Capítulo 15

2396 Words
Como si pudiese detectar el tono en su voz, Sam cambió su semblante. _¿Estás bien? Suenas extraña. _He tenido un verdaderamente largo día, Sam. ¿Puedes decirme por qué llamas? El joven podía notar debido al tono de voz que no mentía. Por lo que luego de un momento, finalmente respondió. _Lo siento, no quería molestar. Sólo tenía una duda acerca de la herida. _¿Qué ocurre con ella? _Bueno...desde que desperté hoy en la mañana ha estado saliendo un líquido algo extraño de ella. _¿Te duele? _No que yo sepa. _¿Qué color tiene? El joven tardó unos segundos en responder. _Un tono algo blanquecino. No lo sé, es extraño. Miranda suspiro, asintiendo con su cabeza a pesar de que él no era capaz de verla. _De acuerdo, sólo intenta limpiarte bien la herida y cuando vuelva revisaré que todo esté en orden. _De acuerdo. _¿Alguna otra cosa más? _¿Vienes a almorzar? Miranda se quedó unos segundos pensativa, como si aquella pregunta la hubiese tomado por sorpresa. _¿Cómo? _Que si vienes a almorzar. Estoy preparando de comer y necesito saber si te cuento. No sabía si le tomaba más por sorpresa el hecho de que lo había dicho con tanta naturalidad o era simplemente que la última persona que le había preguntado algo como eso ya no se encontraba con ella. Un pequeño punzón en su pecho hizo eco al recordar nostálgicamente a Ben, mientras intentaba volver a reaccionar. _...¿Sigues ahí? Ella removió su cabeza rápidamente, mientras volvía a si misma. _Sí, lo siento. Si puedes contarme para el almuerzo. Iré en cuánto termine aquí. _Está bien. Te espero. Dicho esto, la joven finalizó la conversación sin siquiera despedirse. Incluso, se dejó caer arrastrando su espalda en la puerta y terminando en el suelo mientras dejaba salir todo el aire acumulado en sus pulmones. La vuelta al trabajo no había sido para nada tranquila después de todo. Recomponiéndose luego de unos minutos, Miranda volvió en sí y comenzó con su jornada laboral. Para su suerte, sólo tenía algunos seguimientos y revisiones de control, más nada demasiado demandante. No obstante, terminó el día bastante agotada y seguía sin poder aclarar sus pensamientos respecto a lo ocurrido, tanto con Robin como con la policía en general. ¿Si los estaban buscando acaso qué tan peligroso era el trabajo que ellos hacían? Y otras tantas preguntas que realmente no sabía si quería saber la respuesta certera. En cuanto se encontraba a punto de retirarse del estacionamiento, observó a su compañero salir hacia este. Ambos cruzaron miradas que la joven cortó rápidamente, anulando todo intento de comunicación. No estaba lista para otra interacción al menos durante ese día. Ignorándolo completamente arrancó su coche y se dirigió hasta su hogar. Llegó minutos después, sintiendo el aroma a comida caliente inundar sus fosas nasales en cuánto pisó el pórtico. Al abrir la puerta se dio cuenta que el aroma delicioso realmente había inundado todo el ambiente, y la recibía cálidamente junto a su mascota, la cual le daba una ansiosa bienvenida. Segundos después, Sam apareció en la puerta con una cuchara de madera en su mano y sin camiseta. Miranda levantó sus cejas al verle de esa forma, lo cuál provocó que se diera una mirada a si mismo. _No quería que la camiseta se pegara a la herida.-Se justificó el joven ante su aspecto. _Veo que te has puesto bastante cómodo.-Bromeó ella, dejando su abrigo en el perchero.-Daría alguna queja al respecto pero realmente huele delicioso aquí y me estoy falleciendo del hambre. Una sonrisa se iluminó en el rostro del rizado, mientras sus ojos verdes brillaban destellantes cual niño pequeño. _Bueno, que bien que digas eso porque recién terminé de preparar todo. Sólo tienes que sentarte en la mesa, yo llevaré todo. _Qué servicial de tu parte.-Comentó ella, sorprendida. _Es lo menos que puedo hacer por alguien que me aloja en su casa para que no muera de forma estúpida. Miranda no pudo evitar reír levemente ante el crudo comentario. Luego de sentarse en la mesa del comedor, le vio aparecer con una cacerola llena de unas pastas con salsa humeante, demostrando que estaba apenas sacado del fuego. En cuánto sirvió todo en el plato, la joven le miró desconcertada. El notó esto rápidamente. _¿Qué sucede? ¿Hay algo mal con la comida? _¿De dónde sacaste todos los ingredientes? Hay varias cosas que no había aquí. _Los compré.- Respondió él, encogiéndose de hombros. - El dinero no es algo que me sea un problema, al menos momentaneamente. _No deberías de salir y exponerte tanto. _¿Por qué lo dices? La herida se está terminando de curar muy bien. La morena se mantuvo unos segundos mirando fijamente los tallarines enredados en su tenedor, recordando la agitada mañana que había tenido ese día. _Hoy la policía ha visitado mi trabajo. Sam clavó su mirada sobre ella, mientras la joven doctora levantaba su vista para encontrarse con una mueca de preocupación frente a ella. _¿En serio? ¿Qué buscaban? _Me interrogaron.-Respondió mientras tomaba un largo trago de agua para bajar la comida y poder seguir hablando.-Me hicieron preguntas sobre tu fuga y la de Morgan. _¿Eso significa que nos están buscando? _Así parece.-Respondió la morena, algo tensa. Parecía como si repentinamente, se le hubiesen quitado todas ganas de hablar acerca del tema. Se encontraba incómoda, y se removía constantemente en su asiento. Sam, un muchacho que solía notar los pequeños detalles de las cosas, se dio cuenta de esto rápidamente. _¿No les dijiste nada sobre nosotros, cierto? Miranda negó con su cabeza, volviendo a tomar un trago de agua. Parecía que los nervios cerraban su garganta sin permitirle el paso de la comida ni del aire. _No. Sólo respondí lo que pude y luego dije que no volví a saber de ustedes. Les dije que nuestro contacto terminó cuando huyeron del hospital. _Bien.-Suspiró él, aflojando la tensión de sus músculos.-Te agradezco por no habernos mandado al frente con toda la situación. En el intento por darle una respuesta la joven comenzó a toser, sintiendo como su garganta se secaba un poco ante el paso del aire, por lo que ya por tercera vez consecutiva, tomó otro gran trago de agua de su vaso. _No te preocupes, no tenía intenciones de hacerlo tampoco. Sólo intenta que nadie sepa de tu existencia si es posible. No quiero tener problemas referidos con la ley. El joven de rizos asintió rápidamente, con su semblante serio. _Por supuesto, no te preocupes por ello. Lo mejor sería en estos momentos contactarme con Morgan para que el también tenga cuidado con los pasos que da allí afuera.-Si bien el joven iba a proseguir con sus palabras, se detuvo al notar un extraño comportamiento por parte de Miranda. Levantando una ceja, le miró algo desconcertado.-¿Estás bien? Te noto un poco...enrojecida. Y era cierto, pues en cuestión de minutos su rostro se había tornado completamente rosado, mientras daba la sensación de que su cara comenzaba a inflamarse a medida que el tiempo pasaba. Ella, cada vez con mayor dificultad para articular una palabra, señaló el plato de comida. _¿Qué tiene esto? Sólo ante esta pregunta, Sam se dio cuenta que podía estar frente a una reacción alérgica ante alguno de los ingredientes. _Yo...uh.. ¡no lo sé! Lleva cebolla, tomate, ajo, un poco de nueces y algo de condimentos pero- Miranda, en un estado cada segundo más deteriorado, golpeó la mesa con su puño mientras se ponía de pie, dirigiéndose a su bolso. A esas alturas parecía que su garganta se encontraba tan inflamada que no podía ser capaz de articular palabras. Detrás de ella, Sam corría preocupado intentando dar la mayor ayuda posible ya que, en parte, podía haber sido su culpa aquel suceso. _¿Qué ocurre? ¿Eres alérgica a algo? Miranda se encontraba escarbando fervientemente en su bolso, buscando que, a la mirada del joven, seguramente era para controlar la reacción. Girándose hacia él, la muchacha dejó salir el aire con la poca fuerza que tenía para pronunciar una palabra. _Nueces.-Dejó salir en un tono casi inaudible. La preocupación de Sam sólo se incrementó al notar que ahora su tono se había vuelto de un rojizo fuerte. _Oh diablos. Perdón yo no sabía que- Antes de que pudiese dar una explicación, fue detenido bruscamente por la joven que golpeó su pecho con una especie de jeringa plástica, similar a un bolígrafo. Él la tomó entre sus manos algo desconcertado mientras notaba como ella quitaba su pantalón desesperadamente. _¿Qué se supone que tengo que hacer con esto?- Preguntó él mientras caminaba detrás de ella, quien se lanzó al sofá mientras apuntaba a su muslo.-¿Lo inyecto allí? ¿Así sin más? A la joven le costaba cada vez mayor esfuerzo el respirar, al punto de que se podía oír sus pulmones colapsados intentando pasar oxígeno a su pecho. Ella asintió, entre ataques de tos, a la pregunta hecha por el joven rizado. Este parecía en pánico, como si sus agallas no fueran las suficientes para poder intervenir. Tragando casi en seco mientras entrecerraba sus ojos, clavó de forma firme el artefacto con la pequeña aguja sobre el muslo de Miranda, quien luego de unos segundos comenzó a respirar nuevamente. En cuestión de minutos, había podido estabilizarse completamente, aunque aún le costaba tranquilizarse luego de aquel susto. Como medida de disculpas ante tal descuido, Sam la ayudó a subir las escaleras hasta su habitación para que pudiera descansar un poco. _¿Segura que estarás bien? ¿No necesitas que te traiga algo? Miranda negó con su cabeza, acomodándose en su cama. _No, tranquilo. No creo necesitar nada por el momento. El muchacho de ojos verdes bajó su mirada al suelo, apenado por ser quien causó semejante revuelo, aún si sus intenciones habían sido de manera completamente inocente. _Lamento lo ocurrido. No tenía idea de que eras alérgica a las nueces. _No te preocupes.-Respondió ella, con una pequeña sonrisa comprensiva.-No tenías idea de saberlo. Pero para la próxima oportunidad, prefiero que preguntes. _Si, bueno, ahora que tengo en cuenta que un par de frutos secos pueden acabar con tu vida lo tendré más que en cuenta. El tono irónico con el cuál soltó la oración provocó que la morena lo mirara levantando una ceja, provocando una risa pícara de su parte. Acto seguido, el se sentó a su lado, mientras corría uno de los mechones que se encontraban obstruyendo su rostro. _Me diste un susto bastante grande. _Y eso que no fue a ti a quién se le cerró la garganta.-Respondió de forma sarcástica ella, provocándole una risa. _Tienes razón. Siempre se puede estar peor. Ambos se quedaron en silencio unos minutos, mirándose el uno al otro. La tensión en el ambiente era más que plausible, y los coquetos ojos verdes del joven se lo hacían saber a Miranda a la perfección. Sam era aquel tipo de personas que sin saber cómo, tenían ese encanto que lograba hacer que las personas se dispusieran a su favor, a veces incluso de forma inconsciente. Y no era para menos; su piel tersa con algunos lunares sobre ella y sus labios rosados le daban bastante protagonismo a su personalidad tan galante. Miranda le encontró mirando sus labios, de forma distraída. Al notar esto quitó su mirada, como si se estuviese despertando de algún trance. Ella tampoco se quedaba atrás. Siempre que podía, le observaba de reojo delineando con su mirada sus facciones delicadas. El silencio en la habitación era ensordecedor, como si ninguno de los dos supiera como proceder ante tal cercanía luego de tanto. No obstante, Miranda decidió dejar al menos por ese momento de lado todo prejuicio que no le permitía seguir sus impulsivos deseos. Acallando las propias voces juzgadoras de su cabeza, decidió que haría lo que había estado esperando hacer desde que el joven la recibió en su propia puerta. Tomando el cuello de su camiseta, lo atrajo hasta ella. Cual ser obediente, en silencio, se acercó ante la demanda de la morena. Ella no tardó mucho más en cortar con el espacio entre ambos, uniendo sus labios en un intenso beso. A pesar de que sí lo había seguido, en cuánto se separaron por la falta de aire se notaba la sorpresa en la cara del rizado, tal y como si fuese algo que no se hubiese imaginado. Sin embargo, esto no le detuvo a volver a por más, siendo él quien esta vez se encontraba acercándose para volver a unir sus labios junto a los de ella. Lentamente, su lengua delineó sus labios para luego acariciar su boca, enredándose juguetonamente con la de ella, que también parecía querer conocer más profundidad del otro. Un suspiro pesado se escapó de la boca de Sam al sentir como ella mordió su labio inferior, levantando poco a poco la temperatura de la habitación. Sam terminó por recostarse a su lado para poder seguir con aquella sesión de besos y caricias de manera más cómoda. En ello, tomó a la joven de la cintura y la pegó hacia su cuerpo de forma brusca y posesiva, como si quisiera unirse con ella más allá de un intenso y pasional intercambio de besos húmedos. Aquel tacto provocó en ella un escalofrío en su espina dorsal, mientras sentía el cosquilleo recorrer su cuerpo en tanto las manos del joven viajaban por su cuerpo en pos de querer conocerlo mejor. Una vez más, la falta de aire había provocado que se separaran, mirándose a los ojos de forma intensa mientras ambos pechos subían y bajaban. Parecía ser la última oportunidad de ambos para quitarse del camino en ese momento o simplemente seguir aquellas impulsivas ganas que mantenían de desearse el uno con el otro. El calor corporal de ambos comenzaba a sentirse sobre la piel, y las prendas de ropa comenzaban a estorbarles. Sam depositó uno de sus dedos sobre el pecho de ella, cubierto aún con la camisa de botones que tenía cuando llegó de trabajar. Bajando hasta el último botón prendido en su escote, la miró fijamente. _¿Puedo? Preguntó, con sus ojos brillantes en lujuria, mientras sus pupilas dilatadas dejaban ver su estado de casi suplicancia ante ella.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD