Capítulo 17

1164 Words
_Creo que merezco saberlo, ¿No crees? Sabía que aquel reclamo podría poner en un hilo fino la ínfima confianza que estaban generando. Pero Miranda no podía evitar sentir que cada hora que pasaba junto a él le conocía menos. Aún así, aquella inconsciente obsesión con el corazón de su esposo le hacía tener esperanzas de que, al menos en una pequeña parte, pudiera tener al menos una parte de los valores de Ben. _No creo que sea una conversación que quiero tener en estos momentos.-Respondió él de forma tajante. Ella sintió su pecho hundirse, mientras en silencio le observaba cambiando su ropa. En un intento apresurado por cambiar su camiseta rasgó los apósitos que sostenían la herida de su pecho, soltando un fuerte quejido mientras sangre comenzaba a colarse por las vendas. Miranda se acercó a él con delicadeza y quitó las cintas que cubrían su herida. Él se removió inquieto. _¿Has estado cuidando bien de tu herida? _No lo sé. Es la primera vez que me abren el pecho en dos. Ella levantó su vista para mirarle, dándole a entender que no estaba para soportar su ironía. Suspirando pesadamente, tomó su mano y lo sentó sobre la cama, extrayendo de su clóset uno de los tantos botiquines de primeros auxilios. Él obedeció, en silencio, todas las indicaciones que ella le daba. Cuidadosamente, extrajo todas las vendas viejas mientras con un algodón embebido en iódo limpiaba la sangre y costras que la misma curación había formado. Sam sentía sus delicadas y pequeñas manos viajando por su pecho con tanto cuidado y calidez que apenas recordaba tener la herida allí. Observaba su rostro, diligente y concentrado en lo que estaba haciendo. No pudo evitar soltar un pequeño suspiro por su nariz al ver tanta dedicación en ella para mantenerle vivo, aún así no supiera todavía el por qué. Una vez la herida estaba limpia, volvió a colocar unas nuevas vendas ayudándose con cinta médica para poder sostener todo de forma firme. Hecho esto, se puso de pie con una pequeña sonrisa ante su triunfo. _Listo, sólo intenta no realizar nada que requiera de mucha fuerza. Tus puntos están muy delicados aún y pueden abrirse. _¿Y eso provocaría...? _Bueno, tienes muchas opciones. La primera es que te desangres. La segunda es que no pueda volver a cerrarse debido a que tu piel comienza a morir. La tercera es que debido a todo lo anterior tu organismo se llene de bacterias y mueras de forma horrible en una infección. Él levantó sus cejas. _Creo que me quedó en claro. _Eso espero.-Mencionó ella en el mismo tono sarcástico. En ayuda a su herido, Miranda lanzó hacia él la camiseta que pretendía cambiarse. _Gracias. _¿Por qué te cambias? ¿A dónde vas? _Con Morgan, debo de avisarle lo que está sucediendo. _ ¿No acabas de hablar con él? _Sí, pero hay cosas que no puedes decir por llamadas. _¿Cómo? Él se puso sus zapatos con prisa y bajó las escaleras, siendo seguido por ella detrás. _Los policías suelen pinchar líneas que consideran sospechosas.-Comenzó a explicar, poniéndose su abrigo.- Si escuchan sobre algo que te incrimine, puedes terminar mal. _¿Crees que mi línea esté tomada también? _Luego de que estuvieron interrogándote, posiblemente sí. Miranda comenzó a entrar en pánico, ante una situación de la que parecía no sólo no poder detener, sino tampoco veía la posibilidad de salir. No ahora al menos, luego de haberle mentido a la policía. La conversación de ambos fue interrumpida por unos golpes en la puerta. Un silencio se hizo en toda la casa, excepto por el perro que comenzó a ladrar, mirando hacia la ventana. Miranda levantó una de sus manos para pedirle que se quedara quieto y guardara silencio. Él entendió su ademán enseguida y asintió mientras ella caminaba a la puerta, asomándose por una de las ventanas. _Mierda.-Susurró. _¿Qué sucede? ¿Es la policía? _No, peor. Es Robin, mi compañero de trabajo. _¿Qué hace aquí? Se quejó Sam, molesto. _Shh...-Siseó ella, abriendo sus ojos de gran manera. Tomándolo por los hombros, lo hizo retroceder lejos de la puerta.-Necesito que te escondas y guardes mucho silencio. Está siguiendo mis pasos porque sospecha que tengo algo que ver contigo. Si te descubre aquí muy probablemente llame a la policía. _¿Hola, Miranda? ¿Estás ahí? Los ojos verdes del joven le miraron pensativamente unos segundos, con ese rostro inexpresivo y casi molesto que solía tener en general. _¿Y si lo elimino y escondo su cuerpo? Quizás nos saquemos un problema de encima. Miranda sintió su pecho detenerse al oírle tan frío con esas palabras. Abrió sus ojos horrorizada. _¿¡Qué!? ¿¡Te has vuelto loco!? La puerta, entre tanto, volvió a sonar. _¿Hay alguien ahí? _¡Enseguida voy! Gritó ella, mientras señalaba las escaleras. Sam rodó sus ojos, subiendo por éstas con rapidez mientras la joven se ponía los pantalones que había dejado esparcidos en el suelo más temprano. Cerciorándose de que nada sospechoso se encontrara a la vista, respiró hondo antes de abrir la puerta. Allí, un sonriente Robin aguardaba con un inmenso ramo de margaritas y chocolates. Intentó esbozar una tímida sonrisa hacia ella, más no recibió una sola emoción de su parte. Miranda seguía molesta por lo sucedido más temprano en la mañana, por lo que solo le miró de arriba abajo sin entender. _¿Qué es todo esto? _Mis disculpas. Hoy me he comportado como un idiota. Ella soltó un suspiro cansino mientras negaba con su cabeza. _Robin, esto no es necesario yo...- _Oh no, claro que lo es. Realmente lamento haber hurgado entre tus cosas. Tienes toda la razón del mundo en enfadarte. Es por eso que estoy aquí. Notando que no parecía tener intenciones de irse, se hizo a un lado dejándolo pasar. _Realmente no es necesario todo esto... Él pareció hacer caso omiso a sus palabras, entrando de lleno hacia su cocina. Esto no le resultaba extraño a Miranda para nada ya que él era su amigo desde hacia muchos años, y ya se tenían ese tipo de confianza. Sin embargo, que se moviera tan a gusto por su casa mientras un criminal se encontraba escaleras arriba la ponía bastante tensa al respecto. _Te he traído algo para que almuerces, sé cuánto te gusta el su...Oh.-Se detuvo en seco, mirando los dos platos sobre la mesa. La joven doctora los recogió rápidamente, dejándolos en el lavabo. _Sí, lo siento. Ya he almorzado. Pero puedes dejarlo en la nevera. _Veo que has almorzado acompañada, también. _Sí...una amiga ha venido a verme. _No sabía que tenías otras amigas además de las que tienes en el hospital. Miranda se giró hacia él, frunciendo el ceño. Sentía que por alguna razón seguía manteniendo esa actitud extraña con ella. _Si, bueno, hay muchas cosas que no sabes de mi Robin. Eres mi amigo, no mi esposo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD