Dalia contemplaba embelesada la mirada oscura del Marqués. El aire se sentía hipnótico y solo se oía el crepitar de las llamas provenientes de la chimenea. Debería sentirse preocupada y asustada por estar encerrada en aquel despacho con él pero sorpresivamente se sentía a salvo. Él permanecía de pie, frente a ella, esperando su respuesta. ¿Qué favor le pediría a Ares si existiera? Te pediría a ti. Dalia se horrorizó ante el absurdo pensamiento que se abrió paso en su mente apenas la pregunta le fue hecha. No...—Protesto. No podía lastimarse de aquella manera, no podía jugar a ser una polilla atraída por el fuego...se quemaría. ¿Es que acaso se había vuelto loca? El Marqués arqueo una ceja esperando su respuesta. Dalia respiro hondo y se obligó a esbozar una sonrisa. —Yo le pedir

