Capítulo 4

1145 Words
Irina ¡Odio! ¡Odio con todo mi corazón, que me llame pricesita! ¡Soy la princesita de mi padre, no de ese imbecil, arrogante, guapo y sexy cómo un demonio! Sé que está jugando con mi mente y sé que todo esto terminará mal, si lo dejo seguir... Pero es cómo un imán, uno poderoso e hipnotizante. - Dime, Iri... ¿Qué se siente que tu compañero de trabajo, sea el soltero más sexy y codiciado de toda América del Sur?- La voz de mi amiga en el teléfono, mientras conduzco hacía la casa de mis padres, me hace reír. - Cami, por favor... ¡Es un idiota egolatra y que se cree superior! - Pero sigue siendo jodidamente guapo y sexy... - ¿Quieres que te lo presente? Le van las aventuras de una noche... - No, la verdad es que quiero que te lo tires y te quites de una vez por todas al idiota de Marcos de la cabeza. - No tengo a Marcos en la cabeza, ¿De qué hablas? - ¡Vamos amiga!... Te amo incondicionalmente, pero llevas varios años idealizando a Marcos, es tu principe azul... - ¡No! - Si, en tu mente lo es... ¡Y nada más lejos de la realidad!... Es igual a todos, sólo contigo finge ser lo que buscas, para atraparte y ser parte de la alta alcurnia a la que pertenece tu familia. - ¡Qué feo lo que dices, Cami! - Si, pero es la realidad y entre ese falso principe azul y el sexy demonio de tu socio... Prefiero una noche de pasión y lujuria en el infierno, que una vida de mentiras en un castillo de Disney... - Deja de hablar tonteras, jamás me metería con un tipo cómo Martín y ya sabemos que ni siquiera soy su tipo de mujer, me faltan varios cc de pechuga y unos kilos en el trasero.- La risa contagiosa de Cami, me devuelve el buen humor. - No estoy tan segura, la noche del aniversario de tus padres, te miraba de una manera tan... - ¡Ya basta!... Voy llegando a casa de mis padres y Marcos estará aquí... Te cuento luego. - ¿Va a pedir tu mano? - Ridícula, chau te amo. - Te amo, amiga... y no aceptes, ¡por favor! Salgo del auto, mientras un Vanquish hermoso con tapisado rojo, se detiene justo a mi lado. - Princesita, ¿Me estabas esperando? - No, ni siquiera sabía que ibas a estar aquí... - Me llamo tu padre, para pedirme que viniera y mi padre, para confirmar. - Mmmmm... Interesante... ¿Crees qué tenga algo que ver, con lo que descubrimos hoy? - Probablemente...- Su mirada es intensa recorriendo mi cuerpo de pies a cabezas y me cohibe, cuándo me ofrece su brazo, lo ignoro y me alejo por el camino de adoquines que lleva hasta la entrada de ésta casa que me vió crecer. Lo siento caminar atrás de mi y no sé si es mi paranoia, pero creo poder sentir su mirada en mi trasero y mis piernas. La puerta se abre antes de que pueda golpear y me sorprende encontrar a Marcos, con una gran sonrisa y sus brazos abiertos para mí, me desconcierta un poco tanta efusividad de su parte, el suele ser más frío y distante, pero tampoco me pasa desapercibida la mirada que le dedica a Martín, antes de abrazarme y decirme lo mucho que me ha extrañado. - Marcos, te presento a Martín Giordano, hijo del Señor Pablo Giordano... - Ah... Tu nuevo socio, en la presidencia de "El Imperio"- El duelo de miradas entre Marcos y Martín, es hasta un poco graciosa. - Martín, el es Marcos Aguirre, mano derecha de mi padre en la compañía familiar y abogado de la familia.- Martín lo observa despectivamente y noto su actitud de superioridad al estrechar la mano de Marcos. Por suerte mi padre nos llama, interrumpiendo al parcito. - Princesita... Tu madre ya estaba preguntando por ti. - Papá, no me avisaron que tendríamos compañía. Mi padre se ríe y se que piensa que lo digo por Marcos. - Leonardo, muchas gracias por invitarme a cenar. - Gracias a ti por venir, Martín... Tu padre está en la sala. Luego de saludar, me voy a buscar a mi madre a la cocina. Hemos pasado muy poco tiempo juntas desde mi vuelta de USA y la extraño demasiado. La encuentro en la cocina, decorando un tiramisú, su postre favorito y creo que el de mi padre también. La abrazo por la espalda. - ¡Mi bebita hermosa!- Me deja abrazarla y me cubre las manos, con las suyas. -¡Mamá, te extrañé tanto!- Tengo que contener las lágrimas. Se voltea y me abraza y es hermoso estar en los brazos de mi madre, no hay un lugar más seguro y más cálido, ni un dolor que no se sane, ni una pena que no se calme. Un suave carraspeo nos saca de nuestra burbuja de madre e hija y dos envidiosos engendros hermosos, se unen a nuestro abrazo, mis hermanos... Mi Vicho y mi Maxi, mis hermanitos molestos y que hoy ya son todos unos hombres guapos. - Hermanita, te extrañé... En la fiesta casi ni pudimos hablar. - Maxi, ahora estoy aquí, deja de ser tan llorón.- Me saca la lengua y se ríe... Me sacan de la cocina y me llevan a la sala. A ninguno le agrada Marcos, así que acaparan mi atención y no me dan ni un respiro, hablan sin parar y me mantienen prisionera uno a cada lado en el sofá. La mirada persistente de Martín, me obliga a levantar la vista, ni siquiera se inmuta cuándo mis hermanos siguen mi mirada y dan con él y se ríen y me molestan, Martín sólo se limita a sonreirles y saludarlos, elevando su copa. Cinco minutos más tarde, conversan los tres divertidos, mientras Marcos trata de invitarme a cenar con su familia, el próximo sábado, pero Maxi se acerca y evita que deba rechazarlo, llevándome a conversar con Martín y advirtiéndome en el camino, que no quiere verme cerca de Marcos, que es un falso oportunista. A la hora de la cena, Martín es la adoración de todos los presentes y es incluso invitado al próximo paseo familiar a la playa... Todos están tan maravillados, que son incapaces de ver su arrogancia y su enorme ego, sólo Marcos parece notar la manera en la que me mira, tan intensamente y a veces incluso cómo si estuviera molesto. Estoy pensando seriamente en deshacer la maleta que he preparado para el fin de semana con la familia, cuándo mi padre nos cita a los dos en el despacho e invita al padre de Martín a unirse. Obviamente el tema será "El Imperio" y lo que hemos ido descubriendo.
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