Me encuentro en cuclillas frente a Thomas degustando y verificando el sabor a chocolate de mi lubricante. ¡Y si sabe a chocolate! Escucho salir de los sabios de Thomas unos gemidos muy sensuales que son música para mis oídos. Me gusta ver cómo hago que se retuerza de placer y casi termine en mis labios, pero se contiene y gruñe —Ven acá, que quiero hacerlo como se debe—Me dice mientras me toma por los brazos, me levanta y lanza a la cama —Te devolveré el favor—Me susurra mientras abre mis piernas y usa el lubricante en mí. ¡Esto es la gloria! Sentir como sube y baja rápido su lengua, mientras me introduce sus dedos muy dentro de mí. Todo pasa tan rápido y perfectamente sincronizado que no tardó en retorcerme de placer y sentir esa sensación de placer inigualable que conti

