que aquella respuesta era un no asegurado. — Está bien —ignoró aquello y regresó su vista al móvil.             Era verdad que Pete era el que menos asistía a fiestas de su grupo de amigos porque no le interesaban demasiado pero eso no quería decir que no tampoco asistiera a ellas, aún así no era muy tolerante con el alcohol. Una vez vomito el auto de su amigo Tee y este no le habló por una semana debido a la molestia que había causado, volvieron a hacer las paces cuando se ofreció a pagar el lavado del auto y una comida. En otra ocasión casi se desnuda frente a todos en una fiesta organizada por los de último año, todo concluyó cuando su hermano llegó y se lo llevó muy enojado. Y así fueron muchos más desastres cuando decidió ya no beber en las fiestas pero eso implicaba estar aburrido y mejor decidía quedarse en casa.           Con un poco de felicidad regresó a su casa y lo primero que hizo fue quitarse los zapatos para sentir el frío piso. Cuando su cuerpo tocó su cómoda cama lo único que le importó decir fue: «Al fin en casa». El sonido de su teléfono móvil le hizo abrir los ojos de nuevo para seguidamente soltar un pequeño gruñido. El nombre de Tee era el que resaltaba; Tee era otro de sus mejores amigos, debido a él su grupito era conocido como “Diamedge” para hacer referencia que eran los diamantes de su universidad, pues, Tee era demasiado atractivo, sobrepasaba los estándares de belleza; Su piel era de tez canela, era el chico que tenía una sonrisa peculiar debido a que cuando sonreía su boca formaba un rectángulo, su perfil era todo lo que alguien buscaría, era popular debido a que había sido modelo para algunas marcas de ropa, su complexión le ayudaba a todo y así que no importaba si alguien fuera chico o chica ya que se iban a sentir atraídos por él, tal como Pete, quien al principio le amaba con encandilamiento. Le estuvo siguiendo tal y como un acosador por dos meses hasta que descubrió que August era su amigo, así fue como logró congeniar con Tee pero poco duró el enamoramiento que se dio cuenta que estaban mejor como amigos y que solo había sido un amor de paso, nadie sabía de aquel amor platónico, ni siquiera Tee. — Dios, ¿Qué se te ofrece ahora Tee? — ¿Cómo que no vas a ir a la fiesta de Josh? —fue lo primero que escuchó al contestar el teléfono. —  Sí, hola, ¿Cómo estás? ¿Yo? Estoy bien —respondió con ironía. — Contesta mi pregunta. — Nunca dije que no iba a ir. — Pero August dijo que no ibas.  — Ay, le dije que iba a pensarlo pero no creo que vaya, sabes que el alcohol y yo no somos amigos —rió. — Al parecer no eres amigo de nada Pete, pero insisto en que deberías de ir.  — ¿Quieres que vomite tu auto de nuevo? — Bueno, ahora puedes vomitar el auto de Jamil. Jamil era otro chico del grupo de los Diamedge, este era catalogado como el más bonito de todos no por ser demasiado guapo como Tee, sino más bien porque daba demasiada ternura, era un chico bajito con cabellos color naranja y tez clara, cuando sonreía sus ojos desaparecían por completo, esto debido a que era de nacionalidad coreana, a diferencia de Pete que era mitad a******o.   — Pequeño bribón —siseó— No voy a ir. — Pete, si no vas en verdad olvídate que tienes amigos, así que paso por ti el viernes en la tarde —dicho esto Tee colgó la llamada. Un largo suspiró se hizo presente y colocó su móvil en su escritorio mientras regresaba su vista hacia el techo, con flojera se levantó de la cama para comenzar a hacer sus deberes escolares. Tomó su laptop y comenzó haciendo la tarea de biología pero una hora después ya estaba harto de los cromosomas y todo lo que terminase con la palabra omas. Decidió tomar un pequeño descanso y abrió sus r************* en su teléfono móvil, nada interesante se encontraba en ellas hasta que fue i********: lo que captó su atención, había bastante contenido, desde recetas de cocina hasta vídeos de mascotas.  Dio click en seguir a una cuenta de cocina y abajo de esta le desplazó una lista de personas que quizá podría seguir. Entre ellas una que le llamó su atención, una cuenta de las misma red social, pues, estaba repleta de imágenes vintage a la par de aesthetic y tumblr pero sin duda lo que se robó toda la atención fue el dueño de la cuenta, un chico de tez morena y una bonita sonrisa con hoyuelos bien marcados. Sin notarlo ya estaba sonriendo a la pantalla de su móvil y sin darse cuenta había tomado capturas de pantalla de todas las imágenes que le gustaron de aquella cuenta, incluyendo imágenes del moreno.   — A que eres guapo —gritó inocentemente al observar la última imagen que había guardado. El viernes había llegado y con ello la decisión de ir a aquella fiesta o que sus amigos estuvieran molestos con él. Las clases en la universidad lo estaban frustrando de manera sorprendente, no entendía nada de lo que la profesora de histopatología le decía, solo oía la palabra tejidos cada que respiraba y las letras blancas con fondo amarillo de la presentación en power point no le ayudaban en nada. Dudaba en si realmente el haber estudiado medicina había sido una buena elección o que quizá se había equivocado y que su verdadera vocación era ser una planta para solamente hacer la fotosíntesis.   — Que basura —susurró una vez más cuando la profesora cambió de diapositiva y no había anotado nada, estaba notoriamente perdido en el espacio. — ¿Pasa algo? —un chico de cabellos naranjas miró atónito a Pete, estaba seguro que si esa era una escena de alguna serie animada vería a Pete echar humo de su cabeza, el mal humor se le notaba a un millón de millas de distancia. — No es nada —Suspiró.  — Pete, puedes contarme —rió por lo bajo debido a que estaban en el salón de clases.  — Jamil ¿Vas a ir a la fiesta de Josh?   — La pregunta ofende, es claro que voy a ir. — Ugh, ¿Seguro que no te vas a quedar a ver alguna película? ¿Sabes si va a ir Jacob? Aquel nombrado también era uno de los Diamedge, a diferencia que aquel era un poco diferente al resto, también era guapo, se caracterizaba por sus ojos brillantes y sus habilidades en videojuegos, muchas veces ganó medallas para la universidad siendo así uno de los más inteligentes, pero a diferencia de todos los Diamonds, él era demasiado tímido y callado, nadie escuchaba su voz a excepción de sus amigos.  — Pete —le soltó un leve golpe en su brazo. — No voy a quedarme a ver películas, Jacob tiene cosas que hacer y no va a poder venir a mi casa. — Quería unirme a su maratón de películas animadas —resopló. — Supongo que no tengo opción.  — Tee dijo que estaba seguro de que ibas a ir, algo de que te amenazó.  — Supongo que iré —Regresó su vista al frente y se dio cuenta que la clase de ese día estaba jodida y debía pedir apuntes prestados. De nuevo el día se había agotado y tenía que regresar a casa a dejar sus pertenencias para así poder buscar ropa apropiada que llevar a la fiesta. Pete se tenía demasiado amor propio, su autoestima estaba por el cielo pero aun así había cierto egocentrismo que hacía a todos huir de él. Nunca había logrado congeniar con nadie, por más guapo que fuera al final sus relaciones fracasaban y llegaba a pensar que el problema era meramente él. Hacía más de dos meses que se había dado por vencido y no había intentado nada con nadie, solamente era la universidad, sus amigos y él, tomaba clases todo el día, salía a comer con sus amigos pero nada más, eso le desanimaba un poco pero al final del día consideraba que estaba mejor así. Cuando hubo terminado de bañarse se colocó las mejores ropas que tenía para cuando oyó el claxon de un carro ya había terminado. Era Tee quien le esperaba en su mustang. — Príncipe, he venido por usted —Tee le habló con un poco de burla y le abrió la puerta de copiloto para que ingresara.  — Si me alcoholizo será tú culpa, le he dicho a mi madre que todo lo que haga hoy va a ser tú culpa —señaló con su dedo índice de manera amenazante.   — Lo tengo —sonrió y dio marcha al vehículo. Como era de esperarse de una fiesta de universitarios había personas bailando por todos lados, la música llegaba al punto de ser desesperante por lo alto que estaba y ya algunos estaban en condiciones denigrantes. Sin darle importancia ambos ingresaron al hogar del pelirrojo el cual se encontraba en su sala de estar junto con sus otros dos amigos. — Oh, ¿Qué tenemos aquí? ¿Es Kim Pete o sólo es mi imaginación? —Baker se acercó a tomarle una mejilla y actuar sorprendido de sobremanera, un manotazo hizo que se apartara—. — Tan exagerado —viro los ojos— Solo voy a estar un rato, ¿Está bien? Un rato se convirtió en dos horas y dos horas en tres. — Bien, ¿Dónde está August? —Josh lo buscaba con desesperación— ¿Dónde está mi August? —repitió. — Se fue con su novio Jamil —respondió Pete casi gritando por el ruido del lugar. — Ese mocoso siempre me cambia por su novio enano – ¡Oye! Josh, ven a jugar, trae a tu amigo —un chico de cabello pelinegro levantó la mano para llamar la atención de ambos. — Claro que sí —dijo y jaló la mano de su amigo pese a que él se negaba. No tuvo alternativa más que quedarse a jugar aquel juego denominado "Verdad o Reto" aquel típico en cualquier fiesta. Aun recordaba la primera vez que lo jugó, donde le hicieron encerrarse en un armario con un chico que olía mal y quiso aprovecharse de él, no le gustaba nada la idea de volver a jugar aquello pero ahí estaba sentado en aquel círculo implorando que no le tocara a él, pero como siempre, la suerte no siempre suele estar de nuestro lado. — Uh... —una chica musitó con duda mirando a todos— Elijo a Pete. — ¿Yo? — Eres el único Pete de la fiesta —respondió con obviedad y todos se echaron a reír haciéndolo sentir un poco avergonzado— Ya que no tienes ninguna pareja, quiero darte un reto —una pequeña sonrisa de malicia fue dada. — Elijo verdad. — No puedes, ya has tomado verdad dos veces, es hora de un reto —reafirmó la castaña— Te decía, como no tienes pareja... — ¿Quién te dijo que no tengo pareja? —el rubio enarcó una ceja, él más que nadie sabía que no tenía un novio o algún pretendiente pero de solo pensar que le iban a poner un reto que involucrara tenerlo soltero le aterraba a escalas altas—. — Todos saben que no lo tienes, eres el último chico de la universidad que lo tendría —la chica se burló— Ahora toma el reto, debes ir donde la chica de ahí y decirle que vaya a un lugar más cómodo —remarcó aquellas últimas palabras con doble sentido— Ya sabes, ir a una habitación y tener un polvo.   Se heló por completo, ¡Claro que no iba a ir donde esa chica a follar! — No puedo hacerlo, he dicho que tengo novio. — ¡Claro que no lo tienes! — ¿Por qué estás tan segura de tus palabras? —Enarcó una ceja con duda y enojo— No es como si fuéramos amigos cercanos para que lo digas. — Venga, entonces demuéstralo, dinos quién es tu novio. – ¿Quién te crees para obligarme? He dicho que no eres nadie —contraatacó enojado. — Solo di que no lo tienes y que eres un fracasado para cumplir el reto. Kim Pete estaba hecho un lío, un manojo de enojo, rabia e ira le estaban traicionando, la oxitocina en su cerebro estaba queriendo salir debido a ello. Algo que no permitía Pete era que le dañasen su orgullo e imagen, por eso estaba enojado porque todos estaban burlándose de él. Sin pensar sus actos sacó su móvil y fue directo a su galería, como por un milagro se encontró con la imagen del moreno que había seguido por i********: y sin dudarlo fue esa foto la que le mostró a todos. — Él es mi novio —la seguridad en su voz era notoria que nadie lo estaba dudando, excepto por su amigo Josh que hasta parecía que el alcohol había dejado su organismo por sorprendente noticia— Ahí lo tienen, ¿Felices? —de nuevo metió su móvil a su bolsillo trasero. — Bien, ya nos quedó claro —con molestia la chica viro los ojos y Pete se sintió triunfante— Sin embargo no te creo —soltó con ironía— ¡Míralo! Parece un modelo, debe ser una broma tuya. — Pete nunca mentiría respecto a tener una pareja, yo lo conozco bien —ahora era Josh quien intervenía en la discusión. — Entonces que lo demuestre —retó la chica— Llévalo a la fiesta de fin de semestre —sentenció— O de lo contrario… Quedarás como un ridículo mentiroso. — ¡Pero claro que lo llevaré! Así que prepárate para tragarte tus palabras zorra asquerosa.   Estaba de acuerdo que el insulto estaba de sobra pero también estaba de acuerdo que él iba a cavar su propia tumba. Estaba en serios problemas.
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