—No, no te lo creo. No puede ser —murmuró Carla negando con la cabeza y bebiendo de su Latte. Estábamos sentadas en una mesa de Starbucks desayunando. —Te lo juro, era él. Era su perfil, su nariz y sin duda era su espalda. —¿Te das cuenta de que estás describiendo a alguien que viste de espalda? Hay muchos hombres que van al gimnasio y tienen una espalda musculosa. ¡No juegues! que hasta hace dos días él estaba en Miami —insistió tratando de convencerme. —Por eso te lo digo. Porque hace dos días nosotras también estábamos en Miami, y lo más bien que ahora estamos sentadas desayunando aquí. —Bueno da igual, si era él, ya se fue... —responde antes de tomar su teléfono que había comenzado a sonar La observo hablar por celular y termino mi sándwich de ave palta. Pienso en lo que me dijo,

