Partieron hacia Gretna Green en la madrugada, a pesar de que en Londres el caluroso verano estaba llegando, el frio de las altas montañas escocesas aún no se había disipado, anticipándose a eso, Ares había preparado varios ladrillos calientes para que Dalia viajara más cómoda en el carruaje. Rupert insistió en que se llevaran un lujoso cabriolé que había ganado en una partida de whist la semana pasada, cuando Dalia y él intentaron negarse, Rupert alegó muy orgulloso que era su regalo de bodas. No llevaron nada más allá que sus ropas y la ambición de que al regresar, ambos serían esposos. Antes de pasar la frontera que separaba a Inglaterra con Escocia, pararon en una posada para cambiar los caballos, Dalia aprovechó para estirar las piernas y Ares fue a dar una vuelta por los establos pa

