Se había escabullido como un ladrón por los jardines traseros de los condes de York. Ares observaba entre las sombras a la abarrotada multitud a través de los grandes ventanales del salón de baile de Ronder House. La música se escucha por las puertas abiertas y las personas entraban y salían por la puerta principal. No tenía ganas de socializar con nadie y menos aún de fingir buenos modales, lo único que quería era verla, de ahí que estuviese escondido detrás de aquellos matorrales como un vulgar ladrón. Recorrió con la mirada atravesando toda la multitud hasta que su vista atrapó un destello dorado por un pequeño hueco que quedó libre de un grupo de hombres que rodeaban a una dama, cuando uno de ellos se movió dejando libre un espacio, Ares se paralizó. Allí, cómo una Artemisa bañada en o

