Bethnal Green estaba silencioso. Las puertas del club de boxeo estaban cerradas, las prostitutas que negociaban sus favores en esquinas oscuras no estaban y en el burdel de madame Renata el letrero de cerrado colgaba en la puerta. Esta noche, Ares había cobrado sus favores. Dentro del despechado de Ares, Rupert miraba abstraído su vaso de coñac, con su dedo índice tocaba el borde del escritorio provocando un ruido sordo del cual no era consciente, un ligero tic que de haber estado presente Ares le hubiera fastidiado. Rupert quién siempre se jactó de odiar todo tipo de cursilerías y sentimentalismos baratos, se sentía contra todo pronóstico. . . Sentimental. No hace ni media hora Ares se había ido por esa puerta sin ninguna garantía de volver, dejando un sentimiento de vacío que aún no se

