Capítulo 13

940 Words
Sus pasos resonaban por los blanquecinos pasillos a medida que avanzaba por las habitaciones. Ya había pasado la semana que le quedaba de licencia, por lo que ya volvía a encontrarse en ruedo, nuevamente en su trabajo de siempre. Le había tocado un turno bastante temprano, por lo que todavía no había mucha más gente alrededor que ella, la recepcionista, los de limpieza y algún que otro doctor más cumpliendo al igual que ella, el turno de la madrugada. Respirando hondo, abrió la puerta de su oficina, la cual seguía igual que como la había dejado. A pesar de que odiaba admitirlo, aquella semana libre le había servido para descontracturar bastante acerca de todo lo que ocurría en su vida ultimamente, que solía dejar de lado por trabajar, en un intento por distraerse de sus propios pensamientos. A pesar de sentirse como siempre, su rutina había cambiado-bastante- ese último mes. No estaba segura aún si para bien o mal, pero por el momento no tenía quejas al respecto. Ahora no vivía sola; sino que tenía un inquilino haciéndole compañía mientras terminaba de sanar. A cambio, Miranda le proporcionaba todos los cuidados necesarios para su pronta recuperación. A pesar de que habían adquirido cierta confianza mediante la convivencia, no habían vuelto a mencionar el tema sobre aquel beso que se habían dado. Tampoco había vuelto a pasar, por lo que los dos decidieron dejar el acuerdo tácito de casi fingir que no había sucedido. Miranda no sabía bien cómo tomar la presencia del joven. No porque viviese en su hogar ni mucho menos, sino, porque no sabía acostumbrarse aún a su personalidad alrededor. Por más de que en varias ocasiones quisiera tener la idea utópica de encontrarle algún parecido con Ben, mientras pasaban los días notaba que de hecho el joven de rizos color chocolate era la figura opuesta de Ben y su personalidad. Mientras que su difunto marido era alguien sensible y atento, Sam era alguien confrontativo y muy directo con su opinión. Ella misma creía que en cierto punto al muchacho le provocaba algo dejar incómoda a la gente con sus palabras, aunque no estaba del todo segura. Además de notarse lo extrovertido desde lejos, a diferencia de Ben, que era un tanto más ratón de biblioteca; perfil bajo y casi sin llamar la atención, calmo y paciente para todo lo que hacía. Miranda se encontraba sumida en sus propios pensamientos mientras anotaba en su computadora las operaciones y distintos compromisos médicos de la semana. No obstante, fue interrumpida por un golpe en su puerta que la sacó de su propia mente. Levantando su vista notó que se trataba de su compañero de siempre. Con una amplia sonrisa se puso de pie para recibirle con un abrazo. _Buenos días a la doctora más talentosa del hospital.-Acotó él, mientras rodeaba sus brazos alrededor de ella cálidamente. _¡Robin! Qué bueno es verte de nuevo. No sabía que compartíamos turno. Él pareció encontrarse pensativo un momento. Luego, antes de responder, rascó su nuca algo dubitativo. _Bueno, quizás pedí un cambio de turnos para poder verte. Es que hace tiempo no sé nada de ti. Miranda no sabía si aquella confesión le parecía tierna o le espantaba en igual cantidad. Sin embargo, decidió dejarlo en una amplia sonrisa, queriendo pensar que su amigo no tenía otras intenciones más que velar por su bien. _Oh, si. Lo siento. He estado algo distante de todos en general. Creo que necesitaba un tiempo para mi misma y poder pensar mis cosas. Él negó rápidamente con su cabeza. _Tranquila, es comprensible. De todas formas, por más que me gustaría, no he venido a visitarte. La joven inclinó su cabeza hacia un lado mientras fruncía su ceño, sin comprender. _Oh. ¿A qué se debe tu llegada aquí, entonces? ¿Alguna operación de emergencia? Su semblante pareció cambiar poco a poco, mientras negaba nuevamente con su cabeza. _No. De hecho, no tiene que ver particularmente con algo médico.-Miranda se encontraba aún más confundida luego de escucharle. _¿Es otra de tus invitaciones a cenar?-Bromeó la joven, intentando cortar con la extraña tensión que se había formado en el ambiente. No obstante, a Robin no parecía darle gracia el pequeño e inocente chiste. Lucía pensativo, como si no supiese como comenzar su oración. Finalmente, señaló con su pulgar el pasillo a sus espaldas. _La policía se encuentra aquí. Quieren hablar contigo. Miranda sintió como la sangre se le caía hasta los pies. De todas las cosas que imaginaba, no se habría imaginado que era ese el caso. _Oh. Fue lo único que logró salir de sus labios, mientras su mente parecía entrar en pánico. _Quieren interrogarte acerca del muchacho al que operaste del corazón. Estan intentando dar con su paradero.-Mencionó su compañero, con su semblante en una línea recta.-Dicen que está prófugo de la justicia. _¿Quieren interrogarme ahora mismo? Robin asintió levemente. _Sí. Te estan esperando en la sala de descanso. Si bien tardó en reaccionar, terminó poniéndose de pie, mientras sentía sus manos sudar exageradamente. Jamás había tenido que ser interrogada por la policía. Siquiera sabía qué es lo correcto que debía de decir. Respirando hondo e intentando mantener la compostura, fue acompañada por su compañero hasta la sala de descanso que tenían. Allí, tal y como había mencionado Robin, había un policía y un detective esperándola. Al verla ambos se pusieron de pie y le extendieron la mano, saludándola cordialmente. _Señorita Reiss. Es un gusto conocerla. ¿Le molestaría responder unas preguntas para nosotros?-Habló el detective, una vez que todos se encontraban en sus asientos. Miranda respiró hondo, asintiendo con su cabeza.
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