Capítulo 16

1488 Words
En un asentimiento silencioso, la joven le dio todo el consentimiento que él necesitaba para, con una de sus manos, deshacerse de la blusa que bloqueaba la vista de su escote y sus clavículas, las cuáles apenas tuvo al descubierto comenzó a llenarlas de una hilera de pequeños besos que provocaban que una corriente eléctrica recorriera el cuerpo de ella de pies a cabeza. Como acto reflejo mientras el rostro del ojiverde se hundía en su escote, ella enterró sus dedos en su frondoso cabello, jugando con él mientras inclinaba su cabeza hacia atrás con un gemido ahogado. Los labios del joven recorrían sin prisa su suave piel mientras sus dedos sostenían con un fuerte agarre sus muslos, como si se fueran a esfumar en cualquier momento. A tal cercanía, podía sentir el distintivo aroma de su perfume que, impregnado en su piel, otorgaban aquella fragancia única e irrepetible que le pertenecía a ella. Con una habilidosa rapidez se deshizo de la parte superior de su ropa interior, lanzándola a una esquina de la habitación. Allí, se encargó de acariciar con delicadeza sus pezones mientras, a horcajadas, ella subía sobre sus caderas para seguir con aquella sesión de besos. Sin separar sus labios un solo segundo, bajó el cierre trasero de su pantalón, para luego con ayuda de ella deslizarlo sobre sus piernas. Las manos de la joven se tomaron un momento de recorrer, de punta a punta, los distintos recovecos del cuerpo del joven. Comenzando por delinear los tatuajes que tenía en sus brazos y bajando desde su pecho hasta su abdomen, en dónde podía sentir sus músculos tensarse cada vez que su dedo bajaba un centímetro sobre su piel. Finalmente se detuvo en el botón de sus pantalones, levantando sus ojos café para ver sus expresiones, expectantes de su siguiente movimiento. _¿Puedo? Preguntó ella, sosteniendo el cierre de sus vaqueros e imitando su tono de voz con la misma pregunta que le había hecho él anteriormente. Como respuesta, con su respiración entrecortada y dificultad para entablar una oración él asintió con su cabeza rápidamente. _Por supuesto que puedes. Miranda sintió a medida que sus manos rozaban en zonas sensibles como su entrepierna comenzaba a acrecentarse cada vez con más y más fuerza. Para cuando quitó del todo sus pantalones, se podía notar el gran bulto existente debajo de su ropa interior, tirando de la tela elástica y casi esperando a ser descubierto. No obstante, en cuánto ella puso sus manos sobre el borde para poder quitarlos, un movimiento brusco la detuvo, lanzándola al otro lado de la cama King Size. Por su parte, no tuvo siquiera tiempo a poder reaccionar a esto cuando él tiró de sus piernas arrastrándola entre las sábanas hasta el borde de la cama, para asi luego lanzarse sobre sus labios una vez más. Cuando se separaron, la observó con una pequeña sonrisa juguetona mientras ambos intentaban recuperar un poco la agitada respiración. _No tan rápido.-Comentó él, tomando una bocanada de aire.-Primero es mi turno. Si bien Miranda no había entendido al completo sus palabras, si lo hizo cuando notó como entre besos se deshizo de la única ropa interior que le quedaba antes de encontrarse completamente al desnudo. Mientras sus lenguas parecían encontrarse en guerra la una con la otra, sintió como una de sus manos acariciaba su entrepierna lentamente, provocando que soltara un gemido estremecedor. Esto hizo entrar en frenesí al joven que comenzó a bajar sobre su cuello mientras introducía uno de sus dedos dentro de ella, con lentos masajes y movimientos circulares por parte de su pulgar. Al encontrarse con aquella sensación, ella inclinó nuevamente su cabeza hacia atrás mientras sentía como sus caderas se movían involuntariamente en busca de un placer aún más intenso. Sin embargo, fuera de lo esperado por la joven, el rizado detuvo su jugueteo en su zona íntima quitando su mano rápidamente, lo cuál la desconcertó un poco. Acto seguido, con ambas manos firmemente abrió sus piernas y en un abrir y cerrar de ojos Miranda podía sentir como estaba a punto de llegar a un total clímax luego de que su lengua decidiera dar un paseo recorriendo toda su intimidad. Ahora sí, con prisa y algo de brusquedad como si fuese un acto desesperado de intentar devorarla de alguna manera. Mientras ella sostenía con fuerza su cabeza, él parecía encontrarse en un trance frenético entre las piernas de la morena, la cuál se encontraba soltando sonidos de placer cada vez con mayor intensidad y frecuencia. Poco a poco, Miranda sintió el calor de su cuerpo aumentar su temperatura mientras un espiral de placer parecía desenvolverse en su abdomen bajo, indicándole que estaba a punto de llegar a la cúspide de su placer. Sintiendo el cosquilleo recorrerla de pies a cabeza, sus músculos comenzaron a contraerse y sus ojos se pusieron blancos mientras aquella sensación la removía por completo. Hacía realmente mucho tiempo no se encontraba tan relajada como en ese momento, en el cuál sentía que sólo podía enfocarse en disfrutar del placer que estaba obteniendo de aquella ocasión. Sin darle demasiado tiempo a recuperarse, él la giró dejándola de espaldas a él, mientras tiraba de sus caderas para que se pudiera de rodillas. De un segundo a otro, sus ojos blanquearon nuevamente al sentir como poco a poco, él comenzaba a introducirse dentro de ella. Sentía los pequeños espasmos ante el cosquilleo sensible de su entrepierna ante las embestidas, que si bien comenzaron siendo suaves, comenzaban a subir su intensidad con rapidez. Mientras Miranda se encontraba demasiado distraída en las sensaciones provocadas, sintió como los labios de él se acercaban a su oreja, mordiendo su lóbulo y dejando un húmedo beso sobre ello y parte de su cuello, mientras ella sostenía-como podía- parte de su cabeza para mantener la cercanía. Miranda no era tonta. Sabía que la química con aquel muchacho la había sentido desde el momento en el que le conoció luego del quirófano. Había algo que conectaba entre ambos y los hacía, si bien bastante diferentes, también magnéticos entre sí. Y afirmaba esto porque tenía consciencia de que a él le ocurría lo mismo. Esa ocasión no había sido la excepción. Podía sentirse como ambos parecían envueltos en una burbuja en donde sólo ellos importaban, al menos durante aquel momento. Sus cuerpos rodeados de una fina capa de sudor y la habitación en altas temperaturas preparaban el clima perfecto para que estuvieran unidos con un frenesí tan pasional que podrían haberlos confundido con un solo ser. No era difícil de esperar que luego de unos minutos, ante tal ambiente dado, ambos se vieran envueltos nuevamente en un clímax conjunto que les permitió llegar a la cima del placer propio al mismo tiempo. Luego de ello, ambos se tumbaron sobre la cama, mientras él rodeaba uno de sus brazos sobre ella. Ante tal nivel de relajación, y sobre todo luego de todo el estrés que había tenido que soportar en su día laboral, la morena cayó casi sin darse cuenta en un profundo sueño, mientras su cabeza se encontraba apoyada sobre el pecho del joven. No se dio cuenta sino luego, cuando despertó y notó que era la única descansando en su cama. Algo extrañada tomó una camiseta y vistiéndose rápidamente, dio una vuelta por la casa para intentar encontrar a Sam. Extrañamente, todo se encontraba en un silencio demasiado grande como para no notar si es que se encontraba en la cocina o incluso en la sala de estar. Cerciorándose por su cuenta aún así de que no se encontrara en ninguno de esos lugares, terminó subiendo nuevamente las escaleras hacia su cuarto, revisando por simple curiosidad su balcón, en dónde le encontró hablando en un tono casi susurrante de voz al teléfono. Al acercarse y éste notar su presencia, cortó la llamada al instante diciéndole a la persona del otro lado de la línea que le llamaría más tarde. Ella notó este comportamiento extraño en él, que parecía sorprendido de verle. Guardando el celular en su bolsillo se acercó a ella y besó su frente, abrazándola por la cintura. _No sabía que te habías despertado. _Y yo no sabía que te habías marchado de la cama.-Respondió ella, en un extraño tono de voz, denotando cierta desconfianza y molestia.- _Lo siento, tenía que resolver unas cosas con Morgan. _¿Qué tipo de cosas? Él negó con su cabeza, restándole importancia. _Cosas de nosotros. Nada de lo que tengas que preocuparte. Si bien aquello era algo que podía ser cierto, no podía dejar la extraña sensación de que había algo con Sam de lo que no estaba sabiendo. Y es que, apenas se daba cuenta de que ella sabía poco- por no decir nada- sobre su vida. O mejor dicho, sobre su existencia en general. No tenía idea de dónde venía, ni mucho menos cómo había terminado en la situación que hoy los tenía enredados a ambos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD