Capítulo 5.

1067 Words
El joven abrió sus ojos lentamente, mientras sentía como la anestesia comenzaba a abandonar su cuerpo, haciéndole sentir dolorido. Si bien el malestar era general, destacaba por sobre todo el dolor punzante que presionaba su pecho. Aun acostumbrando sus ojos a la luz blanca de la sala de hospital, soltó un pequeño quejido al sentir el ardor de su herida en cuanto intentó removerse en el lugar. Su mente fue la última en percibir lo que ocurría. El pánico inundó su cuerpo al ver las paredes blancas y su cuerpo postrado en la cama de emergencias, mientras varios cables lo conectaban a máquinas que emitían distintas luces y sonidos. Rápidamente intentó sentarse sobre la cama, mientras soltaba un quejido ante el dolor en su pecho, que se encontraba completamente vendado mientras algunos tubos drenaban la sangre que salía de la herida. _¡Tranquilo! No debes moverte bruscamente, pueden abrirse los puntos de tu herida. Sólo cuando escuchó una voz femenina hablarle, se dio cuenta que no se encontraba sólo en la habitación. Cuando levantó su vista, sus ojos verdes observaron una joven enfermera con su rostro cubierto de preocupación. _¿Herida? ¿De qué hablas? Soltó mientras intentaba posicionarse de alguna manera en la que el dolor no fuese tan invasivo, aunque lo cierto es que le costaba hasta respirar. _Hemos tenido que realizarte un transplante de corazón. Hace tres días que te encontrabas en un coma. Realmente tienes mucha suerte de encontrarte vivo luego de tal accidente. El joven abrió sus ojos con sorpresa al escucharle. _¿Tres días? Ella asintió con su cabeza mientras manipulaba el suero que se encontraba conectado a él por intravenosa. _Así es. Esta es la primera vez que despiertas luego de la operación. Y si bien luces bastante despabilado, tendremos que hacerte algunos estudios y radiografías para poder ver cómo sigue tu proceso. _Eso suena a que tendría que quedarme aquí mucho tiempo. _Bueno, yo no me tomaría a la ligera una operación de corazón abierto.-Respondió irónicamente la enfermera, mientras se dirigía a la puerta.-Enseguida vendrá la doctora Reiss para darte un chequeo. Si necesitas algo, puedes presionar el botón en la pared. Sin darle tiempo a otra pregunta, la joven enfermera se fue de la habitación. Por su parte, Sam aun intentaba procesar todo lo ocurrido desde que había despertado, hacía tan sólo unos minutos atrás. Sus ojos rápidamente viajaron a toda la habitación, intentando buscar algo que le ayudara a salir de allí. Sabía bien que mientras más tiempo pasara allí dentro, más peligraría su vida y su trabajo. Si llegaban a realizar alguna investigación al respecto, sabía que era el fin para él. Necesitaba encontrar la manera de poder escapar de allí, pero no tenía siquiera su ropa consigo. Internamente, se encontraba preguntándose cómo iba a comunicarse con Morgan, su compañero. No le sorprendía que luego de tres días sin noticias de su parte, podría asumir que tranquilamente se encontraba muerto. En un intento desesperado por huir del lugar a pesar de sentirse débil y agotado, decidió sentarse con sus piernas abajo en el borde de la cama. No obstante, en cuanto hizo el intento escuchó como la puerta de la habitación era abierta nuevamente, ahora dejando ver a una mujer con bata médica y unos papeles en sus manos. En cuánto vio aquella escena, corrió rápidamente hacia él con su rostro horrorizado. _¿Estás loco? ¡Te harás daño!-Reprochó ella mientras lo ayudaba a recostarse nuevamente. _Sólo quería ir al baño. Respondió él, con algo de mala gana ante la insistencia de los médicos por su cuidado. _Deberás de llamar a una enfermera en caso de querer hacerlo. No puedes moverte así con total libertad, puedes dañar la herida de tu operación. Él levantó su vista, observando el pequeño cartel que dictaba “Doctora Reiss” en su pecho. Mientras ella parecía revisar las vendas de su herida, Sam aprovechó para observar detenidamente su rostro. Sus ojos color avellana relucían bajo unas rizadas pestañas, a pesar de que su mirada se veía bastante apagada. Unos surcos oscuros y unas ojeras pronunciadas denotaban el agotamiento que parecía tener, aunque a simple vista no lo hiciera notorio. Algunos cabellos desordenados caían por su rostro encontrado en un peinado recogido sin mucho cuidado. _¿Disfrutas de la vista? Saliendo del trance de sus propios pensamientos, el joven se dio cuenta de que quizás se había quedado demasiado tiempo observándole. Sintiendo el calor subir por sus mejillas bajó su cabeza, mientras aclaraba su garganta. _Lo siento. Ella le observó, dejando salir una media sonrisa mientras negaba con su cabeza. _Tranquilo, sólo estaba bromeando.-respondió ella, mientras daba un paso hacia atrás.-Lo que no es broma es tu situación actual. Hemos tenido que operarte de urgencia para un trasplante de corazón, debido a las heridas del accidente, no logramos salvar el tuyo. Por lo que, al menos hasta que tu cuerpo demuestre que no rechace este nuevo, te tendremos bajo una cuidadosa observación. _¿Entonces dentro de mí se encuentra el corazón de otra persona? Ella pareció quedarse pensativa unos segundos, para luego bajar su cabeza mientras asentía. _Sí. Le pertenecía a un donante que perdió su vida.-como si quisiera cambiar rápidamente el tema, suspiró mientras lo miraba nuevamente.- Necesito registrarte en mesa de entrada. ¿Podrías decirme tu nombre? Sam era consciente de que decir su nombre real era demasiado peligroso en esos momentos. Por lo que luego de unos segundos, respondió. _Soy Mike. _De acuerdo.-Asintió ella mientras anotaba en una planilla.- Necesitaré un apellido también, Mike. _No me has dicho tu nombre. Ella pareció sorprenderse del extraño pedido de su paciente. Finalmente señaló el cartel en su bata. _Pensé que ya habías tenido la oportunidad de leerlo. _Ese es tu apellido. Me refería a tu nombre. _¿Por qué te interesaría saber eso? El joven levantó sus hombros con desinterés. _Sólo pensé que sería algo justo. Si bien al principio consideraba su argumento algo bastante dudable, terminó por decírselo resignada ante los intimidantes ojos verdes de su paciente. Ahora que incluso le veía con detenimiento, notaba la cantidad de tatuajes que tenía en su piel. _Soy Miranda. Miranda Reiss. Antes de que pudiesen seguir con la conversación, fueron interrumpidos por alguien que entró bruscamente al dormitorio. El rostro de Sam se iluminó al observar a su mismísimo compañero de pie frente a él.
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