Una vez que me detengo, comienzo a contar hasta diez, y mientras lo hago, Giordano golpea a Omar en la cabeza con la culata de su arma antes de patearlo fuera del vehículo, hacia la acera. Termino de contar y piso el acelerador, acelerando por la carretera. —Esperemos que se detengan y recojan a su jefe antes de que puedan rastrearnos —dice Giordano—. Sal del primer centro comercial que encuentres. Recorriendo las calles a toda prisa, estoy demasiado concentrada para entablar conversación. Giordano respira con dificultad y señala un centro comercial. —¡Ahí! Entra en ese. Necesitamos salir de aquí rápido. Me meto torpemente en un espacio de estacionamiento y bajamos del coche. Giordano cojea a mi lado, buscando nuestro nuevo vehículo de escape. —El autobús —dice de repente, señalando e

