Respiró de manera profunda y bebió de a sorbos el café instantáneo que se había preparado. Se encontraba sola, al menos, hasta que uno de sus compañeros ingresó en la sala.
Era Robin, su compañero de trabajo y también su mejor amigo. Habían estudiado juntos durante toda la universidad y la vida los había unido también en la misma unidad médica, por lo que era más que común verle transitar los pasillos en el mismo horario que ella.
_Buenos días.
Saludó él, sacando una sonrisa por parte de ella.
_Buenos días, Rob. ¿Cómo va todo?
_Bueno, a pesar de que desearía estar en mi casa mirando una película, bastante bien.
Ella sonrió ante su sarcasmo, dejando el pequeño vaso de café sobre la mesa.
_¿Muchos pacientes el día de hoy?
_Bastantes. Hay muchos en recuperación y por lo tanto, necesitan de observación constante. Lo de siempre.
_Ni me lo digas.-Respondió Miranda, rodando sus ojos mientras miraba el reloj en su muñeca.-Yo debo ingresar a una operación en cinco minutos. Asi que, quizás hablamos luego.
_Espera, Miranda. Antes de que te vayas, quería hacerte una pequeña pregunta.
Soltó su compañero al verla en el umbral de la puerta. Ella se giró en sus talones, inclinando su cabeza para hacerle entender que se encontraba escuchando. Él aclaró su garganta y con un poco de nerviosismo, prosiguió.
_Quería saber si te molestaría ir por un café luego del turno. Hace poco abrió una nueva cafetería a un par de calles de aquí. Dicen que es bastante buena.
Ella sonrió, enternecida por la propuesta pero negó rápidamente con su cabeza, observando como los destellos de esperanza se borraban de los ojos de su compañero.
_Me encanta la idea, Robin. Pero hoy no puedo, quedé en encontrarme con Ben para cenar. Incluso veré si Ellen me permite salir antes para poder disfrutar de la velada. Pero ¿Qué te parece si lo dejamos para otro día?
Escondiendo un poco su incómodo disgusto, el joven asintió rápidamente, esbozando una falsa sonrisa. Resulta que el joven se encontraba profundamente enamorado de Miranda desde que compartían juntos clases en la universidad, más ella nunca lo había logrado ver con otros ojos que no fueran los de una amistad. Gracias a esto, Robin nunca se había sentido lo suficientemente seguro de poder expresar sus verdaderos sentimientos por ella, que persistían latentes como el primer día.
_Por supuesto que sí. No hay problemas. Espero que hoy tengas una bonita velada con Ben, entonces.
Ella sonrió en agradecimiento.
_Gracias, espero que sí. Ya me hacía falta un poco de relajación luego de tanto trabajo.
Sin decir nada más, la morena caminó fuera de la sala de descanso dejando a su compañero a solas. Sin perder más tiempo se dirigió nuevamente hacia el quirófano, en dónde ahora le esperaba una señora mayor. Leyó rápidamente su expediente médico, notando que el proceso que se necesitaba realizar era una incisión en su vesícula biliar, con el fin de extraer unas pequeñas piedrillas que su cuerpo había formado allí por causas de una desregulación en su alimentación.
Notando que no era una operación de alto riesgo suspiró algo aliviada y comenzó a prepararse para comenzar. Una vez que se había esterilizado completamente, comenzó a ponerse su equipo de trabajo con la ayuda de la enfermera que le acompañaría durante la operación. La paciente ya había sido anteriormente sedada y todo el material quirúrgico se encontraba preparado y listo para su utilización. No obstante, en el momento en el cuál comenzaría la operación irrumpieron bruscamente dentro del quirófano, provocando que todos dirigieran sus miradas a la puerta que fue abierta rápidamente.
_¿Doctora Reiss?
Miranda giró su cabeza al escuchar su apellido, notando a un enfermero ingresar con guantes de látex bañados en sangre junto con una respiración irregular. Su cuerpo se paralizó al verle, sabiendo que sea cual sea la razón por la que la buscaban, por como se veía la situación no lucía como algo bueno. La sala se llenó de un silencio lleno de incertidumbre, mientras ella se quitaba los guantes y se acercaba al enfermero, bajándose su barbijo antes de hablar.
_¿Sí?
_Necesitamos de su ayuda en la sala nueve. Hubo un choque múltiple y varios afectados están ingresando a emergencias con heridas de gravedad. Se la solicita de urgencia.
_Estoy a punto de comenzar con una operación pactada, ¿Dónde está el resto del personal?
_Están todos ocupados trabajando con los heridos. Necesitamos de su ayuda para paliar el caos allí, doctora.
Miranda pudo notar en la exhausta mirada del enfermero que sus palabras eran ciertas, por lo que quitándose la cofia que sostenía su cabello se dirigió hacia su enfermera.
_Deja a la paciente en una sala de descanso, dile que postergaremos la operación.-Indicó mientras salía dirigida hacia la antesala para quitarse nuevamente el equipo.
_¿Y si me pregunta el por qué?
_Invéntale una excusa. Sólo dile que comenzó a tener fiebre y se imposibilitó el proceso.
Miranda era consciente de que esto era mentira, pero también sabía que a veces era necesario con tal de mantener la tranquilidad en los pacientes. Por otro lado, la joven enfermera que la acompañaba asintió rápidamente ante sus indicaciones mientras sostenía toda la vestimenta quirúrgica que ella se iba quitando, para luego desaparecer junto al médico por la puerta del quirófano.
Al salir hacia el pasillo pudo notar que efectivamente cada palabra de lo que dijo aquel enfrmero er a cierrtoera cierto. Todo era un caos, y el personal de salud corría hacia todas partes de una sala a la otra. Miranda veía como decenas de heridos viajaban a los quirófanos con quemaduras, fracturas o incluso heridas tan grandes que estaba segura que necesitarían de amputaciones.
_¿Sala nueve?-Preguntó ella hacia el enfermero, que asintió rápidamente.
_Sí. Fractura expuesta, necesita puntos de sutura.
Ella asintió con su cabeza mientras se metía a la sala, encontrándose con una joven con el fémur fracturado, seguido de una gran herida abierta en su pierna. A pesar de que ella ya llevaba unos cuántos años de experiencia como cirujana, nada la preparaba para ver escenas de esa índole con tanta crudeza. Sumado a eso, la presión del mismo ambiente ante tal catástrofe solo ayudaba a inundar la atmósfera de caos.
Miranda no perdió tiempo y con la ayuda de dos médicos y una enfermera más, sostuvieron a la joven mientras intentaban desinfectar la herida que no sólo tenía trozos de asfalto caliente pegados sobre la piel, sino también destellos de brillos brillaban a su alrededor, volviendo más delicado y peligroso el procedimiento.
Luego de que pudieron estabilizarla, quitaron las pequeñas astillas del hueso roto y comenzaron con la sutura. Pero nuevamente, alguien interrumpió en la sala. Esta vez, la primera en girarse fue Miranda, observando que se trataba de su amigo y compañero de trabajo Robin, quién mantenía una cara de preocupación total.
_Miranda...-Mencionó él, casi sin aire debido a seguramente haber corrido hasta el lugar.-
Si bien ella no sabía aún la razón por la cuál su compañero se encontraba allí, había algo en las facicones de su rostro..., en la forma en la que había soltado su nombre, que le hacían saber que algo definitivamente no estaba bien.
_Es Ben. Fue parte del choque. No están logrando reanimarlo.
Miranda sintió como todo a su alrededor se volvió silencioso. Sintió un mareo sacudirle y luego, como la adrenalina se inyectó en su sangre provocándole a sus piernas correr sala por sala hasta sentir como su compañero le indicaba el lugar. Sentía que su corazón ya no latía, que el aire no entraba en sus pulmones, y que el pánico inundaba su cuerpo provocando que los latidos de su pecho los escuchara hasta detrás de sus orejas.
Cuando llegó hasta la sala indicada lo vio. Por más que intentó mantener la compostura profesional, rompió en llanto al verle completamente entubado, con el rostro magullado e inconsciente. Robin tuvo que calmarla para que los médicos pudieran seguir trabajando en él, a pesar de que ella no quería alejarse de su lado.