—Tengo que irme —digo finalmente—. Probablemente ya estén en camino. La dejo ir y beso su cabeza, pero entonces veo a Giordano parado en la puerta trasera, con Tullio detrás de él. Pietra se da vuelta al ver lo que estoy mirando, y sus hombros caen. —Giordano. Papá. Por favor, no. —Yuren, Donato quiere verte ahora mismo —dice Tullio con frialdad. Pietra agarra mi brazo. —Déjalo en paz, por favor —llora—. Giordano sale y me observa. Puedo ver sus puños apretados. Su última acción ha sellado mi destino, pero no renunciaría por nada al tiempo que pasé con ella. No me arrepiento de mi decisión. Ella es lo mejor que me ha pasado en la vida. Lo que duele es cómo Tullio me mira como si yo no significara nada para él. Giordano parece querer atacarme, pero tiene órdenes estrictas de llevar

