—¿Acaso no ves que actúa como si no hubiéramos perdido a nuestro hijo? —digo con seriedad y el ceño fruncido— No está actuando como es debido, la solución no es actuar como si nada hubiera sucedido, o hacer otro hijo para remplazar el anterior.
—No todas las personas afrontan su duelo de la misma manera, hijo mío, tienes que empezar a ver los pequeños detalles, tal vez a ella le hace falta tener otro bebé para olvidarse que perdió el primero, o quizá solo quiere reavivar la llama de su matrimonio y sabe que deseas un hijo, por eso de sus actitudes —explica tratando de hacerme entrar en razón.
La dejo hablando sola y salgo prácticamente corriendo de la habitación, mientras la escucho repitiendo mi nombre junto al repiqueteo de sus tacones en el suelo.
Me meto al auto y cuando estoy retrocediendo para emprender mi camino la veo parada en el umbral de la puerta principal, con mi esposa a su lado tomando su hombro. No me encuentro preparado mentalmente para tener una discusión sobre ese tema, por lo que huir me parece de las mejores alternativas hasta el momento.
...
Puse en el camino un poco de música clásica para evitar el estrés del tráfico matutino, al llegar a la oficina me dejé caer en mi silla y empecé a pensar en lo mismo que cada día me pasa por la mente. Me gusta dedicar tiempo a imaginar como sería el rostro de mi hijo, si se parecería en algo a mí o si tal vez sería igual a su madre.
Tomo el teléfono y llamo a mi asistente, para pedirle que me traiga un café cargado, ya que no alcancé a tomar uno antes de salir. Pero el teléfono suena una y otra vez sin éxito.
Comienza a extrañarme cuando espero varios minutos y vuelve a repetirse la misma situación. Didiane no es el tipo de mujer que está despistada en el trabajo. Es más, apenas paso, el pasillo se acerca a mí con ese gesto amable que siempre lleva y se ofrece para saber si necesito algo, llegué tan inmerso en mis problemas que no pude darme cuenta de que ella en ningún momento se acercó a mí.
Salgo de la oficina y me encuentro en el pasillo a Marianne, la secretaria de mi hermano mayor que se encuentra al teléfono. Me hace un gesto para que espere un momento y le presiono el interruptor del teléfono para cortar la llamada, ganándome por supuesto su gesto de desagrado.
—¿En dónde se encuentra Didiane? —pregunto sin ni siquiera darle los buenos días.
—Buenos días para usted también señor, su asistente no ha llegado y creo haber escuchado que llamó avisando que no va a poder asistir el día de hoy —se limita a responder.
¿No podrá asistir? Avisa un día antes que no podrá asistir y soy el último en enterarse, no puedo comprender por qué los empleados de esta empresa creen que se pueden mandar solos. Esta chica Marianne es la peor de todas, si no fuera porque mi hermano tiene una aventura con ella, en estos momentos estaría en la calle, es una mujer desagradable y cree que puede hablarle a sus jefes como le viene en gana.
—¿Cuál es la razón por la que no puede asistir? —pregunto con molestia y frunzo el ceño.
—¿Cree que no tengo cosas mejores que hacer que saber por qué su asistente no viene al trabajo? —me responde en un tono altanero.
—Pienso que se te está olvidando tu lugar, puedes ser la zorra de mi hermano, pero vuelve a responderme de esa manera y tendrás mañana tu liquidación —me cruzo de brazos furioso— Ahora hace tu trabajo y me averiguas porque no va a venir a trabajar y también me consigues sus datos personales, dirección incluido.
Me doy la vuelta para irme cuando la escucho suspirar y me detengo en seco, no hay nada más satisfactorio que tengan que hacer lo que le dices a las personas.
—Me lo llevas a la oficina cuando lo tengas, junto con un café bien cargado —le guiño el ojo.
Ni loco me tomaría un café que esa mujer vengativa me lleve, podría contener cualquier tipo de sustancia y no correré el riesgo. Solamente quiero que me lleve el café para que tenga que pasar más trabajo y complacerme en lo que le pido.
Luego de varios minutos de espera en los cuales me dedique a hacer figuras de origami, entró sin siquiera tocar a la puerta, colocó sobre mi escritorio un vaso de café y una planilla con la información que le solicité. De la misma manera que entró sin siquiera decirme ni una palabra se fue, lo cual hizo que mi enojo creciera, esto no estaría sucediendo si mi asistente no hubiera faltado.
Reviso la planilla y me encuentro con su número telefónico; sin embargo, me gustó más la idea de ir a su casa personalmente. Me gusta agarrar a las personas infraganti y descubrir en que están metidas, porque por teléfono cualquiera es bueno diciendo mentiras o excusas.
Conduje al lugar recóndito donde vive, un edificio de clase media que está lleno de personas que cuando ven a un hombre con traje lo tratan con suma amabilidad. El portero me dejó pasar sin preguntarme a que departamento me dirigía, estuve a punto de entrar a un elevador que a simple vista se veía que podría colapsar en cualquier momento y terminé optando por subir las escaleras.
El tercer piso, me detuve frente a la puerta con su número y golpeé. Me di la vuelta mirando a la puerta de en frente para darle un poco más de suspenso a la situación, hasta que sentí la puerta abrirse.
No es que en algún momento de mi vida le haya prestado gran importancia a mi secretaria, una mujer sencilla, de estatura media, ojos café con gafas que jamás se quita y cabello castaño oscuro.
Claro que ahora lo que en estos momentos me llamaba la atención eran dos cosas, en que momento mi secretaria había dado a luz un bebé y las ojeras prominentes bajo sus ojos que ciertamente le sentaban fatal.
Se quedó mirándome perpleja, como si esperara que fuera cualquier persona menos yo, su jefe frente a sus ojos y con lo que seguro debe ser una cara poco amigable.
—Dado que nadie supo darme respuesta de tu ausencia, tuve que venir personalmente a ver porque mi asistente no apareció —me quejé de brazos cruzados.
—Sepa disculparme señor Mael, esto fue un imprevisto y no pude hacer nada al respecto —trató de justificarse con un gesto de súplica y el bebé que lleva en los brazos comienza a llorar de nuevo— Puede entrar por favor.
No me dio tiempo de negarme, tan solo dejó la puerta abierta y empezó a caminar meneando su cuerpo para calmar el llanto del bebé. Pasé y no me encontré con una escena muy agradable, esta casa esta vuelta un verdadero caos.
En la sala aún está la mesa puesta, ropa sobre las sillas y algunas cosas en un bolso que parecía que se iba de viaje o llegaba de uno.
—Disculpe, pero no sabía que usted era madre —confieso mirando como voltea medio rostro nerviosa— No quiero parecer entrometido la verdad, pero desde que está en la empresa no la vi en ningún momento embarazada y me da curiosidad.
—Parece que está muy al pendiente de la vida de sus empleados —empieza a sacar ropa de las sillas y me acerca una— Sepa disculparme el desorden, no esperaba visitas y en respuesta a su pregunta, no tuve un hijo, lo adopté.
Nunca fui un hombre entrometido, pero por alguna extraña razón esta mujer me causa una curiosidad extraña y quiero hacer preguntas que sé que no debería hacer.
—¿No puede tener hijos? —sale de mis labios de forma repentina.
La mujer se acerca a mí con una mirada de desdén, me analiza de pies a cabeza y me coloca el bebé en los brazos. La boca me queda seca, porque en realidad soñé con sostener de estas maneras a mi hijo y no una pequeña criatura que acabo de conocer.
—Cuídelo un momento, voy a preparar su leche —dice revisando en el bolso de antes.
Ahora mirando de reojo y a más detalle el bolso puedo darme cuenta de que la ropa que se encuentra dentro es de bebé, que todo lo que está allí probablemente son cosas que le trajeron momentáneamente. Lo cual me lleva nuevamente a la curiosidad de, ¿Si adoptó a este niño no debería haber tenido todo preparado? Suena verdaderamente sospechoso, pero no soy nadie para juzgar.
El bebé deja de llorar en mis brazos, me mira con sus hermosos y grandes ojos. Siento mi pecho oprimirse, ¿Por qué me siento de estas maneras? No lo entiendo, su aroma me parece tan cálido, tan delicioso y acogedor.
Seguramente debo de estar delirando, la ausencia, la perdida de mi hijo debe de estar haciendo en mí estragos, debo de ser un loco por ver a este niño de una manera tan familiar. Tal vez es su cabello pelirrojo, que me recuerda al de Arian, mi esposa, me lleva a imaginar que tal vez nuestro hijo podría tener su cabello y por eso la familiaridad.