— ¡Oh Sebastián no puedo creerlo! Por fin te vas a casar. Ares trataba de sonreír con animosidad ante el entusiasmo de lady Richmond por su compromiso. Desde que se enteró no había hecho otra cosa que acosarlo con preguntas acerca de Dalia y había insistido muy fervientemente en que se sentara a desayunar con ella. Acordándose que debía imitar a la perfección a Sebastián, sonrió muy abiertamente y estuvo atento a cada palabra que salía de la boca de su...madre. El viejo duque y Charlotte estaba en el otro extremo de la mesa, todos estaban concentrados en la comida y Ares trataba de recordar cual jodido cubierto era el que se utilizaba para partir el pan. —Nunca pensé que lady Dalia pudiera ser de tu gusto, pero eso no importa—dijo lady Richmond barriendo el aire con una mano en un gest

