_¿Tienes escrita correctamente la dirección?- Preguntó a su compañero mientras terminaba de acomodar su chaqueta.
Morgan, su compañero, asintió mientras le extendía un papel escrito.
_Sabemos que estará en esa dirección para las siete treinta. Es la ruta hacia su trabajo. Quizás demore unos minutos más o tarde en llegar menos, dependiendo del tráfico. Pero tú tienes que estar allí para las siete.
El joven suspiró mientras movía su cabeza en un asentimiento, guardando el papel en su bolsillo.
_De acuerdo.
Dicho esto tomó su casco y se dirigió a su motocicleta, siendo perseguido por su amigo detrás.
_¿Llevas todo?
_Sí, Morgan. Ya me aseguré tres veces. Y me has preguntado cuatro.
Su amigo asintió ante su respuesta, observando como éste se subía a la motocicleta y girando la llave, encendía el motor.
_Sam.-Le llamó su amigo, provocando que este levantara su mirada.-Ten cuidado e intenta ser lo más rápido posible, ¿de acuerdo?
El nombrado sonrió, rodando sus ojos mientras se abrochaba el casco.
_Como si no me conocieras. En menos de media hora prometo que estaré de vuelta.
Ambos se saludaron antes de que su mejor amigo se adentrara nuevamente en la pequeña guarida temporal que mantenían en la ciudad, compuesta por una habitación en un pequeño edificio en el centro. Debían de mantener su perfil bajo, al menos, hasta que cumplieran con su cometido de ese día.
Sam y Morgan eran dos mejores amigos que habían vivido casi el total de su infancia compartida, al ser vecinos el uno del otro en el pequeño pueblo donde residían. Sin embargo, ambas familias sufrían de varios problemas económicos que provocaron que no fuesen los mejores años para intentar sobrevivir. Ambos aprendieron desde muy pequeños a salir a las calles en busca de obtener algo de dinero durante el día.
Finalmente, luego de largos y duros años ambos recogieron el suficiente dinero de sus ahorros y decidieron mudarse a la gran ciudad, abandonando el pueblo que los vio crecer en busca de mayores-y mejores- oportunidades de vida. Allí, conocieron una banda callejera la cuál los acogió y se encargó de otorgarles un trabajo de buena paga a cambio de resolver pequeños recados por ellos. El único problema con aquella vida, era la falta de legalidad de los asuntos. Si bien al principio ambos jóvenes no se encontraban del todo cómodos con que las cosas se dieran de esa manera, luego de pasado un corto período de tiempo, al ver que su nivel económico empezó a crecer de manera exponencial, se dieron cuenta que el factor moral cada vez tenía menos relevancia en su vida.
Sam llegó hasta el lugar que le había indicado su amigo, estacionando su motocicleta en una pequeña gasolinera y observando atentamente, pues aún faltaban alrededor de diez minutos para que su objetivo pasara por el lugar. No obstante, una vez pasado el tiempo, el joven se dio cuenta que no estaba encontrando la persona que buscaba. O al menos, no lograba reconocer su auto.
Algo frustrado, marcó con su teléfono el número de su amigo, quien contestó enseguida.
_¿Y ahora que sucede? ¿Ya lo tienes?
_No veo al objetivo pasar. ¿Estás seguro de que me diste bien el modelo y color del auto?
_Claro que sí. Se supone que es un wolksvagen n***o. Deberías verlo.
_Bueno, aquí siquiera hay algún auto n***o. No encuentro al tipo en el auto que tú dices.
Su amigo, igual de estresado, le respondió en un tono alterado.
_ ¡Yo qué sé! Búscale entre los autos. Se supone que reconoces su rostro. Intenta localizarlo, pero no te vayas de ahí sin él.
El joven chasqueó su lengua ante la idea poco práctica de su amigo, arrancando su moto y metiéndose entre los autos detenidos por el tráfico para poder buscar a su objetivo, mientras aún sostenía la llamada entrante.
_¿Has podido ver algo?-Preguntó su amigo del otro lado de la línea, impaciente.
Sam dio una mirada panorámica, intentando observar con suma atención los interiores de los vehículos para poder ver si daba con el perfil de aquel hombre. Luego de hacer la mirada pequeña, notó como un hombre dentro de un auto rojo llamó su atención, sobre todo por el parecido con el perfil que buscaba.
_Creo que lo tengo. Déjame acercarme para asegurarme.
De tanta concentración que tuvo para ser sigiloso al acercarse, no notó como un auto venía avanzando en el momento que el cruzaba por el tráfico con su moto. Esto le costó una caída bastante fea, que dejó su bimotor caerse lejos en las afueras de la carretera. Con algo de dificultar logró levantarse y aún algo aturdido atinó a buscar su celular mientras algunas personas intentaban acercarse a ayudarle. Entre vidrios rotos, encuentra finalmente su móvil con apenas unos cuantos rasguños. Incluso notó que el teléfono aún se mantenía en llamada, por lo que acercó nuevamente el artefacto a su oreja.
_¿Sam? ¿Estás ahí? ¿Qué diablos fue ese sonido?
_Estoy bien. Sólo un idiota me ha chocado mientras pasaba.
_¿Te ha visto mucha gente?
En cuanto el joven quiso responder, notó que su caída parecía ser en realidad la gota que rebalsó el vaso en un choque en cadena que venía cual dominó hacia él, iniciado en un principio por un camión a gran velocidad que conducía sin frenos. Esto provocó que impactara on todo el tráfico de la autopista, del cual en ese momento, Sam se encontraba en el medio. Acongojado mientras observaba las filas de autos rodar y destrozarse entre sí, no fue capaz de mover un músculo del medio de la carretera para huir de aquella situación. Como si se hubiera quedado paralizado, sin poder otorgar reacción alguna. De hecho, siquiera había podido responderle a su amigo, que preguntaba del otro lado de la línea si todo estaba en orden luego de oír tal estruendo.
Esta incapacidad del joven de moverse lejos del lugar le costó el terminar encerrado entre dos autos, que lo aplastaron entre su metal y vidrios rotos cual insecto. Aquel fuerte golpe finalmente le hizo perder su consciencia, mientras lo último que veía era su propia sangre regada por doquier y unas cuántas personas gritando desesperadas en busca de ayudarle.