Martín
No voy a mentir diciendo que no disfrute del sexo con la rubia, de la que ni siquiera recuerdo su nombre, pero tampoco negaré que más de una vez me sorprendí, deseando que fuera la piel blanca, el cabello oscuro y el cuerpo perfecto, de la princesita... pero para ser sincero, luego de pensarlo un poco, estoy casi seguro que es de las mujeres que tira con la luz apagada y que más alla del misionero, no va...
Me sacudo de los pensamientos mientras voy de camino al trabajo, es lunes y el tráfico de esta ciudad, es el mismo infierno.
Llegó mucho más temprano de lo que debería y no quiero pensar que es la ansiedad, yo nunca he sido ansioso, todos mis movimientos siempre han sido calculados en frío... Me sorprendo al encontrar a la princesita con un café en la mano, trabajando absorta en el computador, está sentada en su escritorio, que solía ser de su padre y su puerta está abierta.
Lleva un vestido azul, que la hace ver realmente hermosa, es una visión y no puedo evitar el quedarme viéndola, como un idiota. Hasta que el peso de mi mirada, la hace levantar la vista... Puedo ver un leve rubor en sus mejillas y el ¿asombro? de sorprenderme mirándola sin ningún pudor. Me armo de coraje y entro en su oficina, que para mi buena suerte, esta junto a la mía.
- Irina, buenos días... - No puedo evitar saborear su nombre al salir de mis labios.
- Buenos días, Martín. ¿Cómo estás?
- Muy bien, gracias... Preparado para empezar éste desafío contigo.
- Yo también, a las 8 y media tenemos reunión de gerencia... a las 9 y cuarto aprox. necesito una reunión entre los dos, para evaluar la información y veamos si algún cambio es necesario, estuve revisando algunos reportes y hay un par de cifras que me parecen exuberantes.
-¿Cifras de qué?
- Vamos a esperar esa reunión, luego según lo que nos informen, voy a mostrarte algo, sólo necesito que me dejes hacer un par de preguntas y que pongas atención.
- Cómo lo quiera la princesa...
- Gracias...- Sé que no le agrado que la llamara princesa, por la cara que ha puesto, que no disimula en lo absoluto su molestia, pero me divierte.
Al final cómo resumen de la reunión, puedo concluir que la princesita, es bastante astuta y es que tenemos al menos 2 gerentes de distintas áreas, ganando el triple de lo que gana un gerente normal y eso que ya les estamos pagando por sobre el promedio.
- Hablaré con tu padre y el mío, para saber a que se debe...
- ¿Crees qué estén el tanto?
- No lo sé, Martín, pero por algo hay que empezar y acá claramente tenemos cifras exorbitantes.
- Me parece extraño, mi padre siempre ha sido un hombre justo y no me parece que sea decisión de él pagar tanto dinero a algunos.
- Mi padre tampoco lo haría.
- Voy a pedir balances e informes y los revisaré de manera más exhaustiva.
- Llamaré a mi padre y luego al tuyo.
- Puedes ir a mi oficina cuándo tengas una respuesta- La autoridad en mi voz, no le pasa desapercibida y lo sé, al ver cómo arquea sus cejas.- Por favor...
- Claro- Ha bastado suavizar mi tono y añadir la palabra mágica. No estoy acostumbrado a trabajar con un igual, menos a pedir por favor, yo exijo, yo tomo, yo demando... Pero esta princesita mimada, me obliga a dejar de lado mis convicciones, sólo con respirar.
- ¿Necesitas algo más?- Creo que otra vez me ha sorprendido mirándola idiotizado.
- Siempre a la defensiva, princesita... ¿Te pongo nerviosa?- Su risa me descoloca.
- ¿Por qué debería ponerme nerviosa contigo?
- No lo sé, te ruborizas y te pones a la defensiva, cada vez que te observo.
- Creo que tienes problemas de ego... ¿Me dejas trabajar?
- Sus deseos son ordenes, princesita...
- Y deja de llamarme así... Irina, es mi nombre.
- Claro, Irina...- La veo volver a sonrojarse y sé que no le soy indiferente, también sé que si está a la defensiva y que me encantaría, hacer explotar esta tensión que llega a sacar chispas entre nosotros, arrinconándola a la muralla y probando esos labios que parecen llamarme.
Salgo y cierro la puerta y me voy a mi oficina, de nuevo, sacudiendo todos los pensamientos que me inundan cuándo estoy cerca de ella, la quiero desnuda y debajo de mí, gimiendo mi nombre y así es exactamente cómo voy a tenerla, aún cuándo luego arda el infierno en todo Chile. Es muy joven, es mi socia, nuestros padres son amigos y sería sólo sexo de una noche, para desintoxicar a mi sistema de esa calentura constante que me provoca y ella parece más puritana que monja de convento. Sé que podría costarme caro y que arriesgaría la paz laboral, pero siento que si no lo hago, no tendré paz mental.
Me sumerjo en el trabajo, muchos informes financieros y presupuestos de áreas, la princesita tiene buen olfato, muchas cosas no cuadran y extrañamente todas van en el área comercial y de operaciones. Los gerentes de los sueldos exageradamente altos.
Dos golpes en la puerta me sacan de mi investigación, antes de que pueda autorizar el ingreso, la princesita entra y se acomoda en el asiento frente al mío.
- Deberías tener más cuidado, podrías encontrarme en alguna situación comprometedora al entrar así a mi oficina.
- No creo que seas tan cerdo, en tu primer día... Ni tu padre, ni el mío están al tanto, todo esos asuntos están en manos de el sub gerente general.
- He encontrado cosas interesantes aquí, princesita.
- Irina...
- Te interesará oírlas...- Ignoro su molestia y le explico los extraños movimientos a proyectos de los que nunca oí y por la cara de Irina, entiendo que tampoco.
Apuesto mi cabeza a que llegará a la misma conclusión que yo, mientras me deleito observándola, concentrada y analizando los informes que le he dado.
Es realmente hermosa, la perfección hecha mujer y si bien no es lo que siempre he buscado, siento que mi sangre la llama y la pide con urgencia.
- Richard Valencia...
- ¡Bingo!... Sabía que pensaríamos lo mismo.
- Sub gerente general, prácticamente el amo y señor de "El Imperio" en los últimos tres años. Jamás me ha dado confianza.
- Ni a mí, pero nuestros padres dejaron todo en sus manos, hasta que asumieramos nosotros.
- Vamos a dejarlo seguir moviéndose con confianza...
- Seguiremos investigando...
- Si, no queremos ponerlo en alerta.
- Seremos un gran equipo, princesita.
- Odio que me llames princesita...
Lo dice en serio y me encanta ese desafío en su
mirada.
Disfrutaré mucho de esta sociedad.