Invitando a Sam

1365 Words
- ¿Estás seguro de que lo haces sólo por intentar enmendar en algo todo lo que le pasó? La pregunta de Dawson aún pesa en mi cabeza. Y la respuesta es si. Estoy seguro. Pero entonces... ¿Por qué me pesa tanto verla sufrir en silencio? ¿Por qué me sentí tan complicado aquel día en que me dijo que se iba? ¿O por qué me siento tentado de besarla cada vez que se acerca a mí? Esa noche en la que me dijo que, en cuanto tuviera dinero me dejaría, yo... Yo quería besarla, quería acariciar su lindo rostro marcado por el dolor y el frío, quería darle el calor que no ha tenido en años, yo... Yo quería hacerle el amor. Me contuve, si, lo hice porque no puedo hacer algo así, no después de la muerte de Sherry, ella era mi norte y mi sur, era mi punto de partida y mi meta de llegada, Sherry era todo para mí, sin embargo, hace seis años la asesinaron y nunca supe quién fue, mi padre sólo me dijo que la habían atropellado en la carretera y no supe más de ella, todo pasó tan rápido que sólo guardo de recuerdo una fría lápida con su nombre. Es por ella por quién me contengo de acercarme demasiado a Samantha, y si, hay momentos en los que quisiera dejar todo atrás y volver a ser yo, volver a ser ese hombre sonriente que amaba a una hermosa mujer, por mucho que la vida me hubiese tratado mal, Sherry siempre supo estar conmigo para alegrar mi vida y eso no lo puedo olvidar, pero en otras ocasiones desearía ser el hombre que puede amar a Sam como ella lo merece. Pero eso no será así. - Señor, me pidió que le avisara en cuanto recibiera la invitación para el aniversario de los Cornwell. - Dice Mariana desde la puerta. - Si. Gracias Mariana. - Digo mirando el correo que acaba de llegar. Así que ya llegó, pues bien, Franco Leviatán Moretti va a asistir a su estúpida fiesta de aniversario, sin embargo, no va a hacerlo solo, lo hará de la mano de la mujer a la que ellos le dieron la espalda cuando más los necesitaba, la echaron a las brasas sin importarles siquiera si ella moría sola en una fría celda, el muy imbécil hijo de puta de Dean Cornwell no fue capaz de quedarse a su lado cuando la acusaron de un crimen que ella no cometió, y más cuando ella trabajaba en silencio para su jodida empresa, pues bien, ahora tendrán que rendirle cuentas a Leviatán, porque si algo puedo asegurarles, es que no sólo tengo nombre de demonio, también soy uno de ellos. Me paro de mi escritorio y tomo mi teléfono para marcar un número muy conocido. - ¿Levi? - Pregunta esa voz apagada al otro lado de la línea. - Hola Sam ¿Cómo estás? ¿Te molesto? - Para nada, Levi, siempre es grato hablar contigo, aún cuando te voy a ver en un ratito más. - Dice ella y causa una sonrisa en mí por su tono de voz odioso. - Eres tan amable. - Ella ríe al otro lado de la línea y si, las palabras de Dawson vuelven a mi mente. - Quería saber si me quieres acompañar a una fiesta, es que aquí en la empresa nos dieron invitaciones y no voy a ir sin tí. - Digo como lo haría Levi y ella chasquea la lengua al otro lado. - Levi... Sabes que no quiero avergonzarte, no soy alguien con quién puedas salir. - Su tono de voz lo dice todo, ella se cree inferior ahora, ya no es esa Sam arrogante y altanera que conocí, lo que lamento profundamente y si, sé que es mi culpa, por lo que necesito enmendar mis errores. - ¡¿Y tú sabes acaso que yo jamás me sentiría avergonzado de ti?! - Respondo molesto por su comentario y también por no poder ser mejor persona y ayudarla a recuperar su autoestima - Por el contrario, Sam, tú eres la mujer más fuerte que conozco, la mejor en lo que haces, la más inteligente y arrebatadoramente encantadora, no tienes por qué esconderte de nadie, los demás deberían estar avergonzados frente a ti, no al revés. Todo lo que dije es cierto, ella me cautiva de una manera en la que no creí posible, sin embargo, sé que está mal pensar en ella de esa forma, así que prefiero hacer esto por teléfono que en persona, o ya la tendría sobre mi escritorio o contra la muralla... ¡Carajo! Mi mente no deja de traicionarme. - Levi... - Si, ella se siente igual que yo y me está quemando por dentro. - Sam, yo... - No digas nada, por favor. Iré contigo, Pero ya no vuelvas a hacer esto. - ¿Hacer que? - Me atrevo a preguntar. - A decir todo eso, no quiero escuchar esas palabras. - Son la verdad. - Sé lo que esto puede desencadenar, sin embargo, no estoy pensando bien. - Levi, yo... Yo no quiero sentir algo por ti, no porque seas tu, sino porque soy yo. Yo no puedo condenar tu vida así como condenaron la mía, mereces ser libre, y yo no lo soy. Por favor, mantengamos la distancia el tiempo que nos queda juntos. Llevo mi mano a mi pecho como si quisiera tapar algún hueco en mi corazón, sé que ella tiene razón, pero también sé que eso es justo lo que yo busco, no sé porqué no puedo tomar esto como lo que es, una simple conversación. - Tienes razón, ya no te volveré a hablar así. Es mejor para ti mantenerte lejos de mi. - No, Levi, no es eso... - Me avisó mi amiga que quedaste trabajando - Cambio el tema rápidamente - Te felicito. - ¿De verdad? Aún no me han avisado nada. - Si, es por eso que te llamé, quería que supieras por mi primero. - ¡Esto es increíble, Levi! Gracias a ti tengo trabajo. - Dice una muy emocionada Sam, ella está feliz de ser asistente de contabilidad, sin embargo, debería estar ahora detrás de su propia empresa de no haber sido acusada injustamente. - Te lo mereces, Sam. Sé que el puesto no es mucho, sin embargo, sé que irás subiendo hasta llegar a lo más alto. - Levi... - Una señal de advertencia, sé que me estoy excediendo otra vez. - Está bien, Sam, al menos déjame llevar sushi para celebrar esta noche. - Está bien, gracias, Levi. Ella se queda en silencio y yo también, no quiero cortar, sin embargo, ella tampoco. - Adiós, Levi. - Adiós, Sam. Cortamos y mi mente continúa con ella. - ¡Mariana! - Digo saliendo de mi oficina y caminando hacia ella. - Dígame. - Dice sonriendo. - Necesito que me compres un vestido, esto es confidencial, como todo lo demás que se trata de mi. - Digo y Mariana abre los ojos. - ¿Que tipo de vestido y qué talla, señor? - Su expresión me hace creer que ella piensa que el vestido es para mí. - Mariana, es para una mujer más o menos como usted. Ella es talla 36, necesito el vestido más hermoso y elegante que pueda existir, es para el aniversario de los Cornwell. - Ah - Si, esa expresión me dice que acaba de darse cuenta de su error - Bien, señor, veré entonces en las mejores tiendas. - Gracias, Mariana, tome esta tarjeta, no tiene límite, así que también vea un par de zapatos que combinen y un bolso, no sé que más puedan necesitar las mujeres. - ¿Quizá maquillaje o joyas? - Lo que sea que combine con eso. - Bien, señor ¿Para cuándo lo necesita? - Para el final de esta semana. Así que tómese las tardes para elegir todo con calma, por favor. - Está bien. Digo y le dejo la clave anotada a Mariana para que haga las compras, ahora sí, Dean, ahora vas a ver lo que te perdiste por imbécil.
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