CAPITULO III - FUERA DE LA BURBUJA

800 Words
Pasaron 5 años desde el segundo día final que me tocó vivir, dos veces en mis veintidós años de vida tuve que ver como el mundo que yo conocía se terminaba, y como las personas que mas amaba desaparecían. Esos dos días que viví, me sirvieron para darme cuenta que nunca iba a estar segura, que ninguna burbuja era impenetrable y que la única forma que tenía de sobrevivir era exterminando los peligros. Por eso me convertí en una soldado, recibí un entrenamiento acelerado sobre armas, artes de pelea, y resultó que aprendía bastante rápido, tenía los genes de un gran general después de todo. Trataba de no pensar mucho en él, porque no podía evitar cuando lo hacía, recordar la última vez que lo vi. Deseaba borrar esa imagen de mi mente pero seguía viniendo a mí. Lo último que sabían de mi historia es que fuimos rescatados de Tres Soles, mi hermano, Tomy, un grupo de 10 personas y yo. Tomy, Tiago, un soldado de mi padre que sobrevivió y yo decidimos quedarnos en la base en vez de irnos a otro fuerte, los demás lo hicieron y la paz les duró poco, porque los ataques a los fuertes siguieron, hasta que se tomaron medidas extremas: se minaron todas las cercanías a los muros, que a su vez fueron electrificados. Tanto entrar como salir de cada burbuja era muy peligroso, pero no quedaban más opciones, ante los constantes ataques de ejércitos de zombis. La vida en la base no era nada parecida a mi vida en Tres Soles, no hay amigas, no hay moda, si hay muchos chicos, pero son mis compañeros, no hay tiempo ni ánimos para romances. Éramos un grupo comando de rescate. Básicamente lo que hacíamos era recorrer los fuertes y ciudades que fueron atacadas en búsqueda de sobrevivientes, y también matábamos a cuanto zombi se nos cruzaba en el camino, lo que seria como un bono, porque todos teníamos motivos de sobra para odiar a esos mutantes caníbales. Normalmente nos dividíamos en equipos, para abarcar más lugares. Mi equipo, lo formaban soldados soldados: el líder, Tiago, el soldado de Tres Soles que sobrevivió, era bastante bueno en lo que hacía, y siempre sabía donde estaban los zombis, así que se merecía su puesto. También voy a destacar que era bastante guapo, alto, con unos abdominales tallados, unos ojos verdes y una sonrisa que derretía, supongo que de no ser porque en mi otra vida yo estaba tan enamorada de Lucas me podría haber fijado en él. Estaba en pareja o algo así con Cristina, otra m*****o de mi equipo, era un año mayor que yo, su padre también era militar y decidió entrenarla desde pequeña para que sobreviviera (sabia decisión). Era mi amiga, compartíamos cuarto en la base, a los demás no les caía demasiado bien porque era un poco soberbia, engreída y orgullosa, pero a mi no me molestaba, ya que yo en mi segunda vida también lo había sido. Los otros miembros eran Marcos, un loco que puede conducir cualquier cosa, literalmente. Era el encargado de la logística. Después estaba Simón, el experto en tecnología, que nos ubicaba en el momento y lugar preciso para hacer un rescate. Desarrolló una lente que permite ver a través de casi cualquier superficie cuantas personas vivas y cuantas no vivas había en una habitación; lo cual era muy útil para eliminar objetivos detrás de una pared, por ejemplo. Los últimos, pero no menos importantes eran Miguel, uno de los mejores francotiradores que quedaban vivos y Ángel, un experto en artes marciales. Yo era bastante buena en lo que hacía. Puntería perfecta, mucha rapidez con las manos y los pies. Mis armas favoritas eran dos espadas curvas que utilizaba para decapitar c*******s andantes cuando disparar no era una opción muy viable. El líder de la base, un amigo de la infancia de mi padre, el Teniente Teo Blue, era un hombre muy comprensivo, que siempre sabía como darnos aliento, lo cual era algo muy difícil, ya que casi todos los días estábamos enterrando amigos. El se encargaba de mantener las comunicaciones con las bases en los fuertes para saber como iba todo, así podíamos intervenir cuando fueran atacados. Tomy lo ayudaba, mi hermanito resultó ser un genio de las computadoras, y tuvo algunas ideas de monitoreo bastante brillantes. Nuestra vida consistía en esperar algún llamado de auxilio, o si no en exploraciones en ciudades abandonadas en busca de sobrevivientes o de cualquier cosa que pudiera ser útil. No aspirábamos a un mundo mejor ni nada parecido, solo vivíamos el momento, esperando que cuando nos llegue la hora, un compañero estuviera lo suficientemente cerca como para volarnos la cabeza antes de ser devorados por los zombis. Claro, no sabíamos que todo eso estaba a punto de cambiar.
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