Te dejo un regalo
Mientras su padre se acostumbraba a su nueva vida de casado y a estar sobrio, en la hacienda nacían nuevos caballos y eran altamente cotizados, en su corazón el padre de Yudy Porter se sentía en deuda con su hija y sabía que la había abandonado desde la muerte de su madre.
Él la amaba muchísimo, su esposa Ana era una gran mujer y muy bella, lo había elegido a él cuando no era más que un mozo de cuadra y lo ayudo a perseguir su sueño hasta alcanzarlo, creía que una mujer así jamás volvería a encontrar.
Y era cierto, su esposa Ana era muy diferente, su forma de hablar y su trato tan dulce lo enamoraba cada día, él era tosco y rudo y poco educado, más su esposa Ana lo amaba con todos sus defectos y virtudes, con ella era un hombre diferente y cuando ella murió todo su mundo se vino al suelo y se sumió en él mismo y olvidó que tenía una niña pequeña que sufría sin su madre.
Ahora que sé había ido y se había casado otra vez y ésta vez con un hombre muy rico como el juez Marsllow, él sabía que lo había hecho para proteger a su hija Susana.
Le dolió por que quería mucho a su nieta, pero podía entender a su hija y la distancia que había puesto entre los dos.
Él sabía que lo único bueno que le podía dar a su familia era una buena parte de sus ganancias y dejarles una buena fortuna. Sin decirle a su nueva esposa María, hizo dos cosas: Primero abrió una cuenta a nombre de su nieta Susana Porter y otra a nombre de su hija Yudy, puso muchas cifras en cada una e hizo también su testamento, sabía que había bebido licor por muchos años y deseado su muerte, así que era cuestión de tiempo para que su cuerpo diera señal de su deterioro interno.
Abrigo la esperanza de que su hija lo perdonara, aúnque ella se lo había dicho en la carta que le dejo, él lo quería escuchar de sus labios.
Su esposa María, tendría una buena parte de sus ganancias, pero todo lo demás, la hacienda y los caballos le petenecerian a su familia directa. La familia que fundó con su único amor, Ana.
Sus últimos días los terminaría con María, ella era una buena mujer, pero su sueño era volver a encontrarse con su bella esposa Ana, pensó en poner su vida en orden antes de morir sin decirle a nadie de sus planes y de lo que había hecho.
Preparó indemnizaciones para todos los mozos de sus cuadras, seguros muy abultados para ellos y sus familias, después de todo él había sido un mozo de cuadra y sabía lo que eso significaba.
Su hija nunca tendría problema con los pagos mensuales de los hombres en la hacienda o por algún accidente que les pudiera ocurrir, él lo había previsto todo.
Podría decirse que lo dejaba todo preparado por si moria sin tener tiempo de poner las cosas en orden.
Una vez satisfecho de lo que había hecho se marchó en su auto a un lugar al que no había vuelto en muchos años. Algo si era cierto y era que pagaba muy bien para que aquel lugar se mantuviera siempre bello.
Al llegar al lugar sus pasos eran pesados y lentos, deseaba huir de ese lugar, le traía tantos recuerdos dolorosos que no quería estar allí, pero para él era hora de enfrentar esos recuerdos y pedir perdón.
Se arrodilló ante aquella tumba y expresó con mucho dolor: ¡Te extraño cada día de mi vida! ¡Lo siento Ana! Te falle como esposo y te falle como padre de Yudy..
¡Soy un mal hombre! Seguí mis instintos y me olvide de lo que podía sentír nuestra hija, olvide su dolor por pensar sólo en el mío..
¡Perdóname mi amor! ¡Perdóname Ana! -Las lágrimas caían formando un charco a sus pies, le dolía el alma y sentía morir en su interior. Siempre se centró en su pérdida y nunca pensó en que su pequeña también sufría.
Se dedicó a hacer dinero y hacerse respetar entre los mejores criadores y logró un nombre entre todos ellos, pero deseaba cambiarlo todo por un minuto en los brazos de su esposa Ana, ella era su sol.
Quería buscar a su hija y pedirle perdón, pero no deseaba irrumpir en su nueva vida, la comprendía, lo mejor era estar lejos de él, le había hecho mucho daño, y no tenía el valor de pedirle perdón cara a cara.
Pensó que lo mejor era lo que había hecho, dejarles un futuro seguro y de muchos bienes, él los ganó y ellas eran su sangre, las amaba y les daría durante los años que le quedarán sus fuerzas y sus ganancias.
María era su compañera, la mujer que no le permitiría sentirse tan solo, a ella le quedaría una buena vida y una hermosa casa en el pueblo, al final ella era de allí y nadie la haría cambiar a su edad.
Más su hija y su pequeña Susana, sabrían vivir entre los grandes y lo harían con el respeto que da el dinero.
Volviendo a su casa Porter siguió su vida de cara a su final, era más un deseo que su realidad, su secreto deseo, volver con Ana.
Se convirtió en un gran patrón y en un buen compañero para María, y cosechaba cada día más victorias con sus caballos y más dinero.
Dinero que se sumaba en las cuentas de su hija y su nieta.
Mientras los meses pasaban entre sus luchas de no caer en el vicio de nuevo, Porter hacía planes y escribía cartas, su hígado empezaba a fallar y contrario a lo que todos esperaban, Porter sonreía feliz al imaginar que volvería a ver a su amada Ana.
Tal como el lo deseo, una tarde se quedó dormido y nunca más despertó.
La noticia le llegó a Yudy, con un cofre lleno de cartas, cartas de amor que se escribieron en vida su padre y su mamá. Cartas que su padre le escribió a ella y a su pequeña Susana.
Su padre se había ido, como él se lo dijo en sus cartas, había volado a los brazos de su madre.
Nunca amé tanto, como amé a tu madre, Yudy, ella a sido mi único amor. No tengas miedo de volver a amar, dale una oportunidad a tu corazón y déjalo sentir mi amada hija, no vale la pena vivir sin volver a sentír otra vez el dulce calor de un beso de amor, dale a ese hombre más que tu cuerpo, cariño, dale un lugar en tu corazón. Es un buen hombre, lo conozco, déjalo sentir ese dulce calor en su pecho y amalo Yudy..
Te amé desde que naciste y siempre te amé aunque nunca te lo dije. Tú y mi bella nieta son mis tesoros y cuando esté con tu madre le diré, que se parecen a ella..
Lo que le escribió su padre rompió el corazón de Yudy, ella siempre lo consideró un insensible y se había equivocado al juzgarlo así