Capítulo 8 "La esposa del CEO"

1840 Words
Me serví un vaso de Whisky, ni siquiera le di tiempo a los cubos de hielo a derretirse cuando me lo bebí de un solo trago y me quemó las entrañas. Pretendía beber otro trago antes de llamar a Didiane y comenzar con la planificación de la aburrida agenda, esto antes de que mi queridísima esposa pasara por la puerta principal. Vi a Didiane pálida detrás de ella, como si ella hubiera tratado de impedirle el paso, nadie podría impedirle el paso y eso lo sé por experiencia propia. Es una mujer con un temperamento especial, por no decir que puede entrar a la perfección en el papel de bruja de cuento de hadas. —Lo lamento mucho, señor Mael —bajó la mirada— No pude decirle a la señorita que debía de esperar a ser comunicada. —No necesito ser comunicada —se da la vuelta y la escanea— Soy su esposa, ¿Sabes lo que eso significa? Puedo entrar a este lugar cuando me venga en gana. —No te preocupes Didiane —la miro fijo a los ojos y ella suelta un suspiro— Puedes retirarte, en cuanto a ti, ¿Dejaste los modales en la cama? No quiero que vuelvas a dirigirte de esa manera a mis empleados. Cerró la puerta casi en la cara de la chica que apenas planeaba retirarse, se volteó y caminó con su elegancia hacia mi escritorio. Apoyo una de sus piernas en el borde del escritorio permitiéndose sentarse y mientras miraba todo sobre él esbozó una media sonrisa. —Sabes cuanto me desagrada que defiendas a tus empleados, mucho más si son mujeres ¿Entiendes que les creas otro tipo de expectativas? —me pregunta y se inclina para tocar mi barbilla— Lo lamento mucho señor Mael. Repitió aquellas palabras imitando la voz de Didiane, se veía furiosa y celosa, como si yo fuera el tipo de hombre que va morboseando a sus empleadas. Jamás desde que tomé el cargo de CEO de la empresa me metí con una de mis empleadas, me parece fuera de lugar, no es correcto en un buen empresario tal cosa. —Te desconozco, ¿Celos a estas alturas? Lo tienes todo Arian, ¿Qué más quieres para dejarme en paz? —pregunto en un tono irritado. Escucho que se mueve y abro los ojos, observo como camina alrededor del escritorio. Se sitúa detrás de mí, acerca sus labios voluptuosos de un rojo mate a mi oreja, me da una leve mordida que hace un escalofrío recorrer por todo mi cuerpo y me susurra. —Quiero que me hagas el amor como antes, quiero que vuelvas a hacerme sentir mujer —suelta en ese tono sexy que sabe a la perfección que me desarma— Veo que te sigo provocando lo mismo. Camina nuevamente por la oficina, se aproxima a la puerta de entrada y le pone el seguro, se asegura de que las persianas estén bien cerradas antes de regresar hasta mí. Mientras camina como si estuviera en una pasarela le hago un escaneo visual. Sus muslos firmes que se ven provocativos a causa de los tacones altos que tiene puestos y subiendo logro ver que comienza a quitarse la gabardina larga color beige que trae puesta. Una jodida bomba de tiempo, una a punto de explotar cuando me doy cuenta de que no lleva ropa debajo, tan solo lencería y una demasiado sexy. —No pienso dejarte en paz Mael —tira todo lo que está encima del escritorio, excepto la computadora y se sube. La observo colocar un de sus zapatos sobre la silla giratoria en la cual estoy sentado, me toma por la corbata mientras la observo y con una sonrisa traviesa se abre de piernas. —Al menos no hasta que me des lo que quiero —tras sus palabras me besa bruscamente. Subió encima de mí y allí terminó mi autocontrol, mis manos recorrieron su cuerpo suave. En cuestión de minutos sentía que necesitaba tenerla, pero no de una manera romántica, sino que parecía como si una bestia se hubiera apoderado de mí. Mi lengua recorrió su cuello mientras la tomaba por las nalgas, ella soltó un gemido de alivio, como si aquello fuera lo que estaba esperando de mi parte. —¿Esto es lo que quieres Arian? —murmuré rabioso. —S-Sí —tartamudeo. La coloqué en el piso, ella se pasó con sus piernas un poco temblorosas, la hice voltear de manera brusca y la empujé por la espalda, obligándola a poner sus pechos pegados al escritorio. Me bajé el pantalón y luego un poco el bóxer, no le di tiempo a que reaccionara, tan solo rompí aquella lencería, se la arranqué de un solo tirón. —¿¡Acaso enloqueciste!? —preguntó tratando de ponerse de pie. Volví a colocar mi mano en su espalda, la obligué a mantenerse en esa posición y no es porque tuviera alguna intención de tener sexo con ella. Quería asustarla, quitarle aquella estúpida idea de que podría provocarme, porque esas no son las maneras en las que se hacen las cosas, no había pasado tiempo suficiente para olvidar lo sucedido y ella esperaba que le hiciera otro hijo como si pudiéramos reemplazarlo. Le quitaría todas ganas de volver a tocarme o provocarme hasta que pase un buen tiempo, si no muere antes nuestro matrimonio. Hice una coleta con su cabello y lo sostuve con fuerza hasta que la escuché soltar un jadeo que fue de dolor, empezó a extender sus manos hacia atrás mientras se quejaba. —Dejó de ser gracioso Mael, suéltame —chilló furiosa. —¿No querías hacer el amor? Vamos a hacerlo —me acerco a su oreja aprovechando la oportunidad para rozar mi m*****o contra su entrepierna— ¿Acaso no notas como me tienes? —No Mael, no es como quiero que sea —lloriqueó— Mejor suéltame. Le di la vuelta tomándola por ambos brazos, nuestras miradas chocaron por momento y pude ver el miedo que se había apoderado de su rostro. La lancé sobre la silla, me subí el bóxer y luego los pantalones. Fui hasta donde había dejado caer su gabardina, se la lancé y enseguida que terminó de vestirse volví a tomarla del brazo para arrastrarla fuera de la oficina. —No vuelvas a aparecer por aquí, deja de hacerme perder el tiempo, ocúpate de comprar ropa y gastar dinero, después de todo para eso si eres buena —gruñí y abrí la puerta. —Mael, espera un momento —susurró. No le di tiempo de decir ni una sola palabra, la lancé fuera de la oficina, todos los empleados nos miraron, todos menos Didiane que estaba con la vista fija en su computadora como si nada estuviera sucediendo y aquello me causó incluso más curiosidad de ella. Es el tipo de mujer que no se mete en la vida de otras personas, parece que nada le llama la atención o que no siente curiosidad por nada de lo que la rodea. Siempre está enfocada en ella y metida en sus problemas que al parecer son muchos. Regresé adentro cuando vi a Arian irse furiosa en dirección al ascensor, una vez sentado sobre la silla me cuestione si habré sido demasiado severo, pero fui interrumpido por un golpe en la puerta. —Adelante —me limité a responder y vi casi enseguida el rostro de Didiane asomarse. Quizá no fue tan buena idea mi intento por asustar a mi esposa, luego de haberme quedado con esa erección me vienen pensamientos completamente fuera de lugar. ¿Qué clase de cuerpo se esconderá debajo de esa ropa de señora de edad? Ese tipo de preguntas que un jefe no debería de preguntarse, pero que no puedo evitar tener curiosidad. —Disculpe, señor, quería venir a avisarle antes, pero no quise interrumpir —bajó la mirada y pegó la agenda a su pecho. —Dígame ¿Cuál es el inconveniente? —pregunté mientras comenzaba a levantar cosas del suelo que estaban a mi alcance. —Hay una reunión en media hora, vendrá un inversionista importante. Hasta yo logré escuchar en medio de ese silencio su saliva pasar, como si le costara, quizá de los nervios está con la boca completamente seca. Debería de sentirme igual, porque es muy poco tiempo para organizar algo de lo que no tengo la menor idea de que trata. —¿Cuál es la ocasión? —pregunté asomando mis ojos por encima del escritorio mientras intentaba alcanzar un portalápices. —Teníamos un desfile privado, solamente para ese comprador y es de los mejores distribuidores de la línea —suelta un suspiro audible. —¿Los diseños fueron escogidos y enviados a confeccionar? —pregunto acomodándome en mi silla y poniendo una postura seria. —Sí, señor, usted mismo escogió los diseños con ayuda de Gregorio —se aproxima de forma rápida y levanta una capeta del suelo— Tenemos un problema aun, uno muy preocupante. —¿Cuál? —pregunto frotando mi entrecejo. —No contamos con ninguna modelo que suba a la pasarela y enseñe los diseños —dijo en un hilo de voz. —Ese no será un problema, usted lo hará —suelto decidido. En mi defensa no era solamente porque estuviera interesado en verla en ropa interior, sino que no podría confiarle a alguien más ese trabajo y conseguir en media hora una modelo, es algo que no se logra fácilmente, la reunión terminaría retrasándose. No puedo permitirme perder un buen comprador y después de todo en parte es su culpa, fui demasiado generoso al no descontar su día de trabajo, ahora necesito que lo compense de alguna manera. —N-No p-p-puedo hacer tal cosa, señor —dijo en un tartamudeo evidente. —Didiane, no estoy preguntándole si puede, debe hacerlo porque si usted hubiera estado en su puesto de trabajo ayer, hoy tendríamos esa modelo o varias modelos aquí —me quejo mirando sus ojos cristalizados— ¿Prefiere trabajar varios años sin ver ni un solo centavo? Es uno de los mejores distribuidores, usted misma lo dijo, recuperar una perdida como esa no es una tarea fácil. —¿No puede hacerlo alguien más? —pregunta en un tono suplicante. —¿Le parece bien que alguien más deba de suplir su trabajo? Lo lamento, necesito que haga su trabajo y sea la suplente de modelo, ahora mismo subiremos al área de fiestas —me pongo de pie. —Sí, señor —dijo con resignación. —Llama a alguien del personal de confección y que lleve los modelos de ropa interior —me paro en medio de mis empleados. Observo cuál de las secretarias lleva un buen maquillaje y veo la chica que está en frente al escritorio de Didiane, me aproximo a ella para verla más de cerca. Se pone nerviosa, lo noto en la manera que se mueve en la silla sin decir una palabra y sonrió al ver que es perfecta para lo que busco.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD