Casi de forma inconsciente, suspiró aliviadamente al ver un rostro reconocible en la habitación. Su joven compañero llegó tan bruscamente que veía a través del espacio de la puerta como dos enfermeras se acercaban al pasillo. Al notar la persecución, Morgan cerró la puerta detrás de si mientras se acercaba de forma nerviosa a la cama de su herido compañero.
_Dios santo, no puedo creer que te haya encontrado.-Soltó mientras apoyaba una de sus manos sobre el pecho de este, recibiendo una queja de su parte que le hizo replegarse rápidamente.-Uh, lo siento.
_¿Disculpa? ¿Quién eres?
Preguntó la doctora educadamente, ya que este intruso parecía no haber notado su presencia de la emoción. Temiendo que soltara información necesaria, el herido fue quien respondió primero.
_Mi hermano. Es mi hermano.
Al notar el tono de su compañero, Morgan asintió con su cabeza rápidamente.
_Sí, eso. Soy su hermano mayor.-Respondió palmeando su pierna.-
_Qué extraño que no hayas venido antes por él. Intentamos comunicarnos con algún familiar hace días.
Respondió la joven doctora, mientras anotaba unas cuantas cosas en su cuadrilla. Si bien su comentario había sido completamente inocente y sin ánimos de incomodar, provocó entre ambos hombres una mirada temerosa.
_Uh, sí. Lo sé. -Intentó responder, titubeando un poco.-Pero estaba lejos de la ciudad y no tenía idea de dónde estaba quedándose. Ya sabes, a veces uno se preocupa y el pequeño sólo está pasando la noche en algún club.
_Creo que ya fue suficiente explicación. Gracias por tu aporte, Morgan.
Respondió el herido, dándose cuenta rápidamente de su error. Sintiendo la mirada de su compañero reprochándole, cerró sus ojos mientras presionaba sus labios con fuerza.
La doctora Reiss, por su parte, levantó sus cejas al oírle.
_Bueno, asumo que tu nombre es Morgan.-Respondió hacia el muchacho de pie.-¿Te molestaría poder otorgarnos algunos datos de Mike? Necesitamos registrarlo en el sistema.
Morgan levantó sus cejas con curiosidad mientras miraba a Sam, dándose cuenta que había ocultado su identidad, pero había expuesto la suya sin reproches.
_Claro, doctora. Con gusto se los doy.-Respondió entre dientes, mientras lo miraba fijamente.
_De acuerdo, ¿Le molestaría acompañarme?
_Sí, pero antes...¿Podría dejarnos solos un minuto? Necesito darle una pequeña noticia al muchacho.
_Necesito sus datos para proceder con sus estudios médicos.
Haciendo un gesto con sus manos, el muchacho se sentó a un lado de la cama de hospital con una mirada suplicante.
_Sólo será un minuto. Se lo prometo.
La doctora miró su reloj, suspirando resignada.
_De acuerdo, les doy cinco minutos. Luego te presentarás en mesa de entrada.
Ambos asintieron ante las claras indicaciones de la doctora. En cuánto abandonó la habitación, Morgan se encargó de cerrar bajo llave mientras se giraba dramáticamente hacia su compañero, echando fuego por sus ojos.
_¿Qué diablos, Sam? ¿Dónde habías estado?
_¿Y a ti dónde te parece que he estado? Imbécil.
Respondió el herido con la misma violencia.
_¿Y no se te ocurrió llamarme ni una sola vez? Te creía muerto.
_Acabo de despertar desnudo y sedado. ¿Qué esperabas?
Su compañero pareció entrar en razón ante las justificaciones de Sam. Casi de manera resignada soltó un pesado suspiro.
_Maldita sea. Todo aquello que pudo haber salido mal, salió extremadamente peor.- Dicho esto, se detuvo un momento para mirar los vendajes de su compañero.- ¿Te has quebrado algún hueso?
_Creo que no.
Su compañero se puso rápidamente de pie ante su respuesta.
_Perfecto, porque necesitarás tus piernas cuando nos larguemos de aquí.-Comentó mientras se asomaba a la ventana que daba a la calle, observando entre el espacio de la persiana cerrada.-
_Espera, ¿Qué?
El desconcierto de su compañero herido llamó su atención, provocando que girase a verle.
_¿No esperarás quedarte aquí, verdad?
_No, pero estoy recién salido de una cirugía. Moriré a los días si no me puedo recuperar.
_Oh, perfecto. Entonces te quedarás aquí a que te den comida y masajes en los pies para que puedas entrar en la cárcel en tu mejor estado, ¿verdad?
Sabía que a pesar de su tono irónico, Morgan tenía razón. Removiéndose incómodo en su cama, preguntó.
_¿Qué ha pasado con los jefes? ¿Saben que me encuentro vivo?
_Es mejor que no sepas la respuesta a eso.
_¿Por qué? ¿Están molestos?
_Bueno, su encargado del trabajo parecía estar presuntamente muerto y su objetivo desaparecido. Creo que no están muy felices actualmente.
_Diablos.-Mencionó el herido, suspirando pesadamente.
_Por eso mismo tenemos que aparecer pronto, antes de que sepan que estás vivo por su cuenta y piensen que estás intentando filtrar información sobre ellos.
Sam sabía que su compañero Morgan tenía razón. Si acaso sus jefes descubrían que el se encontraba bien, podrían llegar a la conclusión de que trabajaba para la policía, o al menos, que les había contado sobre sus crímenes.
_Tienes razón. Tenemos que salir de aquí pronto.
_Escucha, esto es lo que haremos.-indicó su compañero, acercándose a su cama.-Mañana por la tarde vendré de visita, me vestiré de médico y saldremos de aquí por la puerta trasera. ¿Puedes correr?
_No sé si es lo más indicado para alguien a quien acaban de operar del corazón, pero puedo intentarlo.
Morgan abrió sus ojos ampliamente con sorpresa.
_¿Cómo dices?
_No sé, ellos mencionaron algo sobre un trasplante. Yo sólo me desperté sintiendo como si me estuviesen apuñalando el pecho reiteradas veces.
Su compañero pareció replantearse todo el plan por un segundo, al notar que quizás la situación podría salirse de sus manos.
El plan en proceso fue interrumpido por golpes en la puerta, que provocó que ambos intercambiaran miradas. Seguramente se trataba de la doctora que había estado allí temprano.
_¿Qué hago con el registro?
Preguntó Morgan por lo bajo.
_Invéntales algo. Sólo hasta mañana. Yo les mencioné que mi nombre real era Mike.
_Claro, y a mi me llamas por mi nombre real, ¿no es cierto?
Rodando sus ojos ante el reclamo de su compañero, el herido soltó un chasquido con su lengua.
_Ha sido un accidente, no es algo que intenté hacer a propósito.
_¿Hay alguien ahí? ¿Mike?
Se escuchó desde el otro lado de la puerta la voz femenina de la joven doctora. Luego de una última mirada entre ambos, su compañero abrió la puerta para dejarla pasar.
Antes de que ella pudiese hacer algún comentario al respecto, Morgan se retiró de la habitación, dejándolos solos.
_Veo que tenían bastante de qué hablar.
_Supongo que es lo que sucede cuando desapareces tres días sin dejar rastro.
Miranda decidió no hacer más comentarios al respecto. Notaba cierto grado de hostilidad en su nuevo paciente, que parecía encontrarse desconfiando de todo el mundo constantemente.
Tenía una piel blanca y unos rizos castaños cayendo sobre su frente mientras sus ojos verdes analizaban cada movimiento que ella realizaba. Por sus rasgos faciales parecía bastante joven, de hecho.
No obstante, a pesar de su aspecto angelado Miranda no podía dejar de sentir que aquel muchacho ocultaba un aura bastante oscura detrás de su brillante mirada.
La constante mirada suya sobre ella le lograban poner nerviosa, incluso a pesar de que no era la primera vez que cuidaba un post operatorio. Sorprendentemente, luego de que los rodeara un gran silencio, él fue quien comenzó nuevamente una conversación.
_¿Hace cuánto que te dedicas a esto?
Ella levantó su mirada, mientras se encontraba revisando el gotero del suero intravenosa. Tardó unos segundos en lograr procesar la pregunta, para finalmente responderla.
_Oh, ¿te refieres a la medicina? Hace casi cuatro años que estoy trabajando aquí.
_Luces bastante profesional para sólo ser cuatro años de experiencia.
Ella sonrió levemente ante aquel pseudo-cumplido soltado por su especial paciente.
_Bueno, de ser lo contrario no creo que estaría trabajando aquí.
_¿Tú fuiste parte de mi operación?
Esta pregunta tomó de sorpresa a la joven médica, que detuvo en seco lo que estaba haciendo. Con algo de dificultad tragó en seco mientras asentía con su cabeza. Sam notó como aquella sonrisa que tenía se desvaneció poco a poco.
_Sí. Yo he sido quien te aprobó y realizó el trasplante.
_Entonces te debo un agradecimiento.
Ella forzó una leve sonrisa mientras negaba con su cabeza.
_No necesitas agradecerme por hacer mi trabajo.
El joven se detuvo un momento a observarla,notando el detalle del anillo en su dedo anular. Siendo más fuerte que él, terminó por ceder ante la curiosidad.
_¿Estás casada?
Preguntó, ganándose una mirada desconcertada por parte de ella ante la repentina pregunta. Él señaló con su mirada el anillo, logrando que ella cayera en cuenta de lo que se refería. Asintiendo con su cabeza, le dio una mueca nostálgica mientras evadía su curiosa y atenta mirada.
_Lo estaba.
_¿Se han divorciado?
Ella sonrió de forma amarga, mientras se ponía de pie.
_Ojalá hubiese sido de esa forma. Él falleció.
Sam se había dado cuenta que quizás sus preguntas habían llegado demasiado lejos, aún si incluso no había sido su intención.
_Lo siento mucho. No debí de preguntar eso.
Ella negó rápidamente con su cabeza.
_No te preocupes, no tenías forma de saberlo.
_¿Pasó hace mucho tiempo?
_Hoy ha sido su funeral.-Soltó fríamente, con una pequeña sonrisa.
Él tragó en seco, sorprendido ante la frialdad de su respuesta. Algo le decía que quizás el papel de médica era aquello que le otorgaba el poder de poder apagar sus emociones en ámbitos profesionales.
_Oh.
_Si, lo sé.-Respondió ella ante la sorpresa del joven. -Hoy ha sido un día largo.
_Imagino que así lo fue. -Comentó él con sarcasmo.- ¿No deberías de encontrarte descansando en tu casa?
_Sí, de hecho sí. Pero decidí quedarme para poder ver cómo seguía tu proceso. Debido a que he sido la encargada de la operación he decidido hacerme responsable de tu cuidado.
Lo cierto es que Miranda no mentía. Realmente había pedido estar a cargo del post operatorio de su nuevo paciente, incluso si esto significaba sacrificar horas de descanso que quizás le eran necesarias luego de tan caóticos días. Sin embargo, parte de que ella siguiera exigiéndose a pesar de su duelo transitante, era gracias a que en su mayor parte parecía encontrarse negada a aceptar la pérdida de su marido. Era algo con lo que su cabeza no quería lidiar por el momento, al menos hasta que las cosas se enfriaran.
A pesar de conocer poco y nada al nuevo portante del corazón de su marido, había algo en él que no lograba descifrar del todo. No sabía si acaso era la falta de emociones en su rostro o su extraño comportamiento lo que le provocaba la extraña sensación de que algo iba mal con él. Pero esto no detendría sus intenciones de poder, al menos, cuidar de su nuevo órgano hasta que se recuperase completamente.
_Entonces se podía decir que eres bastante aplicada a tu trabajo. ¿O el buen trato sólo es conmigo?
Miranda sintió el tono algo jocoso con el cuál había soltado aquella pregunta. No obstante, preguntarle algo tan específico la había logrado poner levemente nerviosa, provocando que de sus manos se resbalara la planilla del paciente.
Aclarando su garganta, se inclinó a levantarla rápidamente.
_Sólo me gusta mantener mi mente ocupada. Eso es todo.
Casi huyendo de la habitación tomó sus cosas y se dirigió a la puerta, donde se giró por un momento antes de marcharse.
_Esta tarde te harán los estudios correspondientes para ver cómo tu cuerpo está reaccionando al trasplante. Volveré más tarde.
Sin darle la oportunidad de responder, se marchó del lugar casi huyendo. Respirando hondo, se dirigió hasta la sala de descanso. Sentía que el estrés comenzaba a causarle ciertos síntomas, y por momentos la falta de descanso adecuado se hacía sentir en sus músculos. Decidió que lo mejor que podía hacer era prepararse un café mientras organizaba los papeles administrativos.
Cuando se sentó en la silla con su taza y su bebida, observó como su compañero Robin hacía su aparición. Una pequeña sonrisa simpática intentó dibujarse en su rostro, aunque la morena no tenía las energías para poder devolversela.
_¿Cómo estás, Robin?
_Todo bien por ahora, la mañana ha sido bastante tranquila. ¿Qué hay de ti? ¿Cómo sigue el muchacho?
_Parece ser que su cuerpo está recibiendo bien el órgano nuevo, pero esperaremos a ver los resultados de los estudios de sangre y las radiografías.
_Eso suena como una buena noticia.-Mencionó mientras también se servía una taza de café.
_Esperemos que así sea.
En silencio, se sentó a su lado mientras ambos bebían del café.
_¿Desde hace cuánto estás aquí?.-Preguntó Robin, obteniendo un silencio de su compañera que parecía decirlo todo.- ¿No te has detenido a descansar, Miranda? ¿En serio?
_Estoy bien, no necesito descansar en estos momentos.
_Tus ojeras no parecen decir lo mismo.
Mencionó él, quitándole su taza de café y obteniendo una mirada desconcertada de su parte.
_¡Robin! ¿Qué diablos haces?
_Vete a tu casa a descansar, Miranda.
_ ¡Dame mi café, Robin!
Él no se inmuto, e incluso volcó el líquido de la taza sobre la bacha de la cocina, mientras sentía la mirada furiosa de su compañera.
_No es normal que vayas a un velorio y vuelvas a tu trabajo. Necesitas tomarte el día, estoy seguro de que los jefes no tendrán problemas con ello.
Ella se puso de pie mientras caminaba hacia él hecha una furia.
_¡He dicho que estoy bien! No necesito que decidas como tengo que pasar mi propio duelo.
_Negar lo que está ocurriendo no arreglará las cosas. Ve a casa, toma una ducha caliente y tómate el día. Yo avisaré de tu ausencia.
Dicho esto, tomó la planilla de la joven con la información necesaria para el cuidado del muchacho, y parecía no estar dispuesto a cederla. Ella respiró por su nariz, soltando el aire violentamente mientras sus ojos le miraban fijo. Sabiendo que no sería posible un cambio de opinión de su parte, tomó sus cosas y salió hecha una furia hacia la puerta, no sin antes acercarse hasta quedar a centímetros de su rostro.
_Púdrete.
Escupió violentamente mientras caminaba fuera de la habitación. Sabía que su reacción era desmedida, pero también entendía que el estrés comenzaba a realizar estragos en su poco descansado cerebro. Una vez que salió a la calle, casi como si estuviese aguantando con todas sus fuerzas, comenzó a soltar hileras de lágrimas que parecían no tener intención de detenerse. Como si salir del hospital rompiera con su caja de cristal que le permitía distraerse de su dura y cruda realidad, a la que tenía que afrontarse cada vez que la soledad ahogaba en su pecho.
Caminó hasta su auto mientras limpiaba las lágrimas de sus húmedas mejillas y sorbía su nariz. Una vez dentro del vehículo, se quedó en blanco mientras miraba hacia un punto ciego en la pared de concreto. Sus sentimientos abrumaban su pecho cual incendio, irremediable e irreparable. El dolor de la pérdida provocaba surcos en su espíritu, que sabía que se quedarían allí hasta que finalmente abandonara el plano terrenal. Con fuerza, presionó sus manos contra el volante mientras soltaba un grito ahogado. Sentía rabia, ira, furia del suceso. Le parecía una injusticia que la vida le actuara así, de sorpresa e inesperadamente. No podía evitar imaginarse que su vida hace tan sólo una semana era completamente diferente, y sobre todo, estaba bien.
Su llanto inconsolable fue interrumpido en cuánto presenció al muchacho de cabello n***o que le había hecho una visita a su nuevo paciente. Parecía mirar hacia todos lados, como si estuviese preocupado. Sabía que no era lo correcto, pero la curiosidad tomó las riendas de la situación y lentamente, lo siguió bajo una distancia prudente mientras observaba su comportamiento. Desde que había aparecido atropelladamente en la sala del hospital notaba que algo con ese muchacho no se encontraba completamente bien. No estaba segura si eran los tatuajes que, al igual que su paciente, rodeaban casi todo la piel de su cuerpo, o bien, la simple actitud extraña y evasiva que aquel muchacho tenía con su comportamiento en general lo que le provocaban aquella desconfianza.