Escena 1 – La sala privada del Hotel Diamante Azul Perla entró a la sala ejecutiva donde Gabriel esperaba solo, de pie, mirando hacia la ventana con las manos en los bolsillos. Vestía impecable, como siempre. Camisa blanca remangada, pantalón oscuro. Pero esta vez, no era el magnate inquebrantable: era un hombre atrapado en un recuerdo que le respiraba de frente. —¿Por qué no me dijiste que eras tú? —rompió el silencio con voz grave, sin mirarla. —Porque no era relevante. Vine a trabajar, no a revivir lo que ya no existe —dijo Perla, firme, sin quitarse los lentes de sol. Él se giró. Sus miradas se cruzaron como cuchillas. —¿Eso piensas? ¿Que no existe? —Lo sé. Gabriel dio un paso hacia ella. —Te fuiste sin decir nada. Me robaste el aire y lo llamaste libertad. —Tú me robaste el a

