--- El penthouse olĂa a jazmĂn. Perla acababa de salir del baño envuelta en una bata de seda blanca, la piel aĂşn perlada por el vapor. Elena le habĂa dejado un jugo de naranja fresco en la mesita. Marcos, como siempre, estaba apostado junto a la ventana, con su celular en mano y una mirada que lo analizaba todo. —¿Dormiste algo? —preguntĂł Ă©l, sin mirarla directamente. —Lo intento. Aunque dormir sabiendo que cualquiera puede estar al otro lado de la puerta… no es precisamente relajante. Marcos se acercĂł al intercomunicador, revisĂł la cámara del pasillo y gruñó: —Instalaron personal nuevo de mantenimiento. Demasiado cerca del área privada. —¿Nuevo? ÂżQuiĂ©n lo autorizĂł? —No figura en los reportes. Voy a bajar a revisar. —¿Quieres que baje contigo? —No, Perla. QuĂ©date. Si algo pasa,

