Noah regresó al comedor; Isabel le sonrió, lo cual él también hizo. La cena continuó y, al finalizar, los papás de Isabel los dejaron solos en la sala.
—Ahora que no están mis papás, quiero disculparme por mi hermana; ella es un poco...
—Rara, ¿no?
Isabel solo rió avergonzada con el hombre que tenía frente a ella.
—Bueno, sí, ella tiene un carácter un poco... Pesado y dice las cosas como las piensa, pero en el fondo es una buena persona de gran corazón; ella tiene sus motivos de ser como es.
Noah resopló.
—Sí, pero muy, muy... Muy en el fondo. No te preocupes por la actitud de tu hermana.
—Sí, lo sé.
Isabel se puso de pie del sofá color carne que estaba en la lujosa sala; Noah también lo hizo.
—Me tengo que ir, Isabel, mañana tengo una junta, además de nuevas personas en la empresa, desde secretarias hasta nuevos socios.
—Sí, espero tengas un buen día; nos estamos hablando.
Ambos caminaron hacia la enorme puerta de la casa. Noah se acercó a Isabel y le dio un beso en la mejilla como despedida.
—Te mando un mensaje en la tarde... Eh... Como ya pusimos fecha de la boda, puedes iniciar con los preparativos.
—Sí, si lo sé, me pondré en eso, no te preocupes.
Noah salió de la casa, subió a su auto y se marchó. Al cerrar la puerta, Isabel solo suspiró, apretó con su mano una cadena con forma de flor que colgaba de su cuello y después subió las escaleras para descansar.
Después de salir de la casa, Hayami subió a su coche n***o y condujo hacia un club. Al entrar, pidió un trago, y se sentó en una de las mesas. Después de algunos minutos, una chica se le acercó.
—¿Hayami?
Preguntó tratando de distinguirla entre la oscuridad.
—Sí, ¿y tú eres?
Preguntó.
la chica pelirroja observando la cara de la chica que se le hacía conocida.
—¿No me recuerdas? Entonces eres una mala "mejor amiga".
Dijo la chica castaña y alta que estaba frente a ella.
—¿Carolina?
—Sí, la misma que viste y calza.
La chica se sentó en una silla a un lado de Hayami.
—Fuimos las mejores amigas en la preparatoria, no puedo creer que no me recuerdes.
—Sí te recuerdo, solo que ahora estás más guapa; no te reconocí, han pasado 10 años.
—Sí, muchos, ¿verdad? La última vez que te vi fue cuando vimos tu vestido de novia... Y bueno, después ya no te vi más.
Hayami se sintió un poco incómoda.
—Eh, sí, pero no me gusta hablar mucho de ese tema, son cosas del pasado.
—Si lo sé, lo siento yo...
Sonrió con incomodidad. Carolina
—No te preocupes, no es para tanto.
Dijo Hayami riendo, restándole importancia a la palabra de Carolina.
—Y dime. ¿Qué has hecho en todo este tiempo?
— Pues, estudiar y lo más importante, pasarla bien.
Contestó Hayami tomando un sorbo a su trago.
—Estamos en las mismas, pero aún somos jóvenes, estamos en los 30 apenas. Vamos a bailar; después nos ponemos al día.
—Vamos.
Las dos mujeres se dirigieron a bailar.
Noah estaba ya recostado en su cama; tenía sus brazos flexionados y por encima estaba recargada. Su cabeza miraba hacia el techo de su habitación; estaba un poco nervioso por la junta del día siguiente, ya que era cuando se presentaría ante algunos socios y socios nuevos. Sabía que debía hacer un buen trabajo, y después de un rato se quedó dormido.
Hayami entró a la casa como en esa mañana, tratando de no hacer ruido, pues todos los empleados estaban descansando. Se dirigió a la cocina tambaleando, tomó un vaso y se sirvió un poco de jugo de naranja.
"Jugo de naranja, debo estar loca si he tomado mucho".
Se dijo mientras se reía; a los segundos, ella misma se hizo callar con un dedo sobre sus labios y caminó con cuidado hacia su habitación al entrar. Las cajas de mudanzas continuaban en el mismo sitio. Se quitó las zapatillas, las tiró de un lado. Se acercó a su cama y se recostó. Sintió cómo algo se movía en la cama y se sentaba en esta. Hayami se sobresaltó, prendió la lámpara a un costado de la cama.
—¡Mierda! Isabel, me espantaste. ¿Qué haces aquí? Me vas a matar de un susto.
—Te esperaba.
Contestó a su pequeña hermana con una sonrisa de burla en su rostro.
—¿Para qué?
Hayami se tallaba los ojos para tratar de aclarar su vista.
—¿Qué pasó esta noche?
—Ah, pues qué me divertí y me reencontré con mi mejor amiga de la pre...
—No, no, me refiero a la cena.
—¡Ah! Eso, pues, nada. ¿Te molestó que le dijera esas cosas a tu noviecito?
—No. Sé cómo eres, pero algo extraño se traían los dos; vi cómo lo viste.
—¿Yo? No, nada que ver, ¿por qué lo miraría?
—"Yami", te conozco bien y también lo conozco a él.
—Bueno... Es que... Ya nos conocíamos.
—¿Cómo? Sí, él tiene pocos años aquí y tú tienes también varios en otro país.
—Eh, bueno, verás, es una historia graciosa... lo conocí el día que vine.
—¡No me digas que fue con el que pagaste la noche!
—A mí no me mires, yo estaba tranquila bailando él... Además, yo soy soltera; es él quien está comprometido, no sabía que era tu novio.
Dijo Hayami, un poco preocupada por la reacción de su hermana. Isabel comenzó a reír, se tapó la boca para no despertar a nadie.
—No lo puedo creer, qué incómodo ha de haber sido para ustedes; además, él no es mi novio, es mi prometido.
Dijo Isabel aún riendo, y Hayami estaba confundida por la reacción de su hermana.
—Isabel. "Muñe", ¿por qué te vas a casar con él? Tengo un poco de contexto, pero no todo. Hay algo que aún me ocultas.
Isabel se levantó de la cama, le dio un beso en la mejilla.
—Tengo mis motivos, al igual que él tiene los suyos; por favor, traten de llevarse bien.
—"Muñe"...
—"Yami" te amó, pero hay cosas de las que prefiero por el momento no hablar. Ahora duerme, que mañana tienes que ir a tu nuevo trabajo, que dices que tienes.
—Está bien.
Hayami no quiso cuestionar más a su hermana; se sentía también bien de que ella supiera qué pasó con su prometido. No le gustaba ocultarle nada a su hermana; se sentía mal por lo que había pasado entre ese hombre y ella. Si lo hubiera sabido claramente, no lo habría hecho; fue una mala jugarreta del destino y la vida.
Isabel salió de la habitación. Hayami se dejó caer nuevamente en la cama. Su cabeza daba mil vueltas, pero no era por el alcohol, sino que era por los "motivos" de ambos para hacer una boda arreglada. Claramente, su hermana ya no era esa pequeña niña que lloraba en su regazo cuando algún niño de la primaria la molestaba.
Suspiró para poder dormir y esto pasó muy rápido por el nivel de alcohol que tenía encima.