CAPÍTULO 5: SORPRESA.

1449 Words
El despertador se hizo notar y Hayami lo apagó con algo de pereza. Se levantó de la cama y en su celular puso una canción mientras se daba un baño. Al salir, se vistió con una falda negra. Esta era circular; le llegaba por debajo de la rodilla una blusa de manga larga un poco transparente. Se podía ver ligeramente su sostén n***o. Se sentó en la cama, se puso unas zapatillas negras. No le gustaban los zapatos altos, pero viniendo de una familia donde la imagen era lo más "importante", se acostumbró a usarlos cuando eran necesarios. Se peinó el cabello ondulado, lo dejó suelto. Caía por su espalda y por sus hombros. Se maquilló muy natural, nada pesado. Se puso un tono de labial rojo oscuro. Amaba esos colores. Al terminar, tomó algunas cosas y las colocó en una bolsa blanca. Al salir de su habitación, tomó unos lentes obscuros y, al bajar las escaleras, se dirigió a la cocina, donde se sentó en una isla que estaba en medio de la cocina. La chica del servicio le sirvió un jugo. —No seas malita, sírveme mejor un café cargado, por favor. —Sí, señorita, enseguida. —Gracias. Recargó su cabeza sobre sus manos; tenía mucho tiempo haciéndolo, pero aún detestaba las resacas. —Buenos días. ¿Cómo amaneciste? Por lo que veo, nada bien. Río Isabel mientras se sentaba al lado de su hermana, que aún tenía la cabeza recargada sobre su mano. —Nada que un buen café no quite. —¿Ya te irás? Hayami tomó un sorbo del café que ya le habían servido y se levantó de la silla alta. —Sí, ya me voy, hoy tengo una junta. Miró su reloj sobre su muñeca. —Me voy, te veo más tarde. Se acercó a su hermana, le dio un dulce beso en la mejilla y caminó dándole la espalda. —Que tengas un buen día. Hayami detuvo sus pasos, giró para ver a su hermana que la miraba. —Gracias, "muñe", te aseguro que más que un buen día será uno muy divertido. Dijo mientras sonreía, agitó su mano en señal de "adiós". Hayami salió de su casa, subió a su auto, dejó su bolso en el asiento del copiloto, se colocó los lentes oscuros y se puso en marcha. Noah llegó a la empresa muy temprano; lucía muy guapo como todas las mañanas. Se acercó al escritorio de Ariel y la miró con esos ojos verdes que él tenía. —Buenos días, señorita Ariel. —Buenos días, señor. Ella no podía evitar ruborizarse; había estado enamorada de él por un largo tiempo. —Dígame, ¿citó a todos a junta? —Sí, también a las secretarias nuevas. Usted dijo que estarán en la junta con los nuevos socios. Puedo preguntar... ¿Por qué? —Sí, sé que normalmente se hacen separadas, pero al final es para lo mismo. Se les asignará a las secretarias sus áreas, así que es bueno que conozcan desde un inicio a sus jefes y lo correspondiente a cada área. —Ah, entiendo. —Iré a mi oficina a arreglar algunas cosas; no tardan en llegar. Las haces pasar a la sala de juntas. —Sí, señor. Noah entró a su oficina donde estuvo arreglando algunos papeles que tenía pendientes. Hayami llegó a aquella empresa enorme, estacionó su auto, salió de él junto con su bolso y subió el ascensor. Al llegar al sexto piso, se abrió el ascensor y salió de este. Caminó hacia un escritorio donde había una joven muy bella. Se dirigió al escritorio. La chica estaba al teléfono y cuando colgó, le dirigió la mirada a Hayami. —Buenos días, vengo a una junta. Ariel la miró de pies a cabeza, miró su cabello rojizo; sus labios destacaban con ese color de labial, no pudo ver sus ojos debido a los lentes obscuros. —Buenos días, sí, será en la sala de juntas. Está por allá. Ariel señaló hacia un lugar. —Gra… Cías. —¿Qué haces aquí? Hayami volteó al escuchar esa voz que conocía; al girar, lo vio saliendo de su oficina. —La señorita viene a la junta. Respondió Ariel sin saber que ambos ya se conocían. —Gracias, señorita, ahora paso a la sala de juntas. Hayami caminó hacia donde le había señalado Ariel. Noah, sin pensarlo, caminó a su lado. —¿No me digas que eras de las nuevas secretarias? Él comenzó a reír de forma burlona. —Nunca creí que alguien que fuera tan rica, bueno, sus padres, quisiera un puesto de secretaria. Hayami, que se había mantenido callada, se quitó los lentes. Él miró sus ojos color miel. —¿Qué tiene de malo? Al final es un trabajo. Ambos llegaron a la sala de juntas donde, al entrar, había unas chicas y dos hombres que estaban sentados en la mesa. Los caballeros se levantaron de esta al ver a Hayami. —Buenos días. Saludaron a Noah y Hayami que estaban entrando. Noah se acercó a la silla que su padre había ocupado por muchos años, se sentó en ella; Hayami se sentó frente a él. Los caballeros hicieron lo mismo. —Bueno, primero que nada, gracias por venir a la junta. Yo soy el nuevo presidente. Esta junta no la convoqué con todas las áreas debido a que primero quería que nos conociéramos. Mi padre fue el que habló con ustedes. Se dirigió a los hombres. —Y en cuanto a ustedes, fue Recursos Humanos quien las solicitó, así que no tenía el placer de conocerlas. Noah se levantó de su asiento. —Soy Noah Márquez Quivera y estaré a cargo de la presidencia de ahora en adelante. Se volvió a colocar en su asiento. Uno de los hombres se levantó; también era muy joven, de cabello castaño, al igual que sus ojos. —Soy Alejandro Castañeda, estaré en el área de contabilidad. Mucho gusto. Miró directamente a Hayami, que solo le sonrió. —Mucho gusto. Respondió Noah. Hayami miró a las dos chicas que estaban a su lado, les sonrió gentilmente, pero solamente una de ellas respondió; la otra la ignoró y volteó la cabeza a otro sitio. —Buenos días a todos. Soy Julio Beltrán; yo no tendré un trabajo aquí, únicamente soy socio, por lo que solo vendré a las juntas de comité. Dijo el hombre algo mayor al levantarse. —Así es, señor Beltrán, usted puede solicitar en cualquier momento la información que requiera. Noah miró a Hayami que estaba sentada, observó el reloj que traía en su muñeca, supo de inmediato que era un reloj costoso, se percató de que era un SERPENTI TOBOGAS de la marca BVLGARI. Él era amante de los relojes finos y costosos. Sabía muy bien que ese reloj tenía un costo mínimo de 300,000 pesos mexicanos, casi 16 mil dólares. No entendía cómo ella había solicitado el puesto de secretaria; se sentía perdido, ya que no tenía consigo actualizada la plantilla para corroborarlo. No terminaba de pensar en eso cuando ella se levantó de su asiento. —Creo que es mi turno… Bueno, soy Hayami Rivera Méndez, la nueva socia y la nueva directora comercial y de ventas. Es un gusto conocerlos... Ahora quisiera tomarme el atrevimiento de elegir a mi secretaria que, supongo, es alguna de las chicas que están aquí. ¿No es así? Claro, si me lo permiten. Sonrió coquetamente. Los dos hombres miraron a Noah, que aún no salía del asombro. Sabía que su padre había hecho algunas cosas antes de retirarse. —Sí, sí, está bien. Respondió Noah. Hayami caminó hacia las dos mujeres, se puso detrás de una de ellas, se inclinó por el lado derecho de su rostro, su cabello cayó hacia un lado. __ ¿Cómo te llamas? Preguntó gentilmente Hayami a la chica que había respondido su sonrisa minutos antes. La chica se ruborizó al verla tan cerca. Era la primera vez que lo hacía ante una mujer, pero ella era guapa, y además la seguridad de Hayami era lo que provocaba una atracción inevitable. —Eh. Me llamo Angélica Ruiz, señorita. —Mucho gusto, Angélica. Hayami se retiró del rostro de Angélica y tocó sus hombros con sus manos suaves. — Tú serás mi secretaria; espero que nos llevemos muy bien. Angélica giró su cabeza hacia atrás y la levantó para mirarla, solo para encontrarse con su sonrisa. —¡Oh! ¡Muchas gracias! Hayami miró a Noah y supo que no lo había corregido cuando él le dijo sobre el puesto de secretaria, precisamente porque quería ver esa reacción de sorpresa de él, si estaba siendo un día divertido para ella.
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