"—No tantas, mi hermana siempre me contaba que mis sobrinos si despertaban muchas veces y casi no la dejaban dormir en la noche. Pero él duerme bastante, solo llora cuando tiene hambre y cuando necesita que le cambien su pañal; sin embargo, igual lo controlo."
"—Se nota que serás una gran madre, me da mucho gusto por ese pequeño, tuvo mucha suerte y me da gusto que aceptara ponerle el nombre. Intentaré dormir un poco antes de ir a la oficina, nos vemos."
Mientras Seth dormía ya tranquilo tomé el libro que descansaba sobre mi mesa de noches, ya llevaba varios días sin poder avanzar mi lectura y me pareció un buen momento para transportarme de una realidad a otra. ¿Quedarse dormida con el libro en mano es algo normal en las madres primerizas o en general? La verdad ni siquiera me di cuenta cuando volví a quedarme dormida, solamente sé que escuché como golpeaban la puerta y me senté sobresaltada.
Al levantarme vi a Seth con la manta en la boca y sus ojitos abiertos mirando todo a su alrededor, no podría saber cuanto tiempo llevaba así, pero es un verdadero ángel por permitirme dormir un poco más. Cuando abrí la puerta encontré a Rogelio apoyado en la puerta, desprendía un horrible olor a alcohol y volteé el rostro para evitar respirarlo.
—Voy a darme una ducha en un momento, quise venir a despertarte antes, tienes que trabajar y también te preparé el desayuno —me dijo en un tono suave antes de darse la vuelta.
Su cambio repentino me llevó a pensar que quizá se trataba de que tuvo tiempo durante la noche para reflexionar respecto a mis palabras, pero luego se detuvo tras sus primeros pasos y volteo medio rostro con seriedad.
—Voy a pasar las próximas dos semanas en la casa de un compañero del trabajo, hablé con él esta mañana y estuvo de acuerdo —pone sus manos en los bolsillos— Esto mientras decides que vas a hacer, creo más conveniente que no sigamos compartiendo el apartamento, sobre todo ahora que tienes una criatura la cual cuidar.
Quizás si había tenido tiempo suficiente durante la noche para reflexionar y eso lo llevo a tomar esa decisión ¿Por qué me causaba tristeza si al final era mi decisión?
No quería que terminara de esta manera nuestro matrimonio, pero tampoco quería seguir teniendo al lado a una persona que le terminaba molestando lo que a mí me hacía feliz, era lo mejor para ambos ¿Verdad?
Me metí a darme una ducha rápida y con rápida me refiero a que tuve tan solo cinco minutos para todo antes de que Seth volviera a llorar nuevamente. Tampoco me quedaba mucho tiempo antes de tener que salir para el trabajo, me coloqué mi ropa habitual, ropa de una mujer anticuada y tomé el bebé en brazos.
Esto a final de cuentas terminaría tomando por sorpresa a todo el equipo, no sabía como me terminaría zafando sobre las preguntas recurrentes. ¿En qué momento había tomado la decisión de adoptar? ¿En qué momento hice trámites? ¿Qué me pidieron? Preguntas de mujeres que están interesadas en saberlo todo sobre la vida ajena y que seguramente se encargarán de que toda la empresa lo sepa.
Un taxi nos llevó hasta la empresa, al llegar me paré frente al edificio con el bolso de Seth y él en brazos. Contemplé varios minutos el edificio y nuevamente se apoderaron de mí los nervios, me mordí la piel de mis labios, una mala costumbre ante el nerviosismo.
Entré resignada, pero para mi sorpresa al pasar la puerta principal me encontré al CEO, de brazos cruzados tan serio que me sobresaltó. Al verme una sonrisa se asomó en sus labios, se quitó las gafas de sol como si estuviera dentro de un comercial y las puso en su bolsillo.
Se aproximó a mí y sin siquiera saludarme, miró al pequeño, lo observó con plena dedicación para luego rozar su pomposa mejilla con uno de sus dedos.
—Es bueno volver a verte pequeño —susurró dulcemente— Buenos días, señorita Didiane, la esperaba.
—Buenos días, no se hubiera molestado, es un hombre demasiado ocupado —digo en un tono que sin darme cuenta suena burlesco.
—Déjeme decirle que, aunque soy un hombre ocupado como dice, los empleados siguen mis órdenes —frunce el ceño y deja escapar una risa cuando me ve pasmada— La única razón por la que la espero es para acompañarla a la sala donde lo dejará, quiero hablar con el personal, para que estén seguros de que tienes el permiso.
—Muchas gracias, señor —me limito a responder con las mejillas amanzanadas.
Subimos al ascensor hasta el segundo piso donde pude ver que había una gran sala, la verdad no tenía idea la cantidad de madres que dejaban ahí a sus hijos y pude darme cuenta de que también se encargaban de los niños un montón de personas. Aquello me dejó tranquila, porque quería decir que Seth estaría en buenas manos y que no tendría que esperar para ser bien atendido.
Al entrar el personal dejó de hacer todo en lo que estaban, se formó un gran silencio y miraron al CEO. Pude darme cuenta del respeto con el cual lo hacía y pude comprender un poco mejor por qué siempre está tan serio, es una manera de que lo respeten como es debido.
—Buenos días a todos, quiero hacer un comunicado, a partir del día de hoy se integra al grupo este pequeño —apoya su mano sobre la manta de Seth— Espero de todos ustedes el mismo trato que se le da a cada uno de los pequeños de este sector.
—Sí, señor —respondió la multitud.
—Stella —llamó a una de las mujeres de la multitud que se aproximó a nosotros con la mirada cabizbaja— Quiero que tú personalmente te hagas cargo de él.
Crucé miradas por primera vez con la mujer que solo sonrió de labios cerrados, como si luego de ver a Seth entendiera algo, como si hubiera comprendido por qué la eligió a ella. No dije ni una sola palabra, tan solo le entregué al bebé y le entregué sus cosas.
—Bueno, ya que lo dejas en buenas manos andando, tenemos mucho trabajo atrasado —dice comenzando a caminar.
Le di un pequeño beso en la frente a Seth y luego apresuré el paso para alcanzarlo al elevador. Al subirnos al elevador el silencio se volvió un poco incómodo, él me miraba como si quisiera preguntarme algo, pero su boca no se habría y comenzaba a sentirme cada vez más incómoda.
—¿Hay algo que quiera decirme? —me atrevo a preguntar con la voz un poco temblorosa— Es decir, parece que quisiera.
—¿Tan obvio me veo? —pregunta entre risas y niega— No bueno, en realidad me gustaría preguntarle.
—Adelante —respondo expectante.
—¿Cómo siguen las cosas con su marido? Es decir, no quiero parecer entrometido, solamente que se veía realmente molesto —colocó las manos en sus bolsillos mientras miraba al techo un poco incómodo.
—Vamos a divorciarnos —me limito a responder.
Le agradezco a la vida que las puertas del ascensor se abrieran, fue la interrupción perfecta para que el tema de conversación terminara allí. No necesito ser tan cercana para darme cuenta de que es un hombre curioso, tan curioso que seguro detrás de esa pregunta vendría otra y al final, al final terminaría interrogándome.
Termina siendo de lo más extraño tener una conversación sobre tu vida personal con tu jefe, pero no hay manera de negarse si pregunta. Es tu trabajo y cualquier cosa que digas puede terminar por mezclarse, no quiero terminar siendo despedida.
Todos giraron la cabeza a mirarnos cuando bajamos juntos del elevador, me apresuré como un ratón cuando pasa como un rayo a hurtadillas. Me fui directo a mi escritorio, el silencio a su paso fue abrumador y bajé la mirada cuando me miró.
En cuanto la puerta a su oficina se cerró, dejé escapar el aire y se acercó una de mis colegas rápidamente, sabía que detrás de ello vendría una bomba de preguntas.
—¿¡Por qué venías en el mismo elevador!? —pregunta en susurro pero casi entre chillidos.
—Tal vez porque trabajamos en el mismo piso —murmuro fingiendo revisar la agenda.
—¿Nada más fue eso? —apoya la mano sobre la agenda, obligándome a levantar la vista.
—¿Qué más podría ser? —rodeo los ojos y ella se quita con decepción.
—A veces se me olvida el nivel de mujer aburrida que eres, ¿No te parece jodidamente guapo? —me pregunta apoyando ambos brazos sobre el escritorio y su rostro sobre sus manos.
—Realmente no puedo ver a mi jefe de esa manera —miento.
La peor de las mentiras que he dicho, desde la primera vez que lo vi me impactó su porte arrogante, se ve como uno de esos hombres sacados de una revista. Con esa barba perfilada de candado y su cabello bien arreglado, además de que se le nota que hace ejercicio.
Es la única explicación que encuentro para su físico perfecto y es alto, la altura perfecta con el porte perfecto. El tipo de hombre inalcanzable que siempre consigue todo lo que desea, lo que me hace preguntarme sobre su esposa. Desde que llegué a la empresa no tuve el placer de verla ni una sola vez y me hace preguntarme como será la mujer perfecta, para el hombre perfecto.
Me saca de mis pensamientos mi compañera, cuando sale disparada hacia su escritorio enseguida que el ascensor se abre y una mujer deslumbrante camina fuera. Sube sus lentes de sol a su cabeza, me quedo pasmada viendo su perfecto rostro, ojos verdes deslumbrantes y una cabellera pelirroja que me confunde, no sé si se trata de su color natural.